El lugar donde saltó Roldán

Peña de San Miguel (1.126 m) y Peña de Amán (1.121 m)

La Peña de San Miguel desde la Peña de Amán

El Salto de Roldán es un profundo desfiladero excavado por el río Flumen en el extremo occidental de la Sierra de Guara. En este punto, el río atraviesa dos ciclópeas peñas de conglomerado, prácticamente idénticas tanto en forma como en altura: la Peña de San Miguel y la Peña de Amán. Ambas moles rojizas presentan, en la vertiente que mira al río, una de las paredes más formidables de todo el Prepirineo, con desplomes verticales que rondan los 400 metros. Su silueta es tan representativa de la Hoya de Huesca que ambas peñas figuran incluso en el escudo de la ciudad. Pues bien, se dice que Roldán, mientras huía del gran ejército musulmán que lo perseguía, llegó con su caballo a lo alto de la Peña de Amán. Acorralado y sin otra vía de escape, espoleó a su montura para realizar un salto colosal hasta la Peña de San Miguel. Logró alcanzar la otra orilla del abismo, aunque a costa de la vida de su caballo, cuyas herraduras habrían dejado impresas sus huellas sobre la roca. Hoy en día, además de las supuestas huellas, en la Peña de San Miguel se conservan los restos de un castillo y una ermita dedicada al arcángel. Los mortales corrientes, al carecer de las virtudes legendarias de Roldán, para ascender ambas cimas debemos recurrir a una alternativa mucho menos épica (y más agotadora): descender hasta el fondo del desfiladero del Flumen, cruzar el río (mojándonos inevitablemente los pies al no existir puente) y remontar la vertiente opuesta hasta alcanzar la otra peña. Además, el tramo final de ambas ascensiones incluye pasos equipados que permiten superar los muros verticales que defienden los altiplanos cimeros de Sen y Men (el otro nombre de las dos montañas), que no son aptos para todos los públicos pues la exposición es considerable en ambos tramos. Todos estos ingredientes convierten esta excursión en una ruta muy completa, en la que intentaremos reproducir la legendaria hazaña de Roldán, aunque, naturalmente, por medios mucho más terrenales.

Hace más de mil años, en el año 778, el legendario rey de los francos Carlomagno decidió emprender una incursión en la península ibérica para atacar el Emirato Omeya de Córdoba. Tras recibir la promesa de que la ciudad de Zaragoza abriría sus puertas y serviría como base para la invasión, el señor del Sacro Imperio penetró en la península con un numeroso ejército, solo para encontrarse con las puertas de la ciudad cerradas a cal y canto. Al carecer de los recursos y la infraestructura necesarios para sostener un asedio, decidió regresar a sus dominios por la ruta más corta: los Pirineos. Pero, justo cuando cruzaba la cordillera por el paso de Roncesvalles, un ejército de vascones cayó sobre su retaguardia, comandada por el prefecto de Bretaña, Roldán, y la aniquiló en la que sería la derrota más dura que sufriría el llamado “padre de Europa” en toda su vida. Largo y tendido se ha escrito sobre esta batalla, que ha entrado de lleno en el imaginario occidental gracias al poema épico francés del Cantar de Roldán, alrededor de cuyos protagonistas surgieron multitud de leyendas, aunque, poco a poco, el trabajo de historiadores y arqueólogos va desentrañando lo que realmente ocurrió en Roncesvalles. La mayoría de estas leyendas están protagonizadas por Roldán, quien, en su resistencia frente a los musulmanes (pues el poema sustituyó a los vascones por musulmanes para adaptarse al contexto histórico en que fue escrito), realizó hazañas prodigiosas, como abrir de un tajo la Brecha de Roldán, uno de los accidentes geográficos más impresionantes del Pirineo. Otra de las proezas que se le atribuyen a Roldán se sitúa, sin embargo, en el Prepirineo oscense, muy cerca de la ciudad de Huesca, donde se encuentra el famoso Salto de Roldán.

La Peña de Amán desde la Peña de San Miguel

FICHA TÉCNICA

Desnivel850 m

Longitud10,6 km

Altura mínima700 m

Altura máxima1.126 m

Dificultad técnicaVarios tramos de escaleras y grapas en la subida a la Peña de San Miguel, donde hay un cable de vida para poder asegurarse. En la subida a la Peña de Amán hay un solo tramo vertical de unos 5 metros pero mucho menos equipado, con grapas más escasas y separadas unas de otras

Track en Wikiloc

Mapa de la ruta realizada tomado en el visor Iberpix

Acceso

Estacionamos el vehículo en el aparcamiento del Salto de Roldán, al que se llega utilizando una carretera que parte de Santa Eulalia de la Peña. La carretera, aunque está asfaltada, está en muy mal estado, pues buena parte del asfalto está comido y hay baches bastante profundos, por lo que se debe circular con mucho cuidado si el coche no es alto. Calcula la ruta desde cualquier punto de inicio pulsando este enlace a Google Maps.

Fotodescripción

Desde el aparcamiento del Salto de Roldán, la primera cumbre del día queda a tiro de piedra, a poco más de cien metros de desnivel. La Peña de San Miguel ofrece desde aquí una pequeña muestra de lo que son sus dos vertientes, completamente diferentes en carácter: empinada pero boscosa su cara septentrional; un abismo rocoso la meridional.

Tomando el camino que sale del mismo aparcamiento, remontamos en cómodos zigzags la pedregosa ladera que nos lleva a la base del resalte somital de la primera de las peñas del Salto de Roldán.

Aunque normalmente se consideren que el Salto de Roldán está constituido por dos peñas, en realidad son tres. Desgajado de la Peña de San Miguel, un soberbio y airoso pilar rocoso, completamente vertical, guarda la parte más estrecha del desfiladero del Flumen. Este magnífico torreón de conglomerado, llamado Pico del Fraile, requiere, como se puede apreciar a simple vista, técnicas de escalada para hollar su cima, que de otro modo queda reservada a los buitres y otras aves que señorean los abismos de Guara.

Desde aquí también vemos el largo descenso que realizaremos dentro de poco hasta el fondo del valle para dirigirnos hacia la Peña de Amán. A la izquierda aparece el piramidal Pico del Águila, que podría considerarse la última gran cima de Guara por el oeste.

El sendero nos lleva a los pies del vertical resalte que protege la Peña de San Miguel, cuya cima, coronada por los restos del castillo, ya vemos muy cercana. Sin embargo, aún nos queda la parte más entretenida de la ruta.

Al acercarnos a la pared, ya encontramos el primer paso equipado: una cadena con una clavija al final que nos lleva a una nueva repisa, que seguimos hacia la izquierda.

No tardamos en encontrar el segundo tramo equipado, que se complica algo más. En este caso, siempre acompañados por una línea de vida para que quien no se sienta cómodo pueda asegurarse, encontramos unos peldaños que permiten superar un muro vertical de unos cuatro metros.

Finalmente, encontramos el último y más expuesto paso, pero también el más equipado. Para salvar un desplome se ha instalado una escalera que conduce a la pared superior, donde debemos pasar a unas grapas por los que treparemos otros 3 o 4 metros. Para pasar de la escalera a las grapas se debe realizar un paso lateral que puede resultar bastante problemático para la gente con vértigo, pues ya estaremos colgados sobre el vacío. Como siempre, quien no se sienta seguro hará bien en llevar un arnés y una baga para ir asegurándose a la línea de vida.

Tras esta última sección, solo queda caminar por terreno fácil hasta alcanzar...

...la parte alta de la Peña de San Miguel. La cima es una extensa explanada, con espacio suficiente para albergar los restos del castillo de Sen, del que solo se conservan las paredes, un aljibe y la ermita de San Miguel.

Acercándonos a la parte sur de la cima comprobamos que estamos en la última línea de montañas de la cordillera antes de que las colinas se fundan con la explanada de la Hoya de Huesca, hacia la que el río Flumen, tras su accidentado inicio, penetra a través del Embalse de Montearagón.

Hacia el norte, las paredes de Cienfuens impiden ver la cabecera del río, que rodea esta muralla y cuyo desfiladero queda represado por el embale homónimo y el de Santa María de Belsué. Y, muy a lo lejos, tras la Sierra de Belarre, se llega a distinguir una silueta nevada que recuerda bastante al trapecio del Tendeñera.

Mucho más fáciles de identificar son las cimas de la Partacúa y Collarada, cuyas grandes moles nevadas asoman por detrás de las antenas de Monrepós.

Pero vamos a lo que hemos venido a ver. Acercándonos al extremo oriental de la montaña, repentinamente el mundo se desploma a nuestros pies. Al otro lado del Flumen, que serpentea muchos metros por debajo, aparece la colosal hermana de la Peña de San Miguel: la Peña de Amán, que nos muestra una descomunal pared rojiza con casi 400 metros de absoluta verticalidad. Seiscientos metros nos separan de su cima: los mismos seiscientos metros que, según la leyenda, saltó el caballo de Roldán para huir de sus perseguidores. Aunque la idea resulta tentadora, no lo intentamos. Nuestra intención sigue siendo visitar su cima, pero, asumiendo nuestra condición terrenal, utilizaremos una ruta mucho más prosaica.

No sin cierta adrenalina, destrepamos los pasos equipados de la Peña San Miguel y regresamos al aparcamiento, donde un cartel señala el camino hacia la Peña Amán.

Así pues, emprendemos la larga bajada hacia el Flumen por un sendero muy bien marcado, aunque bastante pedregoso, que mediante largos zigzags va perdiendo los 300 metros de altura que nos separan del río.

Poco a poco vamos ganando una perspectiva lateral sobre el tremendo paredón occidental de la Peña de Amán y del brutal cóncavo rocoso que marca la curvatura que realiza el río antes de encajonarse en el desfiladero entre ambas peñas. Recortada contra el cielo, distinguimos la arista que utilizaremos para ascender al casquete somital.

Después de refrescarnos en la fuente de Lavallos y pasar junto a una edificación en ruinas, llegamos al fondo del barranco, donde encontramos una bifurcación. A la derecha nos dirigiríamos hacia el barranco de las Palomeras, la sección del Flumen que discurre entre las dos peñas y que es famosa por su complejidad. Nosotros giramos a la izquierda, donde un cartel que señala la dirección hacia Amán nos confirma que vamos por el buen camino.

Poco más tarde, el sendero nos lleva hasta la misma orilla del Flumen. A falta de puente, hay una tronco pulido que nos permite cruzar la parte más profunda del cauce. Sin embargo, los márgenes más exteriores del río carecen de esa al ayuda, así que, salvo que estemos en un grave período de sequía, tocará descalzarse y atravesar las heladas aguas para llegar a la otra orilla.

Tras calzarnos de nuevo las botas, retomamos el camino, que reaparece justo después de vadear el río y atraviesa inicialmente unos bonitos prados sin ganar apenas altura.

Pero, de repente, el sendero gira hacia el sur y emprende un decidido ascenso hacia el Collado del Frontón de Buesa, que vemos en lo alto de la vaguada boscosa de la derecha y que es nuestro paso para ganar lo alto de la...

...Peña Amán, cuyo perfil más agreste empieza a ocultarse. En cambio, es el turno de que aparezca la cara más vertical del siempre airoso Pico del Fraile, mientras que la Peña San Miguel solo muestra una pequeña porción de pared en el resalte somital que hemos superado hace un rato.

Tras una larga diagonal por terreno despejado cruzamos el Barranco Reguero del Águila y entramos en terreno boscoso, donde la inclinación aumenta momentáneamente antes de alcanzar...

...el collado del Frontón de Buesa. Cien metros nos separan de la Peña Amán, cuya cima permanece aún oculta por las laderas inferiores. Tomamos el marcado sendero que asciende primero de forma sencilla por el bosque...

... aunque poco a poco va aflorando el conglomerado, que nos obliga a realizar alguna corta y sencilla trepada, preludio de lo que nos espera más arriba.

La ladera se va definiendo hasta convertirse en una arista, de momento amplia, desde donde ya vemos el muro que protege la cima de la Peña Amán.

Tras una primera y fácil trepada, llegamos a la base de la pared cimera, que está dividida en dos por una vira horizontal. Aunque podríamos trepar directamente la primera parte del muro, es mejor girar a la derecha...

...para recorrer una vira llana que rodea el desplome de conglomerado y permite acceder a la vira intermedia de forma más sencilla. Unos arbustos hacen la función de quitamiedos, pues a mano derecha ya se empieza a apreciar un abismo de los que aceleran el pulso cardíaco.

Tras este rodeo, llegamos a la base del muro final. Aquí ya no tenemos alternativa, debemos superar los escasos pero verticales metros que nos separan de la cima de Men. A primera vista ya se aprecia como no hay tanta ayuda como en la Peña San Miguel, pues apenas hay unas rústicas clavijas que, además, se encuentran bastante separadas entre sí. Sin embargo, sin ellas la subida a la cima sería de mucha más dificultad, pues el muro es completamente vertical.

Después de una corta pero intensa trepada, nos plantamos en la cima de la Peña Amán, o Peña Men. Presenta unas características similares a las de su gemela, aunque la planicie somital es mucho más reducida y también más rocosa.

Acercándonos hacia el norte, vemos las cristalinas aguas del Flumen, sobre las cuales se aprecia con total nitidez el camino por el que hemos subido y por el que regresaremos.

Al este, vemos la cabecera del Reguero del Águila, con el Picón del Mediodía y su magnífico frontón calizo como principal protagonista. Cortando la ladera de arbustos se aprecia el camino de la vía normal a la Peña Amán, que proviene de San Julián de Banzo.

Pero, una vez más, la gran estampa desde la Peña de Amán es la de su hermana gemela ofreciéndonos su vertiente más impresionante, con el añadido del Pico del Fraile como acompañante de lujo.

Haciendo un poco de zoom se aprecian las ruinas del castillo y las de la ermita, con dos excursionistas contemplando el paisaje en el extremo septentrional de la peña. Hasta allí salto el pobre caballo de Roldán. Contar con este caballo ahora mismo nos vendría muy bien, porque, sin él, lo que nos espera es...

...bajar hasta el fondo del valle y remontar la ladera de San Miguel para regresar al parking. Además, negros nubarrones ya cubren la cumbre del Pico del Águila y amenazan lluvia. Como no queremos destrepar las clavijas con el terreno mojado, lo que haría el paso aún más delicado, no perdemos tiempo y comenzamos a desandar el camino recorrido.

El paso de las clavijas resulta bastante más complejo de bajada, pues las inferiores están bastante separadas y solo se puede apoyar un pie en ellas, teniendo que colocar el otro sobre el vertical conglomerado. Sin pensar demasiado en el vacío que se abre a nuestra espalda, bajamos el paso y, ya por terreno fácil, regresamos al collado del Frontón de Buesa, con la agreste culminación del Reguero del Águila frente a nosotros.

Una vez en el collado, emprendemos el retorno hasta el Flumen, con la vista puesta en...

...la ladera por la que hemos bajado hace un rato y por la que ahora debemos subir, rumbo al lejano collado de la Peña de San Miguel, que va quedando cada vez más arriba a medida que descendemos hacia el río. Una imagen que reduce un poco la moral, pero nada que un buen chapuzón en el río no pueda arreglar.

Y con esta imagen del estrecho congosto del Flumen, con la Peña de Amán y el Pico del Fraile a punto de tocarse, nos despedimos por hoy.