El hogar de los dioses olímpicos

El Monte Olimpo y sus cumbres Mytikas (2.917 m), Skolio (2.912 m) y Skala (2.882 m)

Mytikas, la cumbre del Monte Olimpo, desde el Skala

Mytikas, la cumbre del Monte Olimpo, desde el Skala

El Olimpo es un conjunto montañoso relativamente compacto y con forma de círculo, con tres valles principales que confluyen en el corazón del macizo, donde se concentran sus mayores alturas. A pesar de que el desnivel desde la llanura o el mar es brutal, la parte alta del Olimpo presenta un relieve bastante suave, con los grandes altiplanos característicos de la orografía caliza alternándose con profundos barrancos, por los que descienden las aguas hacia valles como la garganta de Enipeas, concentrándose en ellos toda la frondosidad que le falta a la desolada parte superior. Sin embargo, en el núcleo del macizo esta suavidad cambia radicalmente para dar paso a las tres grandes cumbres del Olimpo, que reúnen toda la verticalidad y espectacularidad de la que carecen el resto de cimas: el Skolio, el Stefani y el Mytikas, la más alta y bella del todas.

El ascenso al Monte Olimpo es una experiencia inigualable para cualquier montañero, gracias al enorme contraste de paisajes que encontramos a lo largo de la subida: desde los insondables bosques de Enipeas hasta los terribles abismos del Mytikas. El Olimpo no regala la ascensión, no en vano es una montaña divina, pero el montañero que consiga llegar a su cumbre tendrá en su haber una de las más legendarias montañas de nuestro planeta.

Pocas montañas existen en el mundo más famosas que el monte Olimpo. Hogar de los principales dioses del panteón griego y fuente principal de la mitología clásica, su leyenda y relevancia en la cultura occidental son tales que mucha gente lo consideran parte del mito, olvidando de que esta montaña es completamente real. Y no solo existe, sino que estamos hablando de un montañón de una belleza excepcional, siendo el punto más alto de Grecia y la segunda cumbre más elevada de los Balcanes, lo que la convierte además en una de las montañas más prominentes de Europa.

El Olimpo es un macizo calcáreo que se alza abruptamente a pocos kilómetros del Mar Egeo, marcando el límite entre la llanura de Tesalia, que se extiende ampliamente hacia el sur, y la de Macedonia, al norte. Se trata de un macizo bastante aislado y mucho más elevado que cualquier montaña de su entorno, lo que hace que la silueta de esta mole resulte imponente desde cualquier perspectiva. Su cercanía al mar, del que lo separan poco más de 10 kilómetros, hace que sus altas cumbres se vean envueltas con frecuencia por brumas y tormentas. Probablemente, este factor, unido a su destacada altitud, hizo que los antiguos griegos situaran en esta montaña la residencia de sus dioses mayores, convirtiendo el macizo en un lugar sagrado y, en consecuencia, inaccesible, por miedo a sufrir el castigo de las inmortales divinidades por profanar su morada. Por esta razón, no fue hasta inicios del siglo XX cuando se alcanzó por primera vez al punto culminante de este macizo.

Stefani y Mytikas desde el Skolio

Stefani y Mytikas desde el Skolio

FICHA TÉCNICA

Desnivel2.100 m

Longitud24 km

Altura mínima1.090 m

Altura máxima2.917 m

Dificultad técnicaAlgún paso de II en el ascenso y descenso al Mytikas, aunque los de descenso son bastante expuestos al transcurrir en una canal bastante descompuesta. Recomendable llevar casco tanto para el ascenso como el descenso.

Track en Wikiloc
Mapa de la ruta realizada tomado en el visor OpenTopoMap

Mapa de la ruta realizada tomado en el visor OpenTopoMap

Acceso

El punto de partida es el final de la carretera que sale del pueblo de Litochoro hacia el Parque Nacional del Monte Olimpo, lugar conocido como Prionia, donde hay un restaurante. La carretera está asfaltada en todo momento excepto los últimos 100 metros, donde debido a la gran afluencia de gente, la pista está en peor estado. No hay mucho aparcamiento en Prionia y se suele llenar rápido, por lo que la gente aparca al lado de la carretera.

Fotodescripción

Después de un largo viaje en coche, llegamos al final de la carretera a Prionia, que encontramos abarrotada de vehículos. Pero llega la primera intervención divina; justo cuando llegamos, un vehículo se marcha y podemos aparcar allí mismo, algo que agradecemos pues, de lo contrario, habríamos tenido que dejarlo unos dos kilómetros antes.

Después de un largo viaje en coche, llegamos al final de la carretera a Prionia, que encontramos abarrotada de vehículos. Pero llega la primera intervención divina; justo cuando llegamos, un vehículo se marcha y podemos aparcar allí mismo, algo que agradecemos pues, de lo contrario, habríamos tenido que dejarlo unos dos kilómetros antes.

Tras la larga explanada donde se encuentra el restaurante, comienza el camino que nos conducirá al refugio Spilios Agapitos, también llamado refugio A, donde pasaremos la noche. El sendero es excelente y durante el primer tramo atraviesa un precioso hayedo.

Tras la larga explanada donde se encuentra el restaurante, comienza el camino que nos conducirá al refugio Spilios Agapitos, también llamado refugio A, donde pasaremos la noche. El sendero es excelente y durante el primer tramo atraviesa un precioso hayedo.

Una vez superado el bosque debemos vadear varios barrancos, completamente secos a pesar de la frondosidad del entorno. Y es que la naturaleza caliza del macizo provoca que buena parte del agua sea absorbida bajo tierra y reaparezca con fuerza cuando los acuíferos están llenos.

Una vez superado el bosque debemos vadear varios barrancos, completamente secos a pesar de la frondosidad del entorno. Y es que la naturaleza caliza del macizo provoca que buena parte del agua sea absorbida bajo tierra y reaparezca con fuerza cuando los acuíferos están llenos.

Tras pasar por una fuente y atravesar de nuevo el bosque, cada vez más poblado por abetos, el sendero entra en el barranco que desciende de las grandes cumbres olímpicas.

Tras pasar por una fuente y atravesar de nuevo el bosque, cada vez más poblado por abetos, el sendero entra en el barranco que desciende de las grandes cumbres olímpicas.

El bosque va clareando cada vez más mientras la pendiente aumenta, lo que nos permite empezar a disfrutar de las soberbias perspectivas de este mágico macizo, con las desoladas cumbres blancas apareciendo con fuerza por encima de los insondables bosques que cubren la garganta de Enipeas.

El bosque va clareando cada vez más mientras la pendiente aumenta, lo que nos permite empezar a disfrutar de las soberbias perspectivas de este mágico macizo, con las desoladas cumbres blancas apareciendo con fuerza por encima de los insondables bosques que cubren la garganta de Enipeas.

Tras cruzar el barranco por última vez, entramos en el tramo final del ascenso al refugio. Nos situamos en una loma prácticamente despejada de árboles, por la que ganaremos unos 300 metros de desnivel mediante una dura subida que se hace más llevadera gracias a las numerosas lazadas del camino.

Tras cruzar el barranco por última vez, entramos en el tramo final del ascenso al refugio. Nos situamos en una loma prácticamente despejada de árboles, por la que ganaremos unos 300 metros de desnivel mediante una dura subida que se hace más llevadera gracias a las numerosas lazadas del camino.

Mientras vamos ascendiendo por la loma aparecen las cumbres del sector meridional del Olimpo, entre las que destaca el Kalogeros, tras el cual se distingue un descomunal circo.

Mientras vamos ascendiendo por la loma aparecen las cumbres del sector meridional del Olimpo, entre las que destaca el Kalogeros, tras el cual se distingue un descomunal circo.

Hacia el este, tras el abrupto y estrecho tramo final del río Enipeas, distinguimos el pueblo de Litochoro y, más allá, el mar Egeo.

Hacia el este, tras el abrupto y estrecho tramo final del río Enipeas, distinguimos el pueblo de Litochoro y, más allá, el mar Egeo.

Al otro lado, una gran muralla cierra el circo del Enipeas, pared que se va tornando sombría a medida que avanza la tarde, a pesar de la intensa blancura de su roca. Por ahí arriba andaremos mañana.

Al otro lado, una gran muralla cierra el circo del Enipeas, pared que se va tornando sombría a medida que avanza la tarde, a pesar de la intensa blancura de su roca. Por ahí arriba andaremos mañana.

Y así llegamos por fin al Spilios Agapitos, el mayor de los refugios del Olimpo. El refugio es bastante cómodo y funciona de manera distinta a los refugios pirenaicos, pues la cocina permanece abierta durante buena parte del día y se puede pedir cualquier cosa de un menú a prácticamente cualquier hora. Además, hay bastante ambiente y una notable presencia de montañeros de distintas nacionalidades.

Y así llegamos por fin al Spilios Agapitos, el mayor de los refugios del Olimpo. El refugio es bastante cómodo y funciona de manera distinta a los refugios pirenaicos, pues la cocina permanece abierta durante buena parte del día y se puede pedir cualquier cosa de un menú a prácticamente cualquier hora. Además, hay bastante ambiente y una notable presencia de montañeros de distintas nacionalidades.

Mientras hacemos tiempo para la cena volvemos a la terraza del refugio, donde disfrutamos de las fabulosas vistas de este bello paraje. Quedamos especialmente anonadados ante una cumbre en concreto que, envuelta en una luz celestial, nos espera mañana...

Mientras hacemos tiempo para la cena volvemos a la terraza del refugio, donde disfrutamos de las fabulosas vistas de este bello paraje. Quedamos especialmente anonadados ante una cumbre en concreto que, envuelta en una luz celestial, nos espera mañana...

El Mytikas, la cumbre del Olimpo, que brilla con una luz casi divina. Y con la visión de esta cima sagrada nos vamos a dormir, pues mañana nos queremos despertar temprano porque se anuncian tormentas a media mañana y las queremos evitar, ya que aquí son especialmente virulentas.

El Mytikas, la cumbre del Olimpo, que brilla con una luz casi divina. Y con la visión de esta cima sagrada nos vamos a dormir, pues mañana nos queremos despertar temprano porque se anuncian tormentas a media mañana y las queremos evitar, ya que aquí son especialmente virulentas.

El día siguiente amanece bastante despejado pero sabemos que se trata de un tiempo engañoso, pues la situación se va a complicar en pocas horas. Así pues, tomamos el sendero Europeo 4, que cruza el macizo, y empezamos a ascender por un de nuevo magnífico camino.

El día siguiente amanece bastante despejado pero sabemos que se trata de un tiempo engañoso, pues la situación se va a complicar en pocas horas. Así pues, tomamos el sendero Europeo 4, que cruza el macizo, y empezamos a ascender por un de nuevo magnífico camino.

No sin antes contemplar el maravilloso amanecer sobre el Mar Egeo. Thalassa!! que diría Jenofonte en su Anábasis.

No sin antes contemplar el maravilloso amanecer sobre el Mar Egeo. Thalassa!! que diría Jenofonte en su Anábasis.

No nos equivocamos con el pronóstico, puesto que las caprichosas nieblas características del Olimpo ya empiezan a aparecer en su sector meridional. A lo largo del día irán entrando y saliendo entre las cumbres con una frecuencia cada vez mayor, hasta cubrirlas por completo hacia el mediodía.

No nos equivocamos con el pronóstico, puesto que las caprichosas nieblas características del Olimpo ya empiezan a aparecer en su sector meridional. A lo largo del día irán entrando y saliendo entre las cumbres con una frecuencia cada vez mayor, hasta cubrirlas por completo hacia el mediodía.

El Mytikas, todavía iluminado por la luz rosa de la mañana, empieza a juguetear con las nieblas, que quedan atrapadas entre las decenas de agujas de esta sugerente montaña. En esta foto se puede apreciar la canal de Kakoskala, por la que ascenderemos, a la izquierda de la cumbre. La cima es la que aparece medio difuminada por los vapores, mientras que la canal de Louki, que utilizaremos para bajar, es la que corta en diagonal hacia la derecha desde la misma cumbre. Por debajo de la montaña, se puede apreciar la zona llamada Zonaria (cinturón en griego), que debe su nombre a las formaciones rocosas que recorren toda la parte intermedia del circo y que se asemejan a cinturones paralelos.

El Mytikas, todavía iluminado por la luz rosa de la mañana, empieza a juguetear con las nieblas, que quedan atrapadas entre las decenas de agujas de esta sugerente montaña. En esta foto se puede apreciar la canal de Kakoskala, por la que ascenderemos, a la izquierda de la cumbre. La cima es la que aparece medio difuminada por los vapores, mientras que la canal de Louki, que utilizaremos para bajar, es la que corta en diagonal hacia la derecha desde la misma cumbre. Por debajo de la montaña, se puede apreciar la zona llamada Zonaria (cinturón en griego), que debe su nombre a las formaciones rocosas que recorren toda la parte intermedia del circo y que se asemejan a cinturones paralelos.

Tras unos cuantos cruces de barranco, nos plantamos en un gran lomo, salpicado de unos pocos abetos que sobreviven en la piedra caliza. Aquí, el sendero toma ya una dirección clara hacia la parte alta del macizo.

Tras unos cuantos cruces de barranco, nos plantamos en un gran lomo, salpicado de unos pocos abetos que sobreviven en la piedra caliza. Aquí, el sendero toma ya una dirección clara hacia la parte alta del macizo.

Subiendo por la loma, vemos el circo del Enipeas casi al completo. Al otro lado de la muralla observamos las montañas donde se asienta el refugio Christos Kakalos, punto de inicio del sendero de regreso al Spilios Agapitos, que cruza la pared en diagonal por debajo de las bandas de Zonaria.

Subiendo por la loma, vemos el circo del Enipeas casi al completo. Al otro lado de la muralla observamos las montañas donde se asienta el refugio Christos Kakalos, punto de inicio del sendero de regreso al Spilios Agapitos, que cruza la pared en diagonal por debajo de las bandas de Zonaria.

Tras ganar algo más de 200 metros de desnivel por la loma, el camino empieza a desviarse hacia la izquierda.

Tras ganar algo más de 200 metros de desnivel por la loma, el camino empieza a desviarse hacia la izquierda.

Mientras seguimos ascendiendo, a nuestra izquierda aparecen dos portentosas paredes que defienden el acceso a la cresta olímpica. El sendero penetra por la derecha de la segunda.

Mientras seguimos ascendiendo, a nuestra izquierda aparecen dos portentosas paredes que defienden el acceso a la cresta olímpica. El sendero penetra por la derecha de la segunda.

Cerca de este punto encontramos el desvío de la senda que va hacia el Christos Kakkalos por Zonaria, así como el que asciende hacia el Skolio. Nosotros tomamos este último, entrando en una ancha vaguada; nos uniremos a la primera senda después del descenso del Mytikas.

Cerca de este punto encontramos el desvío de la senda que va hacia el Christos Kakkalos por Zonaria, así como el que asciende hacia el Skolio. Nosotros tomamos este último, entrando en una ancha vaguada; nos uniremos a la primera senda después del descenso del Mytikas.

Entramos en un pedregoso vallecito, con las puntas del Skala y el Skolio, entre nubes, 400 metros por encima de nuestras cabezas. El sendero alterna tramos bastante cómodos con otros muy descompuestos que van añadiendo cansancio a las piernas, pues la inclinación del terreno es ya considerable.

Entramos en un pedregoso vallecito, con las puntas del Skala y el Skolio, entre nubes, 400 metros por encima de nuestras cabezas. El sendero alterna tramos bastante cómodos con otros muy descompuestos que van añadiendo cansancio a las piernas, pues la inclinación del terreno es ya considerable.

Cuando nos situamos bajo el Skala nos desviamos por un trazo que corta la ladera en diagonal para dirigirnos directamente al Skolio, la segunda cumbre del Monte Olimpo.

Cuando nos situamos bajo el Skala nos desviamos por un trazo que corta la ladera en diagonal para dirigirnos directamente al Skolio, la segunda cumbre del Monte Olimpo.

Tras llegar al collado que nos separa del Skala, solo nos resta superar los 100 fáciles metros de desnivel que nos quedan para lalcanzar la cima del Skolio, de nuevo envueltos entre las brumas.

Tras llegar al collado que nos separa del Skala, solo nos resta superar los 100 fáciles metros de desnivel que nos quedan para lalcanzar la cima del Skolio, de nuevo envueltos entre las brumas.

Las nubes solo nos dejan contemplar la parte inferior del brutal circo septentrional del Olimpo: el Megala Kazania o Gran Caldero, un enorme agujero rodeado por paredes verticales de más de 600 metros.

Las nubes solo nos dejan contemplar la parte inferior del brutal circo septentrional del Olimpo: el Megala Kazania o Gran Caldero, un enorme agujero rodeado por paredes verticales de más de 600 metros.

Aunque, sin duda, la imagen más sobrecogedora de esta cumbre se abre hacia las otras dos grandes cimas del macizo, que se despejan momentáneamente para la ocasión. El Stefani y el bicéfalo Mytikas se desploman sobre el circo de Megala Kazania con terroríficas paredes en un ambiente de pura alta montaña.

Aunque, sin duda, la imagen más sobrecogedora de esta cumbre se abre hacia las otras dos grandes cimas del macizo, que se despejan momentáneamente para la ocasión. El Stefani y el bicéfalo Mytikas se desploman sobre el circo de Megala Kazania con terroríficas paredes en un ambiente de pura alta montaña.

Con las brumas bajando de nuevo, abandonamos el Skolio y nos dirigimos al Skala, de apariencia más amable que sus dos hermanos mayores. Nos separa de esta cima una ancha cresta caliza de fácil recorrido.

Con las brumas bajando de nuevo, abandonamos el Skolio y nos dirigimos al Skala, de apariencia más amable que sus dos hermanos mayores. Nos separa de esta cima una ancha cresta caliza de fácil recorrido.

Cuando llegamos al Skala, vemos como muchos de los montañeros que vienen del refugio se quedan aquí, sin atreverse a continuar hacia la cumbre más alta del Olimpo.

Cuando llegamos al Skala, vemos como muchos de los montañeros que vienen del refugio se quedan aquí, sin atreverse a continuar hacia la cumbre más alta del Olimpo.

Y la verdad es que se entiende la congoja que puedan sentir muchos caminantes al contemplar el esbelto perfil del Mytikas, una intimidante torre blanca y gris de apariencia inquietante, más aún con los jirones de brumas que juguetean entre las canales y espolones de esta legendaria cima. Sin embargo, a pesar de esta aparente inexpugnabilidad, el ascenso no es especialmente complicado para el montañero avezado, como vamos a comprobar a continuación.

Y la verdad es que se entiende la congoja que puedan sentir muchos caminantes al contemplar el esbelto perfil del Mytikas, una intimidante torre blanca y gris de apariencia inquietante, más aún con los jirones de brumas que juguetean entre las canales y espolones de esta legendaria cima. Sin embargo, a pesar de esta aparente inexpugnabilidad, el ascenso no es especialmente complicado para el montañero avezado, como vamos a comprobar a continuación.

Desde la misma cumbre del Skala debemos descender hacia la brecha que nos separa del Mytikas, siguiendo unas grandes marcas pintadas en la roca. El descenso es bastante empinado y descompuesto, por lo que debemos extremar las precauciones en los distintos destrepes que vamos encontrando. Durante esta accidentada bajada vamos trasponiendo varias brechas de menor tamaño, desde las que se entrevén los abismos que caen del Skolio.

Desde la misma cumbre del Skala debemos descender hacia la brecha que nos separa del Mytikas, siguiendo unas grandes marcas pintadas en la roca. El descenso es bastante empinado y descompuesto, por lo que debemos extremar las precauciones en los distintos destrepes que vamos encontrando. Durante esta accidentada bajada vamos trasponiendo varias brechas de menor tamaño, desde las que se entrevén los abismos que caen del Skolio.

Tras un primer tramo más vertical, la pendiente decrece al llegar a la brecha principal y llaneamos unos metros mientras nos dirigimos al gran embudo que permite acceder al Mytikas. El ascenso por este tubo nos dejará en la brecha entre la aguja adyacente al Mytikas y la cumbre principal y, desde allí, solo nos quedarán un breve destrepe y la última subida, ya más sencilla.

Tras un primer tramo más vertical, la pendiente decrece al llegar a la brecha principal y llaneamos unos metros mientras nos dirigimos al gran embudo que permite acceder al Mytikas. El ascenso por este tubo nos dejará en la brecha entre la aguja adyacente al Mytikas y la cumbre principal y, desde allí, solo nos quedarán un breve destrepe y la última subida, ya más sencilla.

Las marcas, como la que se ve en el margen inferior izquierdo de la imagen, son muy abundantes, encontrando una cada pocos metros, por lo que resulta muy difícil perder el itinerario correcto.

Las marcas, como la que se ve en el margen inferior izquierdo de la imagen, son muy abundantes, encontrando una cada pocos metros, por lo que resulta muy difícil perder el itinerario correcto.

Cuando llegamos a la base del embudo comprobamos que es menos vertical de lo que parecía desde el Skala, aunque está cubierto de piedrecilla suelta. Se puede realizar mayormente andando a excepción de dos tramos: el sector final, con constantes trepadas que no pasan del primer grado, y las placas que se ven en el centro de la imagen, donde se llegará al II grado, en un paso corto pero con pocas presas.

Cuando llegamos a la base del embudo comprobamos que es menos vertical de lo que parecía desde el Skala, aunque está cubierto de piedrecilla suelta. Se puede realizar mayormente andando a excepción de dos tramos: el sector final, con constantes trepadas que no pasan del primer grado, y las placas que se ven en el centro de la imagen, donde se llegará al II grado, en un paso corto pero con pocas presas.

Mientras ascendemos por el empinado tubo, a izquierda y derecha van apareciendo inquietantes torreones que, con la bruma, se asemejan a dedos. El Mytikas está plagado de este tipo de agujas que provocan que esta montaña de lejos tenga una apariencia bastante peculiar.

Mientras ascendemos por el empinado tubo, a izquierda y derecha van apareciendo inquietantes torreones que, con la bruma, se asemejan a dedos. El Mytikas está plagado de este tipo de agujas que provocan que esta montaña de lejos tenga una apariencia bastante peculiar.

Al acercarnos a la parte superior del embudo, el terreno pasa de ser descompuesto y pedregoso a una pared no muy vertical y de buena roca, pero con constantes trepadas de I grado.

Al acercarnos a la parte superior del embudo, el terreno pasa de ser descompuesto y pedregoso a una pared no muy vertical y de buena roca, pero con constantes trepadas de I grado.

Cuando llegamos a la parte superior de la ladera, nos encontramos con que todavía no hemos alcanzado la cumbre del Mytikas. De ella nos separa un corto cresterío y una brecha, tras la cual solo nos quedará remontar una empinada ladera terrosa para llegar a la banderola griega que marca la cima del Olimpo.

Cuando llegamos a la parte superior de la ladera, nos encontramos con que todavía no hemos alcanzado la cumbre del Mytikas. De ella nos separa un corto cresterío y una brecha, tras la cual solo nos quedará remontar una empinada ladera terrosa para llegar a la banderola griega que marca la cima del Olimpo.

Atrás dejamos el Skala, ya casi cubierto por las nubes, y la terrible aguja adosada al Mytikas, cuyo nombre, si lo tiene, desconozco.

Atrás dejamos el Skala, ya casi cubierto por las nubes, y la terrible aguja adosada al Mytikas, cuyo nombre, si lo tiene, desconozco.

El tramo de arista no se hace a toda cresta, pues es muy accidentada, sino que se recorre siempre por el lado derecho, es decir, por la cara este del Mytikas, que quizá no sea tan vertical como la oeste, pero resulta igualmente abrupta.

El tramo de arista no se hace a toda cresta, pues es muy accidentada, sino que se recorre siempre por el lado derecho, es decir, por la cara este del Mytikas, que quizá no sea tan vertical como la oeste, pero resulta igualmente abrupta.

Tras un último destrepe, más complicado que los anteriores y que puede alcanzar también el II grado, nos plantamos en la brecha y empezamos a ascender por la empinada pero sencilla ladera que nos dejará...

Tras un último destrepe, más complicado que los anteriores y que puede alcanzar también el II grado, nos plantamos en la brecha y empezamos a ascender por la empinada pero sencilla ladera que nos dejará...

...en la ancha cumbre del Mytikas, punto más alto del Monte Olimpo, de Grecia y segunda altura de todos los Balcanes. La sensación de encontrase en esta cima es especial, pues la importancia de esta montaña va mucho más allá de su altura o de su relevancia orográfica. Es embriagador saber que se está en una montaña que ha marcado tanto la cultura europea y, por extensión, la occidental, gracias a su permanente presencia en la mitología clásica. Pocas montañas tienen más renombre a nivel mundial que el Monte Olimpo.

...en la ancha cumbre del Mytikas, punto más alto del Monte Olimpo, de Grecia y segunda altura de todos los Balcanes. La sensación de encontrase en esta cima es especial, pues la importancia de esta montaña va mucho más allá de su altura o de su relevancia orográfica. Es embriagador saber que se está en una montaña que ha marcado tanto la cultura europea y, por extensión, la occidental, gracias a su permanente presencia en la mitología clásica. Pocas montañas tienen más renombre a nivel mundial que el Monte Olimpo.

Desgraciadamente, la panorámica no acompaña, y queda muy limitada a nuestro alrededor. Mirando atrás (lo poco que permiten las nubes) llegamos a distinguir parte de la silueta del Agios Antonios, la quinta montaña del Olimpo y, delante de ella, la cuarta: el Skala, con un par de montañeros en su cima, probablemente contemplando la belleza de la cumbre en la que nos encontramos.

Desgraciadamente, la panorámica no acompaña, y queda muy limitada a nuestro alrededor. Mirando atrás (lo poco que permiten las nubes) llegamos a distinguir parte de la silueta del Agios Antonios, la quinta montaña del Olimpo y, delante de ella, la cuarta: el Skala, con un par de montañeros en su cima, probablemente contemplando la belleza de la cumbre en la que nos encontramos.

Frente a nosotros se alza el terrible paredón del Stefani, también llamado Trono de Zeus, la tercera altura del macizo y seguramente la más complicada de ascender. Supuestamente tiene un par de pasos de tercer grado bastante expuestos, y aunque nos gustaría completar la tríada olímpica, con el empeoramiento del tiempo no podemos arriesgarnos a que nos pille la lluvia en una montaña tan comprometida.

Frente a nosotros se alza el terrible paredón del Stefani, también llamado Trono de Zeus, la tercera altura del macizo y seguramente la más complicada de ascender. Supuestamente tiene un par de pasos de tercer grado bastante expuestos, y aunque nos gustaría completar la tríada olímpica, con el empeoramiento del tiempo no podemos arriesgarnos a que nos pille la lluvia en una montaña tan comprometida.

Finalmente, hacia el oeste, el Gran Caldero recoge las aguas que se acumulan entre las piedras del portentoso circo coronado por el Mytikas y las demás cumbres mayores del Olimpo. Éstas aguas no tardarán en llegar al Mar Egeo, muy cercano al macizo, pero que ahora, desgraciadamente, no podemos contemplar debido a la creciente nubosidad que va cubriendo esta mítica cumbre. El dios del trueno no parece muy satisfecho de que hayamos invadido su morada y empieza a dar muestras de ello.

Finalmente, hacia el oeste, el Gran Caldero recoge las aguas que se acumulan entre las piedras del portentoso circo coronado por el Mytikas y las demás cumbres mayores del Olimpo. Éstas aguas no tardarán en llegar al Mar Egeo, muy cercano al macizo, pero que ahora, desgraciadamente, no podemos contemplar debido a la creciente nubosidad que va cubriendo esta mítica cumbre. El dios del trueno no parece muy satisfecho de que hayamos invadido su morada y empieza a dar muestras de ello.

Para evitar una mayor irritación de las divinidades, no permanecemos mucho tiempo en la cima y nos disponemos a bajar, utilizando para ello la otra vía de acceso al Mytikas: el corredor Louki. Esta canal parte directamente desde la cima y realmente parece que conduzca al Hades, el inframundo griego.

Para evitar una mayor irritación de las divinidades, no permanecemos mucho tiempo en la cima y nos disponemos a bajar, utilizando para ello la otra vía de acceso al Mytikas: el corredor Louki. Esta canal parte directamente desde la cima y realmente parece que conduzca al Hades, el inframundo griego.

La canal es muy vertical y está repleta de piedra suelta, por lo que resulta muy recomendable llevar casco para descenderla. También encontramos marcas de pintura (ahora azules) señalando los mejores pasos para bajar por la canal, que alterna tramos en los que podemos avanzar andando con otros en los que debemos destrepar, con pasos que pueden llegar al II grado y que quizá resulten algo más delicados que los realizados durante la subida.

La canal es muy vertical y está repleta de piedra suelta, por lo que resulta muy recomendable llevar casco para descenderla. También encontramos marcas de pintura (ahora azules) señalando los mejores pasos para bajar por la canal, que alterna tramos en los que podemos avanzar andando con otros en los que debemos destrepar, con pasos que pueden llegar al II grado y que quizá resulten algo más delicados que los realizados durante la subida.

Tras unos 200 metros de descenso alcanzamos el sendero de Zonaria, el mismo que abandonamos hace unas horas para subir hacia el Skala. Mirando atrás, la apariencia de las canales del Mytikas resulta fantasmagórica. La que hemos utilizado nosotros es la situada a la izquierda de la aguja central.

Tras unos 200 metros de descenso alcanzamos el sendero de Zonaria, el mismo que abandonamos hace unas horas para subir hacia el Skala. Mirando atrás, la apariencia de las canales del Mytikas resulta fantasmagórica. La que hemos utilizado nosotros es la situada a la izquierda de la aguja central.

El propósito de descender por este corredor era completar una circular y visitar el llamado Plató de las Musas, donde se encuentran otros dos refugios guardados del macizo, los situados a más altura. El plató se encuentra al otro lado de esta profunda dolina, con el refugio del Giosos Apostolidis situado en el simétrico collado entre el Toumpa y la perfecta pirámide del Profitis Ilias.

El propósito de descender por este corredor era completar una circular y visitar el llamado Plató de las Musas, donde se encuentran otros dos refugios guardados del macizo, los situados a más altura. El plató se encuentra al otro lado de esta profunda dolina, con el refugio del Giosos Apostolidis situado en el simétrico collado entre el Toumpa y la perfecta pirámide del Profitis Ilias.

El sendero realiza un amplio rodeo para esquivar la dolina bajo la gran pared del Stefani, de más de 200 metros de verticalidad absoluta.

El sendero realiza un amplio rodeo para esquivar la dolina bajo la gran pared del Stefani, de más de 200 metros de verticalidad absoluta.

Mientras la rodeamos, la pirámide del Profitis Ilias se va perfilando cada vez más. Esta cumbre era, según dicen, lo más cerca de las cumbres olímpicas que los antiguos griegos se atrevían a acercarse para no incurrir en la ira de Zeus. Ahora una antigua ermita dedicada a este profeta ocupa su cima, construida sobre las ruinas de templos más antiguos.

Mientras la rodeamos, la pirámide del Profitis Ilias se va perfilando cada vez más. Esta cumbre era, según dicen, lo más cerca de las cumbres olímpicas que los antiguos griegos se atrevían a acercarse para no incurrir en la ira de Zeus. Ahora una antigua ermita dedicada a este profeta ocupa su cima, construida sobre las ruinas de templos más antiguos.

Recorrida la pared por su base, llegamos al collado llamado "las Puertas", con el Stefani descollando brutalmente a nuestra izquierda y la colosal muralla del Skolio apenas intuyéndose entre las brumas.

Recorrida la pared por su base, llegamos al collado llamado "las Puertas", con el Stefani descollando brutalmente a nuestra izquierda y la colosal muralla del Skolio apenas intuyéndose entre las brumas.

Tras asomarnos una última vez al circo de Megala Kazania desde las Puertas, empezamos a caminar hacia el refugio Christos Kakkalos, pasando por debajo del Giosos Apostolidis y del Profitis Ilias. Desde el primer refugio tomaremos el sendero que, descendiendo hacia el marcado collado de la dolina que se ve en la parte inferior derecha de la foto, atraviesa la cara este del Mytikas en diagonal para llegar de nuevo al refugio donde hemos dormido, el Spilios Agapitos.

Tras asomarnos una última vez al circo de Megala Kazania desde las Puertas, empezamos a caminar hacia el refugio Christos Kakkalos, pasando por debajo del Giosos Apostolidis y del Profitis Ilias. Desde el primer refugio tomaremos el sendero que, descendiendo hacia el marcado collado de la dolina que se ve en la parte inferior derecha de la foto, atraviesa la cara este del Mytikas en diagonal para llegar de nuevo al refugio donde hemos dormido, el Spilios Agapitos.

Poco a poco, el Trono de Zeus se va tornando más atractivo, mientras las nubes vuelven a cobrar protagonismo. Ya no lo perderán, pues bajo nosotros se extiende una densa capa de bruma que nos acompañará durante todo el descenso, con truenos incluidos, aunque, de momento, sin ir a más. Remarco lo de "de momento".

Poco a poco, el Trono de Zeus se va tornando más atractivo, mientras las nubes vuelven a cobrar protagonismo. Ya no lo perderán, pues bajo nosotros se extiende una densa capa de bruma que nos acompañará durante todo el descenso, con truenos incluidos, aunque, de momento, sin ir a más. Remarco lo de "de momento".

Cuando llegamos al Christos Kakkalos, que marca el final del Plateau de las Musas (el cual apenas podemos ver debido a la creciente nubosidad), realizamos un merecido descanso contemplando el Stefani y su formidable pared en forma de medialuna. Ahora ya solo nos quedará un eterno descenso, primero hacia el refugio Spilios Agapitos y luego ya hacia Prionia. Para ello, descendemos por un claro camino hacia la dolina y luego entramos en la parte baja de Zonaria, los estratos rocosos paralelos.

Cuando llegamos al Christos Kakkalos, que marca el final del Plateau de las Musas (el cual apenas podemos ver debido a la creciente nubosidad), realizamos un merecido descanso contemplando el Stefani y su formidable pared en forma de medialuna. Ahora ya solo nos quedará un eterno descenso, primero hacia el refugio Spilios Agapitos y luego ya hacia Prionia. Para ello, descendemos por un claro camino hacia la dolina y luego entramos en la parte baja de Zonaria, los estratos rocosos paralelos.

Primero por terreno muy rocoso y después adentrándose en el bosque, el sendero resulta sencillo de seguir incluso en la densa niebla en la que estamos inmersos. Solo hay un par de pasos donde podríamos perder el camino, ambos al cruzar los barrancos que caen del Skala (en uno de los cuales hay un nevero permanente).

Primero por terreno muy rocoso y después adentrándose en el bosque, el sendero resulta sencillo de seguir incluso en la densa niebla en la que estamos inmersos. Solo hay un par de pasos donde podríamos perder el camino, ambos al cruzar los barrancos que caen del Skala (en uno de los cuales hay un nevero permanente).

Tras una hora de travesía en diagonal llegamos al refugio Spilios Agapitos, desde el que solo nos queda desandar el magnífico camino hasta Prionia. Mientras avanzamos por el bosque, finalmente llega nuestro castigo por habernos atrevido a profanar el Olimpo y el cielo se abre con un tremendo aguacero. Pero aguantamos el diluvio con alegría, porque ya nos hemos llevado el botín: haber conquistado la legendaria montaña de los dioses, una experiencia que nos va a acompañar de por vida.

Tras una hora de travesía en diagonal llegamos al refugio Spilios Agapitos, desde el que solo nos queda desandar el magnífico camino hasta Prionia. Mientras avanzamos por el bosque, finalmente llega nuestro castigo por habernos atrevido a profanar el Olimpo y el cielo se abre con un tremendo aguacero. Pero aguantamos el diluvio con alegría, porque ya nos hemos llevado el botín: haber conquistado la legendaria montaña de los dioses, una experiencia que nos va a acompañar de por vida.