La trilogía de la Serra del Verd
Cap del Verd (2.284 m), Cap de Prat d'Aubes (2.252 m) y Cap d'Urdet (2.240 m) desde el Coll de Mola
La cara sur de la Serra del Verd desde la Mola de Lord. De izquierda a derecha, el Cap del Verd, el Cap de Prat d'Aubes y el Cap d'Urdet.
La Serra del Verd ocupa una posición intermedia dentro de los macizos más exteriores, situado entre el Port del Comte y la Serra d’Ensija. También se encuentra en una posición intermedia en cuanto a altura, alcanzando unos respetables 2280 metros que la sitúan de lleno entre las grandes sierras prepirenaicas catalanas. La Serra del Verd está formada principalmente por tres montañas, tres grandes domos de altura prácticamente idéntica: el Cap del Verd, el más occidental y elevado, el Cap de Prat d’Aubes, el central, y el Cap d’Urdet, el más oriental. Quizás la característica más llamativa de la sierra sean las extensas praderas que rodean y cubren el Cap del Verd, conformando un paisaje que parece sacado de las estepas asiáticas. Los otros dos “caps”, en cambio, se ven engullidos por los frondosos bosques que cubren gran parte del macizo, especialmente su parte septentrional, llegando hasta el fondo del valle de Gòsol. La vertiente occidental y, sobre todo, la meridional presentan un carácter completamente distinto: enormes pendientes que llegan a superar los mil metros de desnivel, donde se alternan vastas pedreras calizas con rincones de una verticalidad absoluta. Destaca especialmente la profunda hendidura entre las dos cumbres orientales del Verd, donde se levantan paredes de más de quinientos metros de caída.
La Serra del Verd desde la Serra dels Tossals
Al sur del Cadí, máxima altura del Prepirineo catalán, se extiende una zona de enorme complejidad montañosa: el Prepirineo Oriental. A caballo entre el Solsonés, el Berguedá y el Alt Urgell, surgen colosales macizos que, a la sombra de la larga muralla del Cadí, superan ampliamente los 2000 metros de altura y destacan con contundencia vistos desde el sur, donde las montañas son mucho más modestas. Por ello, las prominencias de estas cumbres se cuentan entre las más destacadas de toda la cordillera. Estos macizos comparten unas características muy definidas: la roca caliza domina el paisaje, alternándose extensos prados y suaves lomas con abruptos roquedos y grandes abismos, mientras que frondosos bosques cubren sus faldas. El resultado es un terreno tan apacible como agreste, un contraste que confiere a esta zona una belleza muy particular.
La vertiente septentrional de la Serra del Verd desde la Torreta de Cadí
Como ocurre con los otros grandes macizos del Prepirineo oriental, la Serra del Verd posee un marcado aislamiento, lo que incrementa notablemente su prominencia. Dos collados la conectan con las montañas vecinas: el Coll de Port, que lo enlaza con el Port del Comte, y el Coll de Mola, que hace lo propio con los Cloterons y el Pedraforca. Precisamente desde este último iniciaremos la excursión de hoy, una ruta que nos permitirá coronar las tres cabezas del Verd. Utilizando la larga espalda boscosa del Cap del Verd, alcanzaremos la cumbre principal del macizo por su arista septentrional, en un itinerario solitario y de gran belleza. Después avanzaremos hacia el este para ascender primero el Cap de Prat d’Aubes, el menos visitado de los tres, y posteriormente el Cap d’Urdet, el que posee el vértice geodésico, antes de emprender el largo regreso hacia el Coll de Mola. Una soberbia y panorámica ruta, plenamente acorde con la categoría de este magnífico macizo.
Desnivel860 m
Longitud14,5 km
Altura mínima1.818 m
Altura máxima2.284 m
Dificultad técnicaLargo tramo sin camino en la subida por la arista norte del Cap del Verd y en la subida al Cap del Prat d'Aubes. Flanqueo por empinado terreno nevado en la cara norte del Cap del Prat d'Aubes.
Track en Wikiloc
Mapa de la ruta realizada tomado en el visor Iberpix
El inicio de la ruta es el Coll de Mola, por el que pasa una pista que va de Gòsol a Tuixent. El tramo que va de Gòsol al collado está en buen estado y es apto para cualquier tipo de vehículos si se va con algo de cuidado. En el collado existe bastante sitio para aparcar, con espacio para una decena larga de vehículos. Calcula la ruta desde cualquier punto de inicio pulsando este enlace a Google Maps.
En una diáfana mañana primaveral partimos del Coll de Mola, tomando la pista que asciende hacia la Serra del Verd desde el propio collado y que gana altura con decisión entre el pinar.
Ignorando varios desvíos (entre ellos el camino por el que regresaremos unas horas más tarde y que en la fotografía aparece remontando recto bosque arriba), seguimos por la pista principal, que gira hacia la derecha para adentrarse en la vertiente occidental del macizo.
Después de un breve recorrido por el bosque y sin haber ganado todavía demasiada altura, alcanzamos el Portell de l'Ós, un fabuloso balcón sobre el valle de Tuixent, con los tremendos riscos de les Roques de les Feus destacando en el panorama cercano, y el monumental Port del Comte, en el lejano.
Continuando por la pista, cada vez más deteriorada, abandonamos la parte exterior del macizo para internarnos en su boscoso corazón.
Tras una leve bajada llegamos a un cruce de caminos. Aquí, la mayoría de excursionistas sigue la pista principal para subir al Planell de la Font (por donde regresaremos más tarde). Nosotros, sin embargo, tras haber contemplado el agreste y bello contorno del Verd, optamos por una alternativa mucho más solitaria: recorrer la arista norte del Cap del Verd hasta alcanzar su cima, una ruta de la cual no he encontrado ninguna reseña en la red ni en los mapas.
Para acceder a la misma, primero debemos seguir una pista secundaria, cubierta de nieve, que abandonamos rápidamente para comenzar una diagonal ascendente en dirección oeste a través del pinar, bastante limpio y libre de matorrales.
Poco después, cruzamos un umbrío barranco, donde se acumula una buena capa de nieve dura y empezamos a remontar la pendiente contraria, ya libre del manto nival.
Sin seguir sendero alguno ni encontrar el menor rastro de hitos, ascendemos por el empinado bosque con relativa comodidad gracias al mullido suelo y a la ausencia de maleza. De esta forma ganamos cerca de 200 metros de desnivel.
Finalmente, culminamos la pendiente y llegamos a lo alto de una arista. Sin embargo, el Cap del Verd posee dos crestas septentrionales que convergen cerca de su cima. A nosotros nos interesa la más exterior, mucho más interesante tanto desde el punto de vista panorámico como estético. Así pues, descendemos hasta la vaguada que separa ambos cordales y empezamos a subir por la vertiente opuesta hasta llegar a...
...la arista que buscábamos, precisamente en el mismo punto donde nacen las Canals del Verd, el conjunto de canales y paredes que protegen la abrupta cara oeste del Cap del Verd. El recorrido por el filo no podría ser más sencillo: ancho, herboso y agradable, aunque con los profundos abismos occidentales siempre muy próximos.
Tras haber recorrido un corto trecho por la cresta, nos encontramos con una bonita sorpresa: repentinamente, el bosque se abre para dar paso a un gran prado escondido entre las dos aristas septentrionales del Verd. Aunque hoy aparezca parcialmente cubierto de nieve, unas semanas más avanzada la primavera debe lucir un verde refulgente; uno más de los grandes prados que han dado fama a la Serra del Verd.
Además. este claro en el bosque nos permite contemplar por primera vez en el día de hoy la gran sierra del Prepirineo catalán: el Cadí. A diferencia de su vertiginosa cara norte, la vertiente sur destaca por sus colosales espaldas calizas, de más de mil metros de desnivel, que culminan en amplias y abombadas cumbres.
Entre las ramas, podemos distinguir a su vez la antecima norte del Cap del Verd, que se desploma directamentre sobre la cara oeste. Hacia ahí nos dirigimos.
Atravesado el prado, seguimos por la arista, que se torna ligeramente más empinada y nos obliga a clavar puntas hasta que llegamos...
...a la antecima, un privilegiado mirador suspendido sobre el vacío occidental del macizo, a diferencia de la cima principal del Cap del Verd, visible en la fotografía, de aspecto mucho más achaparrado.
Desde este balcón obtenemos una vista completa de la mole del Port del Comte, con sus dos sectores perfectamente diferenciados: a la izquierda, la Serra de Querol, culminada por el Puig de les Morreres, a la derecha, la Serra de Port del Comte, donde el macizo alcanza su máxima altura en el Pedró dels Quatre Battles.
Al norte del Port del Comte serpentea la Vall de la Vansa, con el pueblo de Tuixent situado justo en pleno corazón del laberinto montañoso que conforma el Prepirineo Oriental. En el horizonte, deberían verse las blancas cumbres del Pirineo de Lleida, pero hoy el día está brumoso.
El panorama septentrional queda limitado a la inmensa muralla del Cadí, que vemos al completo desde lo que es uno de sus mejores miradores: vemos desde la Torreta de Cadí, su extremo occidental, pasando por el Vulturó, su cumbre más alta, justo en el centro de la sierra, hasta ...
...el lejano Comabona, en su extremo oriental. Quince kilómetros de muralla montañosa elevándose por encima de los 2400 metros, casi nada.
La antecima septentrional del Cap del Verd está constituida por dos puntas, siendo la más elevada la situada más al norte. Avanzamos hacia la segunda, con el propósito de contemplar el gran vacío que cae desde ella hacia...
...los bosques situados en el contorno exterior del macizo. Curioso contraste comparado con la docilidad del interior del macizo.
Y es que la parte superior de la sierra no puede tener formas más suaves. La cúpula del Cap del Verd está cubierta por el extenso Prat Nabiral, que debemos atravesar para llegar a su cima.
Después de una plácida caminata por este amable prado llegamos a lo más alto del Cap del Verd, afortunadamente señalizado, ya que la cima es tan amplia y llana que de otro modo sería difícil determinar cuál es exactamente su punto culminante.
Para disfrutar de las dilatadas panorámicas que ofrece esta montaña debemos acercarnos a sus bordes. Así, avanzando hacia el sur, podemos contemplar todo el Solsonés: su parte superior, coronada por el Port del Comte y por el propio macizo del Verd; su parte intermedia, formada por las abruptas sierras de Busa, els Bastets y las grandes muelas calizas de Lord, separadas por el río Cardener y el pantano de la Llosa del Cavall; y finalmente su parte inferior, protagonizada por la extensa llanura donde se asienta Solsona, capital de la comarca.
Sin embargo, existe una montaña a la que le resulta imposible no ser protagonista se mire desde donde se mire. El Pedraforca, a pesar de que desde aquí nos ofrece quizás su perfil menos espectacular si es que puede hablarse de una cara poco atractiva en semejante montaña), continúa siendo absolutamente cautivador.
Tal y como se ha explicado en la introducción, la Serra del Verd posee tres cumbres principales alineadas de oeste a este. Desde el Cap del Verd distinguimos las otras dos: el Cap de Prat d'Aubes y el Cap d'Urdet, ambos de carácter mucho más boscoso que la cima principal del macizo.
Con el objetivo de coronar las otras dos cimas iniciamos nuestra travesía hacia el este, descendiendo por la inclinada pradera oriental del Cap del Verd hasta alcanzar el Coll dels Belitres, que nos separa del Cap de Prat d'Aubes.
Cuando llegamos al collado, empezamos a subir por la boscosa cara oeste de esta montaña. La nieve oculta cualquier posible sendero, si es que existe, aunque tampoco resulta necesario, pues el terreno se deja recorrer con facilidad.
Tras ganar un centenar de metros de desnivel, llegamos a la segunda montaña de la tríada del Verd: el Cap de Prat d'Aubes. Es la menos atractiva de las tres, al carecer de vistas debido al bosque que la rodea. También la más solitaria, pues no encontramos ni siquiera un hito que marque el punto culminante. Por ello, apenas nos detenemos y continuamos con el cresteo.
Manteniendo dirección este, empezamos el descenso por la arista oriental que, al estar más despejada, nos permite contemplar la última cumbre de la trilogía, el Cap d'Urdet. También nos fijamos en un gran prado suspendido sobre la vertical cara sur de esta cima que, intuimos, debe ser un magnífico balcón sobre la sierra, así que intentaremos ir hacia él antes de ascender a la cumbre.
También nos llama la atención, más allá de los grandes domos de la Tosa y del Puigllançada, la colosal cúpula del Puigmal, señor del Pirineo Oriental.
En el descenso por la arista, en ocasiones algo afilada, es cuando encontramos, por primera vez después de mucho rato de andar por las alturas del Verd, un tenue rastro de sendero.
Tras el descenso de algo más de cien metros de desnivel, alcanzamos el punto más bajo entre las dos cimas orientales del Verd. Se trata de los Tres Collets, aunque yo solo cuento dos collados herbosos separados por una pequeña prominencia, no sé donde estará el tercero.
En el segundo de los collados aparece un trazo, al principio difuso pero que se aclara al cabo de pocos metros, que empieza a rodear el Cap d'Urdet por el sur. Suponiendo que nos conducirá hasta la terraza herbosa que habíamos visto durante el descenso del Cap de Prat d'Aubes, decidimos seguirlo. El camino gana altura poco a poco, salvando bastante bien la fuerte inclinación de la cara meridional del Cap d'Urdet, hasta desembocar...
...en el gran prado colgado en medio de la cara sur de la montaña. Paraje realmente curioso. Nos acercamos al borde de la terraza, justo antes del desplome que la rodea, y empezamos a disfrutar de las vistas.
Comprobamos que no nos habíamos equivocado al imaginar que este balcón sería un mirador excepcional. Suspendidos sobre la inmensa pared que conforma la vertiente meridional del Cap d’Urdet, contemplamos una perspectiva vertiginosa del abismo que cae a nuestros pies; más de 600 metros hasta llegar a la masía de Cal Canonge, que distinguimos más allá de las agujas que separan la Rasa Fonda del Clot de Catarro, un barranco todavía más profundo y vertical que se precipita desde los Tres Collets hacia las profundidades del valle del Cardener.
Valle que se abre más allá de la garganta de les Roques del Minguell, con su principal población, Sant Llorenç de Morunys, perfectamente distinguible en medio de la rampa herbosa que asciende con suavidad hacia el invisible Coll de Jou, oculto tras el Puig de les Morreres.
A la derecha del Pujalt, que se podría considerar como la cuarta montaña del macizo, a pesar de ser de una entidad mucho menor, aparecen las sierras más exteriores de este tramo del Prepirineo, como la Serra dels Tossals o la Serra de Busa. Mucho más cercana, llama especialmente la atención la curiosa formación geológica de les Terreres de Pratformiu, donde la descarnada tierra rojiza va ganando poco a poco el terreno a costa del gran prado de Pratformiu, debido a la erosión progresiva.
Finalmente, le echamos un vistazo a las montañas previamente visitadas, con el amplio lomo del Cap del Verd escondiéndose parcialmente tras la más destacada cima del Cap de Prat d'Aubes.
Después de comer un poco en este privilegiado paraje continuamos la marcha hacia el cercano Cap d'Urdet. Aunque la cima queda justo encima del prado, el ascenso directo resulta bastante vertical, por lo que vale más la pena seguir el sendero por el que hemos llegado al prado hasta que este desemboca...
...en los grandes pastos que hay en la cara este del Cap d'Urdet, desde donde la cumbre queda ya muy próxima.
Antes de alcanzarla aprovechamos los claros de la ladera para contemplar el panorama oriental, hasta ahora bastante limitado. Hacia esta dirección, los protagonistas son indiscutibles.
Por un lado se alzan las ciclópeas cúpulas boscosas de los Rasos de Peguera, el menor de los grandes macizos prepirenaicos catalanes. Sus suaves domos contrastan radicalmente con el afilado pitón rocoso del Cogulló d'Estela, altivo centinela de su cara sur.
Sin embargo, incluso los Rasos palidecen frente a la monumental Serra d'Ensija, una de las principales sierras del principado por su verticalidad, aislamiento y prominencia. En torno a la Gallina Pelada, su cima más alta, distinguimos perfectamente las enormes Roques de Ferrús, considerados entre los vacíos más sobrecogedores de toda Catalunya.
Superamos apenas una treintena de metros de desnivel por terreno sencillo y alcanzamos finalmente el Cap d’Urdet, la más oriental de las tres cumbres principales del macizo, completando así la trilogía de la Serra del Verd. Aunque no tan cubierta por el bosque como su vecina central, las vistas no son muy espectaculares, especialmente comparadas con las del balcón situado unos cincuenta metros por debajo.
Explorando un poco los alrededores de la cima, se abre una ventana desde la que podemos ver, magnífico, el Pedraforca, con sus cimas principales fácilmente identificables: el Pollegó Superior y el Calderer en el arco norte de la montaña, y el Pollegó Inferior, con su lisa cara sur, culminando el arco sur.
Desde la cima no hemos sabido encontrar ningún camino que nos devuelva a los Tres Collets, por lo que empezamos a recorrer la arista occidental, primero por unos prados prácticamente llanos. Al final de los mismos, justo cuando la cresta empieza su brusco descenso, encontramos un camino que, aunque empinado, nos resulta de gran ayuda para el descenso al collado.
A pesar de estar prácticamente siempre rodeados de bosque, alcanzamos a distinguir nuestro itinerario de regreso hacia el Coll de Mola, que discurrirá por la loma herbosa de la Carena del Verd pasando por el abombamiento del Planell de la Font. Pero aún queda mucho para eso.
Llegados nuevamente a los Tres Collets, se nos plantea una disyuntiva. Podemos volver a subir al Cap de Prat d'Aubes, con el consiguiente desnivela dicional, o podemos tomar el tenue sendero que flanquea la cara norte de esta montaña, bastante innivada según habíamos observado durante la subida al Cap del Verd. Confiando en que el sendero estuviera lo suficientemente transitado como facilitar el paso y disponer de huella, optamos por la segunda opción.
Nos equivocamos. El sendero no tarda en desaparecer bajo la inestable nieve que cubre toda la cara norte del Cap de Prat d'Aubes, que además resulta muy inclinada. La travesía se convierte en una penosa media ladera sobre neveros duros e irregulares, sin referencias claras y con algún tramo bastante expuesto debido a la pendiente del terreno.
Ayudándonos de los árboles siempre que podemos, vamos avanzando lentamente hasta alcanzar la Font de la Moneda, donde el terreno se suaviza y se dibujan las huellas de una pista que nos lleva nuevamente al Coll dels Belitres, donde tomamos aire tras este inesperado y exigente flanqueo, que nos ha hecho perder bastante tiempo y energía.
Desde el Coll dels Belitres se abre el Torrent Fosc que, tras unirse con los demás barrancos que caen de la cara norte del macizo, acaba descendiendo hacia el valle de Gòsol que, en mi opinión, posee uno de los mejores entornos de todo el país.
Después del duro tramo recién superado, lo que viene a continuación se asemeja bastante al paraíso. Seguimos los restos de una pista hacia el norte, mientras vamos avanzando en suave ascenso por una bucólica pradera.
Como si atravesáramos una estepa asiática, caminamos sobre la amarillenta hierba recién liberada de la nieve mientras las cumbres del Cadí comienzan a asomar lentamente frente a nosotros.
Poco después, aparece la terminación de la Pista del Verd, la cual tomamos para avanzar hacia el norte, ahora en claro descenso.
La pista desaparece al encontrarnos con un nevero, aunque el descenso no puede ser más claro; basta con seguir recto hacia la loma del Planell de la Font, que ya vemos frente a nosotros.
Después de un cómodo descenso, llegamos a un collado, punto en el que la pista gira hacia la vertiente occidental del macizo para regresar al Portell de l'Ós, camino ya conocido. Nosotros, en cambio, seguimos recto por la Carena del Verd, cuyo recorrido no puede ser más sencillo.
Durante esta plácida caminata, tenemos la oportunidad de contemplar nuevamente las tres cimas del Verd: desde el Cap d'Urdet, magníficamente acompañado por Ensija...
...hasta el Cap de Prat d'Aubes, cuya cara norte nos ha dado tantos problemas hace un rato, y el propio Cap del Verd, escondido tras los bosques que preceden al Prat Nabiral.
Poco a poco nos aproximamos a la gran masa de los Cloterons, montaña situada inmediatamente detrás del Coll de Mola.
Al finalizar las colinas herbosas de la Carena del Verd, la loma termina abruptamente en una empinada ladera boscosa por la que descendemos sin camino definido, aunque guiados por algunos hitos dispersos.
Tras perder aproximadamente un centenar de metros de desnivel divisamos una pista al fondo de la ladera.
Tomándola y ya por camino conocido, desandamos nuestros pasos hasta regresar al Coll de Mola, poniendo así punto final a esta magnífica excursión por uno de los grandes macizos del Prepirineo Oriental.