La gran muralla catalana

Vulturó (2.649 m), Puig de les Gralleres (2.613 m), Pujolar de Roca Grossa (2.614 m) y Torreta del Cadí (2.562 m) por el Coll de Jovell

La cara norte del Cadí desde el Roc Beneïdor

El Cadí es extremadamente disimétrico: mientras que su cara sur es una inmensa pala de matorral y pedreras, su cara norte es un sobrecogedor acantilado completamente vertical, surcado de espolones, torreones y canales que se desploman sobre los frondosos bosques del Baridà. Curiosamente, la parte alta de la montaña es un extenso y allanado lomo de hierba y piedra, sin grandes desniveles ni cumbres muy individualizadas, en marcado contraste con las dos vertientes que lo delimitan. Por ello, el Cadí recuerda a una colosal ola petrificada: irguiéndose poco a poco por el sur, llana en su cresta, y precipitándose abruptamente por el norte. La visión invernal de su vertiente septentrional es de las que cuestan de olvidar.

La cara sur del Cadí desde el Cogulló de Turp

Pocas sierras hay en todo el Pirineo tan míticas como el Cadí. A caballo entre el Alt Urgell, la Cerdanya y el Berguedà, esta monumental muralla emerge con fuerza separando el profundo valle del Segre, al norte, del laberinto de peñas calizas del Prepirineo Oriental, que quedan empequeñecidas ante semejante mole. Por su ubicación, apartada del eje axial de la cordillera, forma parte del Prepirineo, siendo su segundo macizo más alto tras el Cotiella (aunque algunos le conceden el primer puesto, al considerar al Cotiella como parte del Pirineo propiamente dicho). Como consecuencia de su aislamiento orográfico, su prominencia es muy elevada, siendo la séptima montaña más prominente de Catalunya y entrando holgadamente en el ilustre top 20 del Pirineo, formando parte de la élite pirenaica con todo merecimiento.

El Vulturó desde el Prat de Cadí

Tal como se ha mencionado anteriormente, las cumbres del Cadí no son precisamente lo más destacado de esta sierra, pues no se elevan demasiado por encima del homogéneo cordal. El Vulturó, punto culminante de la sierra, se alza aproximadamente en la mitad de sus 25 kilómetros de longitud. Es, además, la única cima que no cae directamente sobre los precipicios de la cara norte, pues se halla ligeramente desplazada hacia el sur y separada del resto del cordal por dos profundos collados, lo que la convierte en la cumbre más individualizada de la sierra. En la punta occidental del cordal se alza la Torreta de Cadí que, a pesar de que es una cumbre prácticamente irrelevante a nivel orográfico, es de las más famosas de la sierra al marcar el inicio de los grandes acantilados que caracterizan el macizo y ser muy visible desde la Seu d’Urgell.

En esta reseña se propone el recorrido de la mitad occidental del Cadí, subiendo por el único paso practicable de toda su cara sur, el durísimo Boixeder de Jovell, para enlazar después todas las cimas que van del Vulturó a la Torreta de Cadí, cabalgando por la cresta de este mítico macizo pirenaico, sufriendo su penosas pedreras y disfrutando de un impresionante amanecer encima de sus brutales acantilados, pues también dormiremos en plena cresta. Una experiencia inolvidable obligatoria para todo pirineísta.

FICHA TÉCNICA

Desnivel1.270 m

Longitud15,5 km

Altura mínima1.790 m

Altura máxima2.649 m

Dificultad técnicaAscenso muy empinado y duro por el Boixeder de Jovell, con trepadas fáciles en la parte final. Breve paso con cadena en el descenso del Puig de les Gralleres al Coll de la Canal Baridana.

Track en Wikiloc

Mapa de la ruta realizada tomado en el visor Iberpix

Acceso

Al Coll de Jovell, inicio de la ruta, se llega por una pista de tierra en estado aceptable, apta para cualquier vehículo si se va con cuidado, que sale de Josa del Cadí. En el collado existe un espacio vallado, donde caben una decena larga de vehículos. Calcula la ruta desde cualquier punto de inicio pulsando este enlace a Google Maps.

Fotodescripción

A pesar de ser una tarde de mediados de julio, no es una jornada especialmente calurosa cuando llegamos al Coll de Jovell, collado que separa el Cadinell, hermano menor del Cadí, cuya cresta asoma por encima del pinar...

...de la monumental pala meridional del Cadí, por donde tenemos que subir. La visión de las infinitas pedreras y la brutal pendiente que presenta la ladera es de esas que hacen decaer la moral, y es que el Boixeder de Jovell, nombre que recibe la ladera que tenemos delante, tiene la fama de ser una de las subidas más arduas y pesadas del panorama montañero catalán. Como veremos más adelante, no será para tanto.

Tras habernos mentalizado, emprendemos la ascensión por un ancho camino que pronto se transforma en un marcado sendero que encara sin miramientos la pendiente.

Siguiendo las abundantes marcas de GR (muchas de ellas recién pintadas), el sendero atraviesa limpiamente la gran masa de boj que cubre la ladera y a la que le da nombre, mientras va aflorando la caliza. Sin el sendero, progresar por esta ladera sería prácticamente imposible.

El trazado, muy inteligentemente diseñado, sortea las numerosas pedreras que hay por doquier y solo las cruza en tres ocasiones y durante un corto trecho.

Tras superar las tarteras, el camino pasa junto a un pino que actúa como importante punto de referencia, pues indica que hemos cubierto la mitad del Boixeder de Jovell; llevamos 300 metros de desnivel y quedan 300 por cubrir.

Sorprendentemente, estos primeros 300 metros no se han hecho demasiado pesados, estando el Cadinell prácticamente a nuestra altura. Muchas reseñas describen esta subida como perdedora y agotadora, pero si bien es cierto que se debe estar muy atento a las señales de GR (bastante abundantes), el camino se sigue sin mucha dificultad y mitiga en parte la dureza de la pendiente. A veces, debido a los afloramientos de caliza, el sendero puede difuminarse, pero rápidamente sabremos que estamos fuera de él porque el terreno se vuelve muy hostil, obligando prácticamente a seguirlo.

Después del paso por el pino, la pendiente aumenta aún más, algo que parecía imposible, y empiezan a aparecer placas de caliza que el sendero esquiva mediante sucesivos zigzags.

La foto lateral de la ladera no engaña: el Boixeder de Jovell forma una pendiente constante que ronda o incluso supera en ocasiones los 45 grados. Lo bueno es que ganamos altura con gran rapidez, lo que permite ampliar perspectivas sobre el laberinto montañoso del Prepirineo Oriental, entre las que destaca...

...el siempre altivo Pedraforca, del que vemos su cara menos afamada pero que resulta igualmente inconfundible.

Sobre los 2200 metros de altura, llegamos a la base de una placa caliza de mayor tamaño, que el camino bordea por arriba con la ayuda de una cadena, para asegurar mejor el paso.

Al levantar la vista, observamos cómo las marcas nos conducen a un tubo entre dos espolones calizos...

...punto en el que debemos realizar una corta trepada por la canal, abandonando el tubo a media subida para flanquear el espolón izquierdo.

Después de este tramo más abrupto, los obstáculos desparecen aunque la pendiente no mengua. Sin embargo, sabemos que nos estamos acercando al final pues ya no queda mucha ladera por encima de nuestras cabezas.

Repentinamente, la pendiente desaparece y nos plantamos en medio de un gran rellano herboso y salpicado de pinos negros. Estamos en los Planells de Josa y la suave cresta que se alza delante de nosotros es la culminación del Cadí. Que diferencia de terreno respecto a lo que dejamos atrás.

Antes de adentrarnos en los extensos lomos somitales del Cadí, nos asomamos una última vez al vacío del Boixeder de Jovell para ver el recorrido realizado. En ese mismo momento nos sorprende esta preciosa imagen del pueblo de Josa del Cadí recibiendo un solitario rayo solar bajo un cielo que empieza a nublarse.

El GR se dirige directamente al collado que tenemos justo enfrente, llamado Coll de les Tres Canaletes, para después ir realizando subibajas mientras sortea las distintas puntas de la cresta. Nosotros, sin embargo, vamos con otra idea: ya que el recorrido de la cresta lo haremos mañana y hoy solo queremos ascender el Puig de les Gralleres y el Vulturó, pretendemos realizar una media ladera por debajo de la cresta, sin perder ni ganar mucha altura, para alcanzar la cresta justo en el collado previo a les Gralleres. Para ello, giramos a la derecha y empezamos a trazar una larga diagonal unos 100 metros por debajo de la cresta.

Serán casi 2 kilómetros los que recorreremos en esta larga diagonal, mientras avanzamos por terreno bastante pedregoso que resulta algo incómodo. En la lejanía, los grandes lomos del Puig de les Gralleres y el Vulturó nos sirven como referencia de lo que nos queda.

Después de casi una hora de avance a media ladera, durante la que tropezamos más de una vez debido a la movediza calcárea, pasamos a terreno más herboso poco antes del collado previo al Puig de les Gralleres, que ya tenemos justo delante.

Cercanos al collado de les Gralleres, la caliza deja paso a la suave hierba: es un buen sitio para dormir. Pero antes debemos aprovechar las últimas horas de Sol para ascender las dos cumbres centrales del Cadí: el Puig de les Gralleres, que tenemos justo delante, y el Vulturó.

La vertiente meridional del collado es un bonito tobogán herboso del que no vemos el final, con los Cloterons, la Serra del Verd y el Port de Comte como telón de fondo. Observando esta placidez, podríamos pensar que la bajada hasta el fondo del valle es fácil y cómoda. Pero sabemos que, más allá de estos bucólicos prados se oculta una infernal pendiente de pedreras y boj como la del Boixeder de Jovell o incluso peor, al no existir camino que la suavice.

En el collado nos juntamos de nuevo con el GR, aunque el sendero no está muy marcado. Aún así, podemos afrontar los 100 metros de desnivel que nos restan para la cima por casi cualquier punto de la pedregosa pendiente.

Después de una corta pero intensa subida alcanzamos la cresta somital del Puig de les Gralleres. La cima se encuentra en el otro extremo.

Poco a poco, vamos viendo como el abismo se forma a nuestra izquierda; hay muchos metros de aire entre nosotros y los bosques del Baridà.

Mientras vamos andando por la llana cima del Puig de les Gralleres, podemos distinguir con claridad el valle del Segre, que desde el altiplano de la Cerdanya se encajona en un desfiladero delimitado por el Cadí al sur y por las montañas fronterizas andorranas al norte.

No tardamos en llegar al punto más alto del Puig de les Gralleres, donde por fin podemos ver una visión completa de la mole del Vulturó. Más a la derecha, brillando con luz propia, el Pedraforca, siempre protagonista.

Desde la cima, las marcas de GR nos conducen a una corta canal por la que tenemos que destrepar hacia un rellano situado al norte de la cumbre.

Desde allí contemplamos nuestro siguiente objetivo: el ciclópeo Vulturó. Para llegar a él, tenemos que bajar hasta el Coll de la Canal Baridana para después remontar una empinada pendiente rocosa que nos dejará a los pies del crestón rocoso que defiende la cima.

Por terreno fácil, descendemos hasta el Coll de la Canal Baridana, que separa las dos canales del mismo nombre.

Al sur, la Canal Baridana de Josa cae más de 1000 metros hasta llegar al propio pueblo, siempre bien flanqueada por potentes paredes calizas.

Al norte, la Canal Baridana "a secas", se desploma de forma mucho más vertical. Esta canal es una de las rutas más clásicas para ascender al Cadí por su vertiente norte, junto con la Canal del Cristall, situada más al este, junto al Costa Cabirolera.

Desde el collado nos esperan unos 150 metros de desnivel por terreno fácil pero empinado hasta la cima del Vulturó, que se alza por encima de una banda rocosa que a priori parece inasaltable.

Cuando llegamos al gran rellano situado delante de la banda caliza, observamos como ésta se ha fracturado por varios puntos, abriendo pasos que permiten, mediante una corta y fácil trepada...

...alcanzar la cima del Vulturó, techo del Cadí y de todo el Prepirineo catalán. Desgraciadamente, llegamos justo al mismo tiempo que una espesa bruma cubre buena parte del panorama visible.

Hacia poniente, se aprecia perfectamente la ondulada forma del Cadí, con los sucesivos picos de la ola cayendo bruscamente hacia el norte.

Hacia oriente, apreciamos mejor las suaves palas que coronan las cimas del Cadí, que siguen su trayecto hacia el este aún un buen trecho. Hacia esa dirección destaca el sombrío Pic de Costa Cabirolera, punto más alto de la provincia de Barcelona...

...y el solitario Comabona, que señala el final del Cadí y da paso al Moixeró, mucho más boscoso. En el otro extremo de esta sierra, asoman dos viejos conocidos: la Tosa d'Alp y el Puigllançada.

Como tendremos toda la jornada de mañana para disfrutar de las vistas y ya se está haciendo oscuro, empezamos el regreso al Coll de les Gralleres, donde pasaremos la noche. Para ello, debemos volver al Coll de la Canal Baridana y volver a remontar la ladera hasta el Puig de les Gralleres, que a estas horas de la jornada ya se hace algo pesada.

Mientras tanto, las brumas van y vienen a su antojo, haciendo que el Sol no ilumine por igual todas las montañas. Así, mientras nosotros permanecemos sumidos en la penumbra, el Pedraforca y el Cap de la Gallina Pelada, en la Serra d'Ensija, reciben los últimos rayos del día.

Al llegar de nuevo al rellano frente al Puig de les Gralleres, empezamos a subir hacia su cinturón calizo para dirigirnos a la canal que permite superarlo.

La canal tiene apenas dos o tres de metros y está muy escalonada, por lo que no presenta dificultad alguna.

Llegamos al collado cuando el Sol ya se ha ocultado por detrás de las paredes del Pujolar de Roca Grossa. Montamos los sacos en la parte meridional del collado que, aunque herbosa, no resulta muy llana y ofrece pocos lugares donde dormir sin notar la inclinación del terreno. Además, empieza a soplar un viento gélido que augura una noche poco confortable.

Tal como nos temíamos, la noche es toledana y descansamos más bien poco. Así que, cuando vemos que el cielo empieza a coger color no perdemos tiempo y rápidamente nos ponemos en marcha para entrar en calor, ascendiendo por la ladera este del Pujolar de Roca Grossa, también llamado Pic de les Tres Canaletes por las tres puntas (y sus consecuentes canales) que lo conforman.

Vale la pena avanzar junto al borde del acantilado para contemplar los formidables torreones que caen por la cara norte del Cadí, que en este sector son especialmente imponentes.

Mientras vamos subiendo, observamos una imagen muy curiosa. Por encima del Puigmal, comienza a formarse una espectacular nube lenticular, una de las más perfectas que he visto jamás. Se entiende por qué se las llama nubes-ovni, verdad?

Rápidamente alcanzamos la cima oriental del Pujolar de Roca Grossa, desde la cual observamos la cima principal coronando una impresionante pared estratificada.

Al acercarnos al al hito, sin apenas ganar desnivel, descubrimos, unos metros más abajo, una pequeña cabaña que nos habría dulcificado bastante la noche. Queda aquí la información para futuros montañeros que deseen dormir en el Cadí.

Ya en la cima del Pujolar de la Roca Grossa, nos acomodamos en nuestras localidades y esperamos a que empiece el espectáculo. El amanecer desde lo alto del Cadí es uno de los más bellos que he visto en mi vida, no tanto por las vistas lejanas sino por...

...la tonalidad rosada que adquieren las paredes calizas que protegen su vertiente septentrional. Una auténtica maravilla.

Pasado el resplandor inicial, divisamos la cresta en su trayectoria hacia el este, la parte que recorrimos ayer, con el Puig de les Gralleres en primer plano y el Vulturódetrás.

Después del amanecer, proseguimos hacia el oeste, yendo siempre al borde del abismo, pasando por brechas bastante vistosas; la de la imagen corresponde a la culminación de la Canal del Migdia, que enmarca la Tossa Plana de Lles y otras montañas fronterizas.

Vale la pena subir a la cima occidental de les Tres Canaletes para poder disfrutar de una perspectiva aún más bella, si cabe, de la cima principal, con su gran hito bien visible en la punta.

El Pujolar de Roca Grossa debe su nombre al gran torreón que se desprende de su cima. Y es que cada punta del Cadí, al menos en este sector occidental, tiene su correspondiente pilar calizo unos metros más abajo, separados entre sí por largas canales repletas de pedrera.

Después de las tres puntas del Pujolar de Roca Grossa iniciamos un descenso más decidido hacia el Coll de les Tres Canaletes, el cual nos separa de la Torreta de Cadí, que es la punta que vemos más al fondo y que constituye el extremo occidental del Cadí.

Mientras las profundidades del valle de la Vansa permanecen sumidas en la oscuridad, las cimas del Port del Comte refulgen con fuerza, iluminadas por el sol que se refleja en la caliza de sus peladas cabezas.

El rosa se transforma en dorado a medida que el Sol va elevándose por el horizonte, tiñendo de este color las paredes que se alzan más allá del Coll de les Tres Canaletes,nuestro siguiente objetivo en el acercamiento a la Torreta de Cadí, que empieza a esconderse tras una punta innominada. Este collado es el que queda en la vertical del Boixeder de Jovell y es el mismo que vimos ayer cuando llegamos a los Planells de Josa.

Desde el collado, empezamos un suave ascenso hacia la cota 2.577 que, a pesar de ser más alta que la Torreta de Cadí, carece de nombre y fama.

A cambio, ofrece una de las mejores vistas sobre la tremenda cara norte del Cadí. En pocos sitios de la sierra se aprecian con tanta claridad los centenares de estratos calizos paralelos que van recorriendo sus paredes.

Igual que ayer, las nubes juguetean con el Sol y nos regalan imágenes curiosas como ésta de la Plana de la Cerdanya, bañada por una luz tenue. Al fijarnos bien, distinguimos pequeñas formas que se elevan sobre la llanura: son los globos aerostáticos que suelen despegar de los pueblos ceretanos durante las primeras horas de la mañana, aprovechando la calma atmosférica del amanecer.

Desde la punta sin nombre obtenemos por fin una vista diáfana de la Torreta de Cadí, que se encuentra muy cercana. Solo quedará descender una veintena de metros y ascender una decena para llegar...

...a la última gran cima del Cadí. En la cumbre encontramos un vértice geodésico, un vivac y un panel informativo.

Desde la Torreta, el Cadí desciende primero suavemente y luego de forma más abrupta, hasta fundirse con los bosques y colinas del Alt Urgell.

Hacia el noroeste, más allá de la Seu d'Urgell, capital de la comarca,deberíamos ver las montañas del Pallars y otras aún más lejanas, pero el día ha amanecido sombrío y apenas se distingue la gran masa de la Torreta de l'Orri y las crestas del Salòria.

Desde esta cima se observa claramente el desfiladero del Segre, que separa las partes bajas del Cadí, con sus pequeños pueblos salpicando las colinas bajo los acantilados, de las montañas fronterizas, entre las que destacan el Monturull y la Tossa Plana de Lles. Unos kilómetros más al norte, difusas crestas delatan la complejidad montañosa andorrana, aunque resulta difícil distinguir las cimas con claridad.

En cambio, hacia el sur el panorama se muestra nítido y diáfano. Y como en la Torreta finaliza nuestro cresteo por la parte occidental del Cadí, emprendemos el regreso en esa dirección, con la vista puestos en los Planells de Josa, situados entre el Cadinell y el Pedraforca.

Desde la Torreta trazamos una diagonal por terreno pedregoso hacia los bucólicos prados, en la que perdemos unos 200 metros de desnivel.

Y, tal como si estuviéramos en lo alto de una montaña rusa, alcanzamos el borde de la caída, el punto de cambio de pendiente que nos impide ver el abismo que se abre justo delante. Empieza la bajada rompepiernas del Boixeder de Jovell.

Tomamos aire, echamos un vistazo a la izquierda, donde podemos ver al Pedraforaca y Ensija envueltos en una luz celestial...

...echamos otro vistazo a la derecha, donde vemos las últimas estribaciones del Cadí hundiéndose en el abrupto Alt Urgell...

...y empezamos el descenso. 600 metros de desnivel y un kilómetro más abajo nos espera el Coll de Jovell y nuestro vehículo. Paciencia y para abajo.

Recordamos bien el recorrido realizado el día anterior. Primero salvamos los 200 primeros metros de desnivel, los más verticales, en los que destrepamos por la roca caliza.

Después, tras numerosos zigzags, llegamos nuevamente al recordado pino, que señala la mitad de camino.

Y después pasamos a la travesía de las pedreras, que anuncian el último tramo de bajada.

Después de una hora de intensa bajada, alcanzamos de nuevo los prados del Coll de Jovell, bajo las paredes del Cadinell. Finalizamos de este modo esta soberbia excursión, en la que hemos recorrido buena parte del Cadí, uno de los grandes macizos de nuestra preciosa cordillera.