El viejo señor del Pirineo Oriental
Puigmal (2.910 m) y Cim de l'Ortigar (2.748 m) desde Fontalba
El Puigmal desde Fontalba
Curiosamente, el techo de los Pirineos Orientales se sitúa en su extremo occidental y reúne todas las características que uno imagina para una montaña de este sector de cordillera. El Puigmal es un gigante de formas rotundas, de cima amplia y aplanada, con la hierba alcanzando incluso a su parte alta, enraizando entre la oscura roca metamórfica que domina las montañas de Núria. En esta montaña no encontraremos grandes roquedos ni mucha verticalidad, pues la suavidad es la nota dominante de esta montaña. Sin embargo, estamos ante una de las cimas más relevantes desde el punto de vista orográfico de toda la Península Ibérica: el Puigmal ocupa el séptimo lugar en el ranking de montañas más prominentes, con unos descomunales 1300 metros de prominencia, consecuencia directa de la profunda depresión de la Cerdanya.
El Puigmal después de una tormenta desde el Puigllançada
El Pirineo Oriental es el sector de la cordillera pirenaica que se levanta al este de la fosa de la Cerdanya. En este tramo, el Pirineo ya ha perdido la mayor parte de su fiereza y las montañas herbosas y de formas amables son mayoría (montañas de vacas, como se las suele llamar), aunque hay notables excepciones. El Pirineo Oriental se puede dividir en dos grandes macizos: el de las Cabeceras del Ter y el Freser, donde se encuentran sus mayores alturas, y el del Canigó, última gran montaña del Pirineo antes de que éste desaparezca de forma abrupta en el mar, que queda apenas a 40 kilómetros de esta legendaria montaña.
El Puigmal desde Puigsac, en un día de calima
La gran cabeza del viejo Puigmal, gigante petrificado según las leyendas de la mitología catalana, se divisa desde buena parte del Principado, e incluso desde la costa central. Esta omnipresencia visual ha contribuido a convertirlo en una de las montañas más frecuentadas de Catalunya. Su cercanía a uno de los grandes polos espirituales de Catalunya, el Santuari de Núria, la anchura y suavidad de sus hombros (su “espatlla rabassuda”, como la definía Jacint Verdaguer en sus versos dedicados al “vell Puigmal”) y la relativa facilidad de acceso han hecho de esta cima un objetivo habitual para muchos catalanes, montañeros y no montañeros, incluso en pleno invierno, cuando el peligroso torb acecha de forma constante. A pesar de su aparente benignidad, no conviene subestimar su altitud: el Puigmal es la única cumbre de todo el Pirineo Oriental que supera los 2.900 metros, por lo que puede presentar, en cualquier época del año, la hostilidad meteorológica propia de la alta montaña. El colosal Puigmal, rey indiscutible de los Pirineos Orientales, es una de esas cimas que todo pirineísta que se precie debe ascender al menos una vez en la vida. Y puedo asegurar que no se arrepentirá.
Desnivel930 m
Longitud11,1 km
Altura mínima2.060 m
Altura máxima2.910 m
Dificultad técnicaToda la subida se realiza por un buen sendero. La bajada del Puigmal a la Collada de l'Embut discurre por empinados tramos de pedrera. El descenso del Cim de l'Ortigar al Torrent de Fontalba es sin camino pero sin ninguna dificultad técnica.
Track en Wikiloc
Mapa de la ruta realizada tomado en el visor Iberpix
El punto de inicio de esta ruta es la Collada de Fontalba, a la que se accede a través una pista apta para todo tipo de vehículos desde el pueblo de Queralbs. En verano, debido a la gran afluencia de vehículos, se regula el acceso a 60 vehículos por día, con reserva previa y pago de 5 euros. Por ello, durante los fines de semana, se recomienda hacer la reserva con antelación en la siguiente página web para asegurar una plaza. Calcula la ruta desde cualquier punto de inicio pulsando este enlace a Google Maps.
Desde las alturas de Fontalba (estamos ya en torno a los 2.100 metros) se disfruta de una magnífica vista de nuestro principal objetivo: la cúpula del Puigmal, coronando el valle de Fontalba. Llegar a él no tiene mayor misterio que seguir su arista meridional, que empieza...
...con el primer obstáculo del día: el Cim de la Dou. Un trillado y ancho camino sale del parking de Fontalba en dirección a esta cima, señal de la gran cantidad de gente que intenta hollar el techo del Pirineo Oriental.
Después de una breve y suave aproximación hasta la base de esta modesta cota, la pendiente se empina, sin llegar nunca a ser muy intensa.
Mientras vamos ascendiendo por la cara oriental del Cim de la Dou, el panorama a nuestras espaldas va ganando grandiosidad, destacando las profundas Gorges del Freser, bien encajonadas entre la sombría cara norte del Balandrau y la brutal cara sur del Torreneules, erizada de centenares de agujas calizas, algunas de dimensiones más que considerables.
Al otro lado, más allá de las infinitas praderas tan características de este rincón del Pirineo, empieza también a perfilarse una silueta conocida...
Después de unos 400 metros de ascenso, culminamos el Cim de la Dou, desde donde se obtiene una soberbia vista cercana del Puigmal y de la cabecera del Torrent de Fontalba, que nace justo bajo el Cim de l'Ortigar, cumbre que hollaremos en el descenso, pues planeamos volver por la arista que sale de esta cima secundaria.
Es una mañana de otoño bastante clara, lo que nos permite disfrutar de vistas lejanas. Como no, la espectral silueta de las mil agujas de Montserrat es algo que siempre llama la atención, emergiendo del mar de niebla que cubre la Catalunya Central.
Niebla que va abandonando poco a poco la Plana d'Osona, tras la cual destaca con claridad el macizo rey de la Prelitoral, el Montseny, dividido en sus dos grandes macizos: el del Turó de l'Home y el del Matagalls. A nuestros pies, observamos el alto valle del Ter, serpenteando entre las colinas del Prepirineo de Girona.
También observamos una curiosa alineación entre el Taga, en primer plano, y la altiva silueta del Sant Miquel Solterra, techo de les Guilleries.
Todas estas vistas nos acompañan mientras recorremos el tramo prácticamente llano que separa el Cim de la Dou de la Serra del Borrut, penúltimo obstáculo antes del Puigmal.
Al Cim del Borrut ascendemos por una vaguada herbosa que nos deja en la arrellanada cumbre de la sierra homónima, situada a los pies del masivo Puigmal.
Antes de afrontar la última y más ardua subida, realizamos un breve descanso que aprovechamos para observar la arista sur del Cim de l'Ortigar, por la que descenderemos más tarde, al otro lado de la Cometa de Fontalba. Tras ella, empiezan a asomar las montañas de Núria.
De la misma manera, sobre el extenso altiplano del Puig de Dòrria, los colosos del Prepirineo catalán comienzan a aparecer, con la Tossa d'Alp intentando separar el Pedraforca, que ya vemos casi completo, de buena parte del Cadí.
Por delante nos esperan los 200 metros de desnivel más duros de la jornada, el último escollo antes de alcanzar la cima del Puigmal, pues nos toca subir por la cara sur del gigante.
La cara sur del Puigmal es una empinada y descompuesta ladera terrosa que el sendero salva como puede mediante cortos zigzags que, aunque atenúan el esfuerzo, resultan inevitablemente incómodos por la inestable pedrera que cubre la pendiente.
Afortunadamente, la ladera es tan exigente como breve, y la superamos sin demasiada demora, dejando atrás la Serra del Borrut.
A partir de aquí, lo que resta es un plácido paseo por el extenso rellano que conforma la parte alta del Puigmal, salpicado de pequeñas cotas. La punta más alta es fácilmente reconocible por la gran cruz que la corona.
La cima del Puigmal, está marcada por los tres símbolos de Núria: la cruz, la olla y la campana. La relación entre estos elementos y la Mare de Déu de Núria se remonta a los legendarios orígenes del santuario, en el siglo VIII. Cuenta la tradición que Sant Gil, mítico fundador del santuario y tallador de la imagen de la virgen de Núria, durante su época de ermitaño en este valle pirenaico convocaba a los pastores del entorno con el toque de una campana, los reunía alrededor de una cruz y les ofrecía comida en una olla. Así, estos tres objetos se convirtieron en los iconos de este santuario, solo superado por Montserrat en cuanto a importancia religiosa dentro de Catalunya.
Nos encontramos en la cumbre de uno de los tres grandes sectores en los que se suele dividir el Pirineo. Y, como no podía ser de otra manera, las vistas están a la altura de la enorme importancia a nivel orográfico que tiene el Puigmal. Empezamos con las vistas hacia el sur, donde se extiende la Serra del Montgrony, con sus redondeadas cúpulas separando el Ripollés del Berguedà. Íntegramente dentro de esta última comarca aparece el boscoso macizo de Catllarás y, en la parte derecha de la imagen...
...dos de los colosos del Prepirineo Oriental, los Rasos de Peguera y Ensija, tras la dócil pirámide herbosa del Puigllançada.
Continuando con el giro, observamos como desde el Puigmal el terreno se desploma hacia las herbosas cimas del Tossal del Pas dels Lladres y el Puig de Dòrria. Desde este punto, las últimas estribaciones hacia el oeste del Pirineo Oriental se transforman en una amplia y tendida loma que finaliza en la Collada de Toses,paso que conecta este sector del Pirineo con el Prepirineo Oriental a través de la Tosa d'Alp y el propio Puigllançada. En la parte derecha de la imagen destaca la Fosa de la Cerdanya, principal responsable de la tremenda prominencia del Puigmal. El río Segre, que nace muy cerca de aquí, discurre por esta falla tectónica, separando las montañas fronterizas del Pirineo Axial de...
...la imponente muralla del Cadí, principal sierra del Prepirineo catalán, de la que se aprecia su cara más feroz. En el horizonte, se aprecian las difuminadas crestas prepirenaicas del Alt Urgell y el Pallars.
Si dirigimos la mirada hacia el noroeste, distinguimos los últimos coletazos del Pirineo Axial, desde las montañas andorranas hasta las cimas del macizo de Lanós.
Afinando la vista, se reconocen algunos de los picos más destacados de este extremo oriental del cordal principal pirenaico. Por ejemplo, la Tossa Plana de Lles, uno de los escasos 2900 de la zona. Justo a su izquierda asoma el Aneto y, a la izquierda del Tossal Bovinar, la otra línea lejana de montañas corresponde a las del parque nacional de Aigüestortes y Sant Maurici, con la silueta inconfundible del Pic de Peguera ocupando una posición central.
A la izquierda del marcado valle de Carol sorprende la magnitud del altiplano del Puigpedrós, cima más alta de Girona. Y, a la derecha, detrás de los Pics de Fontnegra, distinguimos la montaña más alta de Catalunya, la tricéfala Pica d'Estats.
Finalmente, al otro lado de la fosa de la Cerdanya, aparece su monarca: el adusto Carlit. Para algunos, el Carlit forma parte del Pirineo Oriental, lo que lo convertiría en su cima más elevada; sin embargo, a juicio de quien escribe, el Carlit pertenece claramente al Pirineo Axial, ya que la fosa de la Cerdanya es un accidente geográfico mucho más relevante que el Coll de Puymorens, paso que lo separa del resto de su sector de cordillera.
Si nos acercamos a la punta norte del Puigmal podemos observar su arista septentrional, que da inicio al cresteo de la archiconocida Olla de Núria, el recorrido íntegro de todas las cumbres que circundan el santuario. Las primeras cumbres que nos encontraríamos en nuestro recorrido hacia el norte serían el Puigmal Petit del Segre y el Puigmal de Llo, este último desgajado de la cresta principal.
La cuarta cima que recibe el nombre de Puigmal se sitúa a la derecha del Coll d’Er y es el Puigmal de Segre, que cierra por el norte la Coma de l’Embut.
El resto de las cimas de la Olla las observaremos con mayor detalle desde el Cim de l'Ortigar, así que hacia ahí que vamos. Para dirigirnos a esa cumbre debemos realizar una diagonal sin sendero por la inestable pedrera metamórfica que cubre la cara norte del Puigmal con el objetivo de situarnos en su cara este.
Una vez en ella, basta con descender por una inclinada pero fácil ladera mixta para llegar a...
...la Collada de l'Embut. Desde aquí, se superan apenas cincuenta metros de desnivel para alcanzar...
...el Cim de l'Ortigar, que se podría considerar como un apéndice oriental del propio Puigmal.
Desde el Cim de l'Ortigar se disfruta de un primerísimo plano de la inmensa cabeza negra del Puigmal.
Al estar situado algo más centrado sobre el valle de Núria, se tiene una mejor perspectiva de las otras montañas que conforman la Olla, que procedo a nombrar, tomando un poco de aire. Desde el ya mencionado Puigmal del Segre, que no se ve en la foto, la cresta desciende hasta el Coll de Finestrelles para erguirse de nuevo en el amplísimo Pic de Finestrelles. Allí toma dirección este para pasar por el Pic d'Eina y el piramidal Noufonts, segunda montaña más alta del circo tras el propio Puigmal y cuarta de todos los Pirineos Orientales. Desde el Noufonts la cresta baja al collado homónimo (tras el cual aparece el agreste Pic del Racó Gros, ya en Francia) para dirigirse luego al Pic de Noucreus.
En el Noucreus la arista se arrellana antes de alcanzar el Pic de la Fossa del Gegant, que queda empequeñecido ante la aparición del Pic de l'Infern y el Bastiments (tercera y segunda cumbre en altura del macizo), que, aunque por perspectiva parezca que formen parte de la cresta, en realidad quedan bastante alejados de la Olla de Núria. En el Pic de la Fossa del Gegant, la cresta gira hacia el sur para encarar el límite oriental del circo, con las cumbres de les Arques medio disimulados bajo el Bastiments, continuadas por el Puig de Fontnegra, que marca el final de la Olla de Núria, pero no el de la cresta.
Y es que la arista sigue hacia el sur, ya fuera del circo, para ascender hacia el Cim de la Coma del Clot, que aparece a la derecha del picudo Gra de Fajol. La última cima de la arista que rodea el valle de Núria es el Torreneules, a partir del cual el terreno se desploma en un tremendo abismo hacia el río Freser, custodiado al otro lado por el Balandrau. Casi me quedo sin aire.
Regresaremos a Fontalba utilizando la arista suroriental del Cim de l'Ortigar, la cresta que delimita la Cometa de Fontalba por la vertiente opuesta a la de ascenso. Primero bajamos hacia el llamado Cim de la Solana, el rellano herboso que se aprecia en la imagen, siguiendo el ancho lomo que arranca directamente del mismo Cim de l'Ortigar.
A partir de aquí nos iremos alejando progresivamente del Puigmal, del que podemos observamos su cara más agreste. Marcada contra el cielo, a la izquierda, destaca la Serra del Borrut, por la que hemos ascendido a esta cima.
Descendidos algo más de cien metros desde el Cim de l'Ortigar, la cresta se bifurca entre la arista meridional, que cae directamente al Torrent de Fontalba, y la oriental, que desciende de forma más gradual hasta el Collet de Tros de Bou, opción que utilizaremos para bajar al fondo del valle.
En la vertiente opuesta del valle observamos el Cim de la Dou, por donde hemos pasado hace ya unas horas.
Descendida aproximadamente la mitad de la arista, alcanzamos un breve resalte en la cresta, que sorteamos por la izquierda para continuar...
...nuestro descenso hacia el Collet del Tros del Bou, suave final de la arista antes de su abrupta caída a les Gorges de Núria.
Antes de alcanzarlo, vale la pena mirar atrás para contemplar la arista recorrida desde el Cim de l'Ortigar, que desde esta perspectiva ofrece una estampa sorprendentemente achatada.
Llegados al Collet del Tros del Bou, Fontalba está cerca pero lejos a la vez. Aunque el final de la ruta se encuentra a poco más de un kilómetro en línea recta, el hondo cauce del Torrent de Fontalba se interpone entre nosotros y la Collada.
Así pues, deberemos bajar hasta el fondo del valle para enlazar con el camino de Núria a Fontalba, lo que nos permitirá no tener que ganar demasiado desnivel desde el torrente. Sin sendero definido, bajamos por terreno herboso con tendencia hacia la derecha.
Tras atravesar un par de torrentes, alcanzamos unos trazos apenas marcados que veíamos desde hacía tiempo, probablemente realizados por animales, y que nos facilitarán la aproximación al fondo del valle.
Cuando el matorral situado justo bajo nosotros desaparece, abandonamos estos trazos y descendemos directamente al torrente, donde ya se distingue claramente el sendero que asciende hacia Fontalba por la vertiente opuesta.
Cruzamos el lecho del río, completamente seco (algo habitual en el caprichoso terreno kárstico donde nos encontramos, donde el agua aparece y desaparece a voluntad), para después trazar una media ladera y ganar...
...el buen camino de Núria a Fontalba que, en leve ascenso, nos llevará a la Collada.
Durante esta apacible travesía aprovechamos para contemplar los complejos congostos que recorren los ríos de Freser y Núria, un auténtico laberinto de paredes y torreones que probablemente constituya el sector más vertical y agreste de todo el Pirineo Oriental.
Siempre me ha gustado la forma cónica del Torreneules, cumbre dividida en dos caras bien diferenciadas: la erguida pero herbosa caperuza somital y el espectacular caos rocoso de su parte inferior.
En nuestra travesía pasamos junto a la curiosa Dou de Fontalba, donde el agua recogida en todo el valle homónimo brota a chorro por numerosas surgencias, que llegan a cubrir el camino en varios puntos.
Superado este corto pero accidentado tramo, entramos en los dóciles prados previos a la Collada de Fontalba, que ya queda a tiro de piedra.
En pocos minutos alcanzamos el aparcamiento, donde cerramos la circular.
Pero antes de arrancar el coche, es obligatorio despedirnos del viejo Puigmal, gigante de cabeza negra que, desde su atalaya en lo alto del Pirineo Oriental, mantiene su guardia petrificada desde el lejano nacimiento de la cordillera.