Las cumbres más orientales de la Maladeta
Russell (3.205 m), Russell SE (3.206 m) y Punta de la Brecha de Russell (3.197 m) por Vallibierna
La oscura mole del Russell asoma por el fondo del valle de Vallibierna. Se puede apreciar tanto las dos cumbres principales del Russell en el centro de la foto, como la Punta de la Brecha de Russell, en el extremo izquierdo, con la canal de subida al altiplano y la Gran Cornisa surcando la pared.
Una gran fortaleza rocosa de oscuras y grandes paredes culmina el extremo oriental del macizo cumbre del Pirineo. Este gris castillo de roca tiene una característica única: un enorme altiplano de aplanado granito cuyos contornos están protegidos por poderosas agujas, algunas con la suficiente prominencia como para ser considerados picos individuales. Estoy hablando de los picos de Russell y es la última montaña por el este del afamado macizo de la Maladeta, lo que le da una condición de privilegiado mirador de las montañas catalanas, que empiezan pocos kilómetros más hacia oriente.
Visto desde cualquier perspectiva, el Russell parece un bastión infranqueable por la pared que lo cubre en casi toda su circumferencia. Sin embargo, varias canales rompen la muralla, algunas de ellas muy sencillas, por lo que es de las cumbres de la Maladeta de más fácil acceso. La principal de estas vías es la Gran Cornisa, una vira en medio de la pared oeste que desemboca en una encajonada canal, vertical pero fácil, y que es utilizada por la mayoría de montañeros que desean subir a este tresmil para llegar al ancho plató somital. Esta es la vía de ascenso que se detallará en esta reseña, en la que se ascenderá a tres de los seis tresmiles que forman el gran Russell, concretamente los más altos y los que están situados en lo alto del plató.
Desnivel1.400 m
Longitud15 km
Altura mínima1.950 m
Altura máxima3.206 m
Dificultad técnicaPasos de I-I+ con poca exposición en el ascenso y descenso de las canales. La Gran Cornisa es ancha y sencilla pero con bastante sensación aérea. En su entrada hay un paso de I+.
Track en WikilocPara llegar al refugio de Pescadores se tiene que llegar previamente a Benasque. De este pueblo se tiene que llegar al Plan de Senarta, donde hay un camping, desde el cual sale una pista en estado regular (depende de la temporada) que después de 10-11 km llega al refugio de Pescadores. Esta pista está cerrada al tráfico en verano, cuando un bus permite acceder a este valle previo pago de 20 euros ida y vuelta. Calcula la ruta desde cualquier punto de inicio pulsando este enlace a Google Maps.
Empezamos tomando el GR, primero en forma de degradada pista que asciende por el bosque y, tras dejar de lado el desvío a Coronas, convertido en sendero para llegar a la maravillosa Pleta de Llosás, en un entorno magnífico de alta montaña, en el que podemos ver las cumbres del valle homónimo, con el Russell cerrando el macizo por la derecha.
El Aneto y el Tempestades, separados por la profunda brecha de Tempestades.
Pero seguramente la montaña más bonita del valle es el Vallibierna y sus tortuosos estratos, que le dan nombre a la Tuca de Culebres, antecima occidental del pico.
Mientras el GR continua por el valle de Vallibierna, nosotros debemos cruzar la Pleta de Llosàs mediante un sendero indicado que va en dirección de una ladera herbosa tras la cual ya podemos observar la espectacular cubeta en la que está alojado el Ibón de Llosàs.
Tras rodear la Pleta, el sendero pasa por el lado izquierdo de una cota rocosa con árboles y sigue en fuerte ascenso, acercándose cada vez más al Barranco de Llosàs. Mientras subimos, vemos como el tardío Sol otoñal va iluminando la Tuqueta Arnau y la Tuqueta Blanca, de un color en claro contraste con la Serra Negra, cordal a la que pertenece.
A la izquierda van apareciendo las agujas de la Crencha de Llosàs, cresta que culmina en el Aneto.
El Vallibierna aún en sombra.
Llegamos por fin al espectacular Ibón de Llosàs, con sus características lajas de granito negro formando una singular cubeta. Rodeados de oscuras paredes y con las montañas más altas del Pirineo en un cercano segundo plano, hacemos un breve descanso antes de seguir en dirección al Ibonet de Llosàs.
Giramos a la derecha para seguir por el fondo del barranco, que ahora se estrecha notablemente en un pequeño desfiladero. El sendero cruza al otro lado del barranco, el margen izquierdo, y asciende brevemente para salir del desfiladero a unos cuantos metros de altura respecto al pequeño Ibonet de Llosàs, que tenemos unos cuantos metros por debajo.
Tenemos que llegar al otro lado del Ibonet de Llosàs, de un tamaño muy inferior a su hermano mayor.
En un momento dado el sendero desaparece, momento en el que encaramos la empinada ladera herbosa para acceder a la gran pala que la sucede. El terreno es fácil aunque algo caótico, puesto que en ocasiones nos encontramos con muros verticales que tenemos esquivar. En general, se puede ascender por más o menos cualquier sitio.
Alternando pendientes con canales repletas de grandes piedras de granito, ascendemos unos 200 metros de desnivel por este terreno hasta que aparecemos en la base de la descomunal pala sur del Tempestades, cuya cumbre vemos en lo alto de la misma, entre el Aneto y el Margalida. A la derecha, la Punta de la Brecha de Russell, bajo cuya pared debemos encaminarnos, pues es allí donde empieza la Gran Cornisa.
Ahí arriba anda el plató somital de Russell, invisible desde aquí puesto que está protegido por una negra muralla en toda su circunferencia.
La hierba da paso a grandes placas de granito, bastante cómodas de transitar.
Pero estas placas terminan desembocando en un caos de bloques, terreno notablemente más incómodo. Afortunadamente, apenas quedan 150 metros de desnivel hasta el inicio de la Gran Cornisa, que vemos claramente como una gris diagonal que corta la negra pared en dos.
Así pues, abandonamos la ruta al Tempestades, que dejamos a la izquierda y que tiene su propia línea de hito.
Mientras vamos subiendo por los bloques, observamos como la Gran Cornisa termina en una canal que llega hasta el mismo altiplano del Russell.
La aguja SW Russell, el tresmil más bajo del conjunto, queda escondida por la perspectiva hasta que nos distanciamos un poco de ella.
El terreno se empieza a empinar y poner inestable cuando nos acercamos a la gran pared de la Punta de la Brecha de Russell.
Tras el desierto mineral de Llosàs, el Vallibierna y sus satélites son omnipresentes.
En los últimos metros hacia la entrada de la Gran Cornisa, los bloques desaparecen y queda una incomodísima ladera terrosa, que afortunadamente es corta. Tras llegar a la altura de la cornisa, nos dirigimos al muro que marca su entrada.
Vista atrás del último tramo de ascenso hasta aquí, el mar de bloques.
El pedregal continúa hasta el diente del Tempestades, donde se degrada en un conjunto de descompuestas canales por las que se asciende a este pico, de forma bastante sencilla.
El corto pero vertical muro que tenemos que trepar para entrar en la vira.
Tras las torres de la Crencha de Llosás, el Posets quiere aparecer. Pero será de los pocos momentos en los que se despeje el tiempo, de hecho va a ir a peor.
Trepamos el murete de unos 10 metros, vertical pero repleto de apoyos.
Tras el muro viene la Gran Cornisa propiamente dicha, una vira con trazos de sendero que cruza horizontalmente la pared del Russell.
Como vemos en esta foto, la vira es bastante ancha, aunque en ocasiones se estrecha y nos obliga a acercarnos al vacío que tenemos en todo momento al lado. Sin embargo, es muy sencilla y no hay ningún paso especialmente expuesto.
La vira llega a la base de una clara canal encajonada entre las paredes, en contraluz en esta fotografía. Esta canal es la que nos permitirá ascender a lo alto del Russell.
Empezamos a trepar por la canal, por la que podemos andar en muchos tramos aunque en otros la trepada es obligatoria, en pasos que no superarán el I+ grado.
A pesar de la facilidad de la canal, es bastante empinada y debemos prestar especial atención en la caída de rocas.
El paso más técnico de la canal es un bloque empotrado que podemos superar en la derecha por una roca algo pulida.
Mirando atrás, vemos como ya casi estamos a la altura de la Punta de la Brecha Russell. Observamos como una canal similar a la nuestra baja directamente de esta cumbre hasta la Gran Cornisa, será la que utilizaremos para bajar.
Tras el tramo del bloque empotrado, la canal se tumba, preludio del final de la misma.
En pocos minutos llegamos al plató somital del Russell mientras la gran masa gris del Aneto tapa con su perspectiva el Tempestades.
La cumbre del Russell está formada por una extensa ladera de pedregal casi plana, en claro contraste con las paredes que rodean este altiplano.
Dejamos de lado el Russell principal o NW y vamos en dirección a esta horcada señalada por este hito, pues primero vamos a ascender al Russell SE, para así ascender las tres cumbres en línea recta.
Vemos como, a diferencia de la suavidad del altiplano, el tramo entre las dos cumbres del Russell es bastante caótico, con una cresta bastante afilada separándolas. Nosotros iremos por su base, por un claro sendero.
Aunque este flanqueo no tiene ningún obstáculo reseñable, si que atraviesa terreno muy descompuesto y con ambiente.
A nuestra derecha, las canales cuya cabecera vamos cruzando se desploman por el abismo hacia el pedregal que hay en la base del Russell, mientras brutales cuernos hacen de separación de estos tubos.
Después de avanzar por varias de estas canales, emprendemos el corto ascenso que nos lleva a la cumbre del Russell SE, que en varios mapas aparece como la más alta del conjunto.
Desde un Russell podemos ver el otro, de idéntica altura, con dos montañeros en su cumbre. Tras él, el diente del Tempestades aún está soleado, mientras el Aneto se ensombrece, señal de que está cambiando el tiempo.
El Russell SE es el mejor mirador del Valle de Salenques, que desciende hasta Barrabés bajo las agrestes paredes del Molières y el Feixant.
También podemos ver una vista inmejorable de la cresta de Salenques-Tempestades en su totalidad, desde la Forca Estasen hasta la cumbre del Margalida, con la Torre de Salenques bien destacada en la parte más afilada de la misma.
Entre el Salenques y las montañas aranesas, donde destaca como siempre la pirámide del Mauberme, aparecen las dos puntas de la temible Forcanada, que no parecen gran cosa desde aquí.
En cambio la Tuca del Feixant impone mires desde donde la mires. Incluso cuando las brumas juguetean alrededor de su cumbre, dándole una apariencia más fantasmal.
La innominada cota 2.737, que sin embargo tiene una buena prominencia, separa los ibones de Vallibierna de los ibones de Llosás. Nosotros empezamos a bajar en su dirección.
Rápidamente giramos a la derecha para empezar el flanqueo que nos devolverá al Russell NW, con la niebla cada vez más baja.
Cruzamos las canales que caen por las grandes paredes del Russell, viendo la horcada al otro lado de las mismas. Tras llegar allí, apenas quedan unos metros de desnivel para llegar al Russell.
La cumbre del Russell.
La primera mirada se dirige inevitablemente a la cumbre del Russell SE, de donde venimos, y a la cresta que nos une a él, de la que se desprende una pavorosa pared negra que cae sobre Salenques.
Esta pared continúa bajo la pequeña punta del Russell Oriental, última cumbre del conjunto hasta desaparecer ya en medio del Valle de Salenques.
Cada vez tenemos más cerca la cresta de Salenques con la foto centrándose en su primera mitad, que va de la Forca Estasen a la Torre de Salenques, en el extremo izquierdo de la foto.
Pero la niebla se va cerrando progresivamente y cada vez nos va a privar de más visibilidad. Así, a la vista del abismo que cae de la Punta de la Brecha de Russell, que apenas intuimos, emprendemos el cresteo hacia esta cumbre, la última del conjunto por el oeste.
El primer tramo de cresta hasta el collado es sencillo, estando acompañados en todo momento por el vacío a nuestra derecha. Tras un corto descenso, el de la foto, llegamos al collado que separa el Russell de nuestro siguiente objetivo.
Desde el collado, 40 metros de desnivel nos separan de la característica cumbre inclinada de la Punta de la Brecha de Russell, que coronaremos tras unas sencillas trepadas por el granito que domina la zona.
Cumbre de la Punta de la Brecha de Russell, con una visibilidad nula.
Nos acercamos un poco a la Brecha Russell, para ver si se despeja algo hacia el norte. Sin embargo, solo se despeja parte del panorama meridional, pudiéndose ver el final de la cresta que cae del Russell SE hacia Salenques.
Tras esperar infructuosamente a ver si se despejaba el panorama, emprendemos el descenso. Vamos a realizarlo por una canal distinta a la de subida, una que cae directamente de la cumbre de la Punta de la Brecha de Russell a la Gran Cornisa. El inicio es quizás algo complicado de encontrar debido a la homogeneidad del granito que nos rodea, más aún en un día de nula visibilidad como hoy. Para asegurar el tiro, recomiendo descender por la parte más cercana al abismo que cae hacia Llosás trazando una diagonal descendiente hacia el sur hasta que veamos una puntiaguda torre de granito, que marca el inicio de la canal.
La canal es de similar longitud a la utilizada en el ascenso e incluso podría decirse más sencilla, aunque más descompuesta, por lo que debemos extremar la precaución. También está menos encajonada por lo que da más sensación aérea, aunque es ancha en todo momento.
Vista atrás del primer tramo de descenso. Como se ve, hay mucho más derrubio pero menos trepada.
Seguimos bajando, observando algún hito de vez en cuando que nos confirma que vamos en buena dirección.
Vemos por fin la vira que forma la Gran Cornisa, unas decenas de metros por debajo.
Seguimos descendiendo, ahora por un tramo más descompuesto.
La niebla le da un aspecto tenebroso a las ya de por sí intimidantes paredes del Russell.
Último tramo del descenso de la canal, justo cuando se une a la Gran Cornisa. Al ser una canal oblicua, queda algo escondida tanto en su inicio como en su final, por lo que la mayor dificultad de la misma es encontrarla.
Solo falta recorrer la cornisa de nuevo, ahora en sentido contrario.
La aguja SW Russell se desprende tímidamente del resto del conjunto.
Sin el contraluz de esta mañana, también podemos ver con claridad la canal de ascenso, pudiéndose observar el bloque empotrado que hay en su parte intermedia.
Por debajo, el mar de bloques que tendremos que cruzar para volver a la verdor de Llosás.
Destrepamos el muro para abandonar definitivamente la Gran Cornisa y, en consecuencia, la pared del Russell.
Tras descender unos metros, de la Gran Cornisa solo vemos el inicio puesto que la niebla va descendiendo.
Nuestro descenso por el pedregal se hace algo pesado. Tampoco ayuda que no nos podamos congratular con las vistas pues el Vallibierna también se encuentra tapado.
Sin embargo, un rayo de Sol penetra entre la bruma e ilumina el Barranco de Estibafreda, dándole una apariencia bucólica. También brillan los meandros de la Pleta de Llosás, donde tenemos que llegar.
Ya a la altura de la cota 2.737 m que nos separa el valle de Vallibierna, la hierba va ganándole terreno al granito, señal de que nos acercamos al murete herboso que precede al Ibonet.
Este paisaje contrasta notablemente con la negrura de la Aguja SW Russell, que vamos dejando atrás.
Tras el descenso por el Ibonet, entramos en el barranco que nos lleva al Ibón de Llosás.
Llegamos de nuevo al Ibón de Llosás, empezando aquí el último y más cómodo tramo de descenso.
Y finalmente, despedimos la ruta de hoy con estos árboles de intenso color rojizo, símbolo del otoño en el que vamos entrando.