Justo en el centro del valle de Boí, entre pueblos célebres en todo el mundo por sus iglesias románicas distinguidas como patrimonio de la humanidad, emerge una montaña modesta pero con protagonismo indiscutible: la Roca de la Feixa. Situada en medio de todos los pueblos del valle, es una de sus montañas más visibles de la zona, a pesar de su altura muy moderada en comparación con las grandes cimas que lo rodean. La Roca de la Feixa separa los valles de Durro y del Riu de l’Ermita, donde se asientan Boí y Taüll, y se alza frente de Barruera y Erill, por lo que domina prácticamente todos los campanarios lombardos del valle. Se trata de un masivo domo boscoso, rodeado de los extensos pastos característicos del sector meridional del valle y con afloramientos rocosos en su cúpula somital que, afortunadamente, permanece despejada, lo que permite gozar de una de las mejores panorámicas, si no la mejor, de todo el valle de Boí. Un corto y sencillo paseo es todo lo que nos separa de este soberbio balcón sobre uno de los rincones más bonitos de la cordillera pirenaica.
Justo en el centro del valle de Boí, entre pueblos célebres en todo el mundo por sus iglesias románicas distinguidas como patrimonio de la humanidad, emerge una montaña modesta pero con protagonismo indiscutible: la Roca de la Feixa. Situada en medio de todos los pueblos del valle, es una de sus montañas más visibles de la zona, a pesar de su altura muy moderada en comparación con las grandes cimas que lo rodean. La Roca de la Feixa separa los valles de Durro y del Riu de l’Ermita, donde se asientan Boí y Taüll, y se alza frente de Barruera y Erill, por lo que domina prácticamente todos los campanarios lombardos del valle. Se trata de un masivo domo boscoso, rodeado de los extensos pastos característicos del sector meridional del valle y con afloramientos rocosos en su cúpula somital que, afortunadamente, permanece despejada, lo que permite gozar de una de las mejores panorámicas, si no la mejor, de todo el valle de Boí. Un corto y sencillo paseo es todo lo que nos separa de este soberbio balcón sobre uno de los rincones más bonitos de la cordillera pirenaica.
