Un volcán en los Pirineos

Anayet (2.574 m), Espelunciecha (2.396 m), Vértice de Anayet (2.555 m) y Pico Arroyeras (2.556 m) por el Portalet

El Anayet desde el Puerto de Canal Roya

El Anayet desde el Puerto de Canal Roya

Este macizo se articula alrededor de los bucólicos Llanos de Anayet, donde hoy encontramos dos lagos desde los que se puede obtener una de las postales más bonitas del Pirineo: la elegante silueta del Midi reflejada en las calmadas aguas del Ibón de Anayet. La búsqueda de esta imagen provoca que mucha gente visite este paraje y, posteriormente, intente ascender al altivo Anayet, la montaña más ascendida de la región con diferencia. Aparte del negro pilar del Anayet, el anfiteatro que rodea los Llanos alberga otras cumbres como el Vértice de Anayet, una cima en la que se pueden apreciar perfectamente los variados estratos geológicos que hay en la zona, el Arroyeras, privilegiado mirador de la Sierra de la Partacúa y de la Collarada o el Espelunciecha, la aislada montaña que es el mejor balcón sobre este circo. La consecución de todas estas cimas forma una actividad pirenaica de primer orden que, aunque no alcance grandes alturas, no debe infravalorarse, pues la verticalidad del Anayet, aunque fácilmente superable, no regala su ascensión. A cambio, disfrutaremos de las fabulosas vistas del Valle de Tena y del resto de los Pirineos Occidentales que se obtienen desde estas cumbres, recorriendo parajes que se encuentran entre los más bellos que ofrece nuestra cordillera; un itinerario de los que cuestan de olvidar.

Aunque parezca mentira, existen ejemplos de volcanes en la cordillera pirenaica. Los dos representantes más claros están, curiosamente, situados muy cerca uno del otro, en el extremo oriental de los Pirineos Occidentales. A ambos lados de la frontera del Portalet aparecen dos montañas cuya dura y resistente roca ha soportado la erosión que se llevó por delante los materiales más blandos que la recubrían, dejando al descubierto los restos verticales de antiguas chimeneas volcánicas que hoy conforman la estructura de estas montañas. Al norte del Portalet aparece, majestuoso, el Midi d’Ossau, la legendaria montaña que marca la máxima altura de los Pirineos Occidentales; al sur, ya en territorio aragonés y de menor altura pero rivalizando en esbeltez y belleza con su magmático gemelo, emerge el magnífico Anayet, una de las cimas más singulares y bellas de todo el Pirineo. El Anayet es el techo de un pequeño y aislado macizo enclavado en el oeste del Valle de Tena, que separa las dos montañas más altas del Pirineo Occidental: la Collarada y el ya mencionado Midi d’Ossau.

El Vértice de Anayet y el Anayet desde el Pico Algas

El Vértice de Anayet y el Anayet desde el Pico Algas

FICHA TÉCNICA

Desnivel1.500 m

Longitud18,6 km

Altura mínima1.600 m

Altura máxima2.574 m

Dificultad técnicaAscenso al Anayet con bastante trepada(I-I+), incluyendo un paso con cadenas fácil pero vertiginoso. Cresta del Vértice de Anayet hasta el Arroyetas sencilla pero con múltiples destrepes. Ascenso por una ladera herbosa muy empinada en la cara este del Espelunciecha.

Track en Wikiloc
Mapa de la ruta realizada tomado en el visor Iberpix

Mapa de la ruta realizada tomado en el visor Iberpix

Acceso

Esta excursión se ha realizado con dos vehículos, dejando uno en el Corral de las Mulas para poder descender por el Barranco de Culivillas, y otro en el sector Portalet de la estación de esquí de Formigal para el ascenso. En caso de disponer de un solo vehículo, es preferible dejarlo en el Portalet y realizar una travesía por la Glera de Anayet para regresar al mismo punto. Calcula la ruta desde cualquier punto de inicio pulsando este enlace a Google Maps.

NOTA IMPORTANTE: A partir del año 2026 se han establecido nuevas normas que regulan la pernocta en el entorno de los Llanos de Anayet. Entre el 21 de junio y el 21 de septiembre queda prohibida la pernocta con el objetivo de evitar la degradación de este entorno, ya muy masificado.

Fotodescripción

Empezamos la ruta en el parking del Portalet de la estación de esquí de Formigal, en lo que es una radiante pero calurosa tarde de julio. En el horizonte ya aparece la silueta del pilar volcánico del Anayet, detrás del Puerto de Canal Roya, adonde nos debemos dirigir.

Empezamos la ruta en el parking del Portalet de la estación de esquí de Formigal, en lo que es una radiante pero calurosa tarde de julio. En el horizonte ya aparece la silueta del pilar volcánico del Anayet, detrás del Puerto de Canal Roya, adonde nos debemos dirigir.

Atravesando los edificios de la estación, tomamos la pista que sube por el barranco de Espelunciecha, dominado por la cumbre homónima, un valle bonito que queda algo afeado por las infraestructuras de la estación de esquí.

Atravesando los edificios de la estación, tomamos la pista que sube por el barranco de Espelunciecha, dominado por la cumbre homónima, un valle bonito que queda algo afeado por las infraestructuras de la estación de esquí.

Vamos ascendiendo de forma gradual por el valle, alternando repechos con tramos llanos, como el recorrido por el Rincón de Espelunciecha, el punto donde parte del valle queda interrumpido por una potente pared. Nosotros seguimos por la pista, que remonta la vaguada previa al Puerto de Canal Roya.

Vamos ascendiendo de forma gradual por el valle, alternando repechos con tramos llanos, como el recorrido por el Rincón de Espelunciecha, el punto donde parte del valle queda interrumpido por una potente pared. Nosotros seguimos por la pista, que remonta la vaguada previa al Puerto de Canal Roya.

Tras ganar algo más de 400 metros de desnivel desde el parking de la estación, llegamos al collado, punto donde dejamos atrás los cacharros de la estación de Formigal y se abre ante nosotros...

Tras ganar algo más de 400 metros de desnivel desde el parking de la estación, llegamos al collado, punto donde dejamos atrás los cacharros de la estación de Formigal y se abre ante nosotros...

...el cordal fronterizo que delimita el profundo valle de la Canal Roya por el norte. En el centro, el <a href="https://triptomontes.com/pico-de-canal-roya-por-aneou/">Pico de Canal Roya</a>, que pudimos conocer este invierno.

...el cordal fronterizo que delimita el profundo valle de la Canal Roya por el norte. En el centro, el Pico de Canal Roya, que pudimos conocer este invierno.

Sin embargo, todas las miradas se dirigen rápidamente a una montaña mucho más atractiva e imponente. El Anayet se muestra por fin ante nosotros en todo su esplendor, ofreciéndonos su cara norte, la más vertical y magnífica. Para llegar a él debemos alcanzar los Llanos de Anayet, a la izquierda de la cima, pero el acceso directo a este paraje está obstaculizado por...

Sin embargo, todas las miradas se dirigen rápidamente a una montaña mucho más atractiva e imponente. El Anayet se muestra por fin ante nosotros en todo su esplendor, ofreciéndonos su cara norte, la más vertical y magnífica. Para llegar a él debemos alcanzar los Llanos de Anayet, a la izquierda de la cima, pero el acceso directo a este paraje está obstaculizado por...

...la Punta de Espelunciecha, que también presenta una estampa impresionante desde aquí. Normalmente se rodea esta montaña por la izquierda para enlazar con el GR que sube hasta los Llanos, pero debido a la bonita pose que nos regala el Espelunciecha desde aquí, nos decidimos a subirlo para luego descender hasta el fondo del circo por su cresta meridional, una opción más dura pero también mucho más atractiva.

...la Punta de Espelunciecha, que también presenta una estampa impresionante desde aquí. Normalmente se rodea esta montaña por la izquierda para enlazar con el GR que sube hasta los Llanos, pero debido a la bonita pose que nos regala el Espelunciecha desde aquí, nos decidimos a subirlo para luego descender hasta el fondo del circo por su cresta meridional, una opción más dura pero también mucho más atractiva.

Así pues, tomamos el sendero que se dirige a la cara norte del Espelunciecha, rodeando la contundente aguja de la Punta de la Rinconada.

Así pues, tomamos el sendero que se dirige a la cara norte del Espelunciecha, rodeando la contundente aguja de la Punta de la Rinconada.

Cuando estamos bajo la sombra de la montaña, se nos presentan dos opciones para llegar a su punto más alto. La primera consiste en remontar la descompuesta canal que se abre entre la Punta de la Rinconada y la cresta norte del Espelunciecha, pero rápidamente descartamos esta opción porque la vemos muy inestable. La segunda consiste en atravesar el caos de bloques situado a los pies de la cima y remontar la ladera herbosa que se aprecia en la fotografía, que suponemos muy empinada, pero más fácil de progresar que la tartera de la primera opción.

Cuando estamos bajo la sombra de la montaña, se nos presentan dos opciones para llegar a su punto más alto. La primera consiste en remontar la descompuesta canal que se abre entre la Punta de la Rinconada y la cresta norte del Espelunciecha, pero rápidamente descartamos esta opción porque la vemos muy inestable. La segunda consiste en atravesar el caos de bloques situado a los pies de la cima y remontar la ladera herbosa que se aprecia en la fotografía, que suponemos muy empinada, pero más fácil de progresar que la tartera de la primera opción.

Después de saltar por los rojizos bloques, nos disponemos a afrontar la ladera. Efectivamente, la subida es muy vertical, pero, si vamos con cuidado, se hace bastante bien.

Después de saltar por los rojizos bloques, nos disponemos a afrontar la ladera. Efectivamente, la subida es muy vertical, pero, si vamos con cuidado, se hace bastante bien.

De esta forma ganamos unos 150 metros de desnivel, alcanzando un rellano situado bajo los escarpes de la cima. Desde aquí trazamos una diagonal por una pedrera hacia la izquierda hasta llegar...

De esta forma ganamos unos 150 metros de desnivel, alcanzando un rellano situado bajo los escarpes de la cima. Desde aquí trazamos una diagonal por una pedrera hacia la izquierda hasta llegar...

...a la cresta meridional de Espelunciecha, con la cumbre situada a apenas unos metros. Tomando el sendero de la vía normal, que procede de los Llanos de Anayet, ganamos los metros que nos quedan para...

...a la cresta meridional de Espelunciecha, con la cumbre situada a apenas unos metros. Tomando el sendero de la vía normal, que procede de los Llanos de Anayet, ganamos los metros que nos quedan para...

...coronar la cumbre del Espelunciecha, desde donde, más allá la agreste Punta de la Rinconada y del herboso cordal fronterizo, asoma una de las cumbres más bellas y legendarias de todo el Pirineo: el Midi d'Ossau, que, a pesar de no llegar a la cifra de los 3.000 metros, supera con holgura a la mayoría de cimas del Pirineo en carácter, esbeltez e historia.

...coronar la cumbre del Espelunciecha, desde donde, más allá la agreste Punta de la Rinconada y del herboso cordal fronterizo, asoma una de las cumbres más bellas y legendarias de todo el Pirineo: el Midi d'Ossau, que, a pesar de no llegar a la cifra de los 3.000 metros, supera con holgura a la mayoría de cimas del Pirineo en carácter, esbeltez e historia.

La Punta de Espelunciecha, al estar apartado del resto de cimas del macizo y tener una ubicación más orientada hacia el este, tiene unas vistas privilegiadas del valle de Tena y de todas sus cumbres, dominadas por el Balaitús y los Infiernos en sus respectivos núcleos.

La Punta de Espelunciecha, al estar apartado del resto de cimas del macizo y tener una ubicación más orientada hacia el este, tiene unas vistas privilegiadas del valle de Tena y de todas sus cumbres, dominadas por el Balaitús y los Infiernos en sus respectivos núcleos.

Pero estas grandes cimas, de las más importantes del Pirineo, no tienen la airosidad de la montaña situada justo delante de nosotros. La silueta del Anayet nos demuestra desde aquí que no es un simple monolito: descubrimos afilados torreones y profundas brechas que aparecen entre los últimos rayos del atardecer y que antes no habíamos podido observar. ¡Qué montaña tan magnífica!

Pero estas grandes cimas, de las más importantes del Pirineo, no tienen la airosidad de la montaña situada justo delante de nosotros. La silueta del Anayet nos demuestra desde aquí que no es un simple monolito: descubrimos afilados torreones y profundas brechas que aparecen entre los últimos rayos del atardecer y que antes no habíamos podido observar. ¡Qué montaña tan magnífica!

Para llegar a esta montaña debemos descender hasta los Llanos de Anayet, que ahora podemos ver por primera vez, descubriéndose sus lagos y humedales. En el horizonte, a contraluz, vemos el piramidal Vértice de Anayet y la cresta del Garmo de Izás, que mañana vamos a recorrer tras pasar la noche en los Llanos.

Para llegar a esta montaña debemos descender hasta los Llanos de Anayet, que ahora podemos ver por primera vez, descubriéndose sus lagos y humedales. En el horizonte, a contraluz, vemos el piramidal Vértice de Anayet y la cresta del Garmo de Izás, que mañana vamos a recorrer tras pasar la noche en los Llanos.

Con el Arroyeras, la última cima que hollaremos mañana, ante nosotros, empezamos a descender por la cresta meridional del Espelunciecha, utilizando un sendero que baja de forma bastante plácida por la herbosa arista.

Con el Arroyeras, la última cima que hollaremos mañana, ante nosotros, empezamos a descender por la cresta meridional del Espelunciecha, utilizando un sendero que baja de forma bastante plácida por la herbosa arista.

A medida que avanzamos, el Sol va ocultándose tras la aguda silueta del Anayet, entrando rápidamente en la penumbra que reina en los Llanos.

A medida que avanzamos, el Sol va ocultándose tras la aguda silueta del Anayet, entrando rápidamente en la penumbra que reina en los Llanos.

Atrás dejamos el Espelunciecha, de formas mucho más suaves que las de su agreste vecino.

Atrás dejamos el Espelunciecha, de formas mucho más suaves que las de su agreste vecino.

Llegamos así a los extensos Llanos de Anayet, un paraje de una belleza incomparable. Este paradisíaco lugar, encajonado entre las cimas del macizo homónimo, es un extenso rellano herboso donde confluyen las aguas que caen de las crestas del circo, que se concentran en dos ibones. Antiguamente eran tres, pero el más meridional quedó colmatado, un destino que le aguarda también al segundo de ellos, cuyo tamaño va reduciéndose poco a poco ante los sedimentos que van ocupando su mitad meridional. Sin embargo, el valor de este paraje no es menor por este hecho, más bien lo contrario, pues la colmatación del ibón transforma el terreno en turberas y humedales de alto valor ecológico.

Llegamos así a los extensos Llanos de Anayet, un paraje de una belleza incomparable. Este paradisíaco lugar, encajonado entre las cimas del macizo homónimo, es un extenso rellano herboso donde confluyen las aguas que caen de las crestas del circo, que se concentran en dos ibones. Antiguamente eran tres, pero el más meridional quedó colmatado, un destino que le aguarda también al segundo de ellos, cuyo tamaño va reduciéndose poco a poco ante los sedimentos que van ocupando su mitad meridional. Sin embargo, el valor de este paraje no es menor por este hecho, más bien lo contrario, pues la colmatación del ibón transforma el terreno en turberas y humedales de alto valor ecológico.

Pero hoy aún podemos acercarnos al extremo de este lago y disfrutar de una de las postales más emblemáticas del Pirineo: el Midi d'Ossau, de un suave tono rosado, reflejado en las aguas del Ibón de Anayet. Una imagen que se queda grabada en la retina.

Pero hoy aún podemos acercarnos al extremo de este lago y disfrutar de una de las postales más emblemáticas del Pirineo: el Midi d'Ossau, de un suave tono rosado, reflejado en las aguas del Ibón de Anayet. Una imagen que se queda grabada en la retina.

Las oscuras torres del Anayet también se reflejan en las calmadas aguas del lago. Parece imposible que exista una vía relativamente sencilla para ascender a esta afilada cima.

Las oscuras torres del Anayet también se reflejan en las calmadas aguas del lago. Parece imposible que exista una vía relativamente sencilla para ascender a esta afilada cima.

Con los últimos y más débiles rayos de sol tocando las cimas de Culivillas y Arroyeras, nos dirigimos hacia las colinas de hierba situadas al sur del lago principal, donde buscamos un lugar llano y cómodo donde poner el saco y pasar la noche.

Con los últimos y más débiles rayos de sol tocando las cimas de Culivillas y Arroyeras, nos dirigimos hacia las colinas de hierba situadas al sur del lago principal, donde buscamos un lugar llano y cómodo donde poner el saco y pasar la noche.

Y con las últimas luces iluminando los siempre vistosos <a href="https://triptomontes.com/circular-a-los-picos-del-infierno-desde-los-banos-de-panticosa-por-los-ibones-azules-y-retorno-por-pondiellos/">Picos del Infierno</a> y el elevado núcleo formado por el Garmo Negro, el Algas y el Argualas, nos disponemos a pasar la noche en este maravilloso entorno.

Y con las últimas luces iluminando los siempre vistosos Picos del Infierno y el elevado núcleo formado por el Garmo Negro, el Algas y el Argualas, nos disponemos a pasar la noche en este maravilloso entorno.

Después de una noche protagonizada por la elevada humedad, que nos deja las fundas empapadas, amanece un día radiante que apunta a ser caluroso. Por tanto, cuando empieza a clarear, recogemos los sacos y nos ponemos en marcha. Al principio seguimos el GR, pero no durante mucho tiempo, puesto que, cuando este camino gira hacia el norte para empezar el descenso hacia el fondo del valle de Canal Roya...

Después de una noche protagonizada por la elevada humedad, que nos deja las fundas empapadas, amanece un día radiante que apunta a ser caluroso. Por tanto, cuando empieza a clarear, recogemos los sacos y nos ponemos en marcha. Al principio seguimos el GR, pero no durante mucho tiempo, puesto que, cuando este camino gira hacia el norte para empezar el descenso hacia el fondo del valle de Canal Roya...

...aparece un sendero que, desviándose del trazo del GR, empieza a subir hacia el Cuello de Anayet, perfectamente visible entre la oscura pared del Anayet y la rojiza pirámide de su Vértice.

...aparece un sendero que, desviándose del trazo del GR, empieza a subir hacia el Cuello de Anayet, perfectamente visible entre la oscura pared del Anayet y la rojiza pirámide de su Vértice.

Tras un primer tramo bastante llano, al llegar a la base del collado el terreno se empina bruscamente. Debemos sortear curiosos bloques de algo que parece conglomerado y de un intenso color rojo antes de emprender la última subida al collado, empinada, aunque el sendero la salva mediante cómodos zigzags.

Tras un primer tramo bastante llano, al llegar a la base del collado el terreno se empina bruscamente. Debemos sortear curiosos bloques de algo que parece conglomerado y de un intenso color rojo antes de emprender la última subida al collado, empinada, aunque el sendero la salva mediante cómodos zigzags.

Estamos ya en la base del Anayet, pudiendo observar perfectamente la terraza ubicada sobre la pared inferior, por la que avanzaremos dentro de un rato, y también la canal oblicua que permite coronar esta aguda cumbre sin demasiada dificultad.

Estamos ya en la base del Anayet, pudiendo observar perfectamente la terraza ubicada sobre la pared inferior, por la que avanzaremos dentro de un rato, y también la canal oblicua que permite coronar esta aguda cumbre sin demasiada dificultad.

Mientras subimos hacia el collado, el sol empieza a hacer acto de presencia, tiñendo de dorado tanto el cielo como las cimas del Palas, el Balaitús y las Frondellas, mientras que los Picos de Soques permanecen en una penetrante oscuridad. En el Balaitús y las Frondellas se distinguen a la perfección las afiladas e inconfundibles siluetas de la Aguja Lamathe y la Aguja Cadier, adosadas a sus respectivas cumbres principales.

Mientras subimos hacia el collado, el sol empieza a hacer acto de presencia, tiñendo de dorado tanto el cielo como las cimas del Palas, el Balaitús y las Frondellas, mientras que los Picos de Soques permanecen en una penetrante oscuridad. En el Balaitús y las Frondellas se distinguen a la perfección las afiladas e inconfundibles siluetas de la Aguja Lamathe y la Aguja Cadier, adosadas a sus respectivas cumbres principales.

Llegamos al collado justo cuando el astro rey asoma a la derecha del imponente pitón volcánico que nos disponemos a ascender ahora. Nos detenemos unos minutos para contemplar con tranquilidad el amanecer, y luego nos metemos en faena.

Llegamos al collado justo cuando el astro rey asoma a la derecha del imponente pitón volcánico que nos disponemos a ascender ahora. Nos detenemos unos minutos para contemplar con tranquilidad el amanecer, y luego nos metemos en faena.

Con el Midi vigilando nuestros pasos, tomamos el marcado sendero que avanza bajo la pared oeste del Anayet, aún de no gran tamaño. Aprovechando una serie de repisas y alguna canal fácil, trepamos hasta alcanzar...

Con el Midi vigilando nuestros pasos, tomamos el marcado sendero que avanza bajo la pared oeste del Anayet, aún de no gran tamaño. Aprovechando una serie de repisas y alguna canal fácil, trepamos hasta alcanzar...

...la parte superior de la terraza que habíamos visto desde abajo, donde pasamos a andar por una peculiar arenisca de intenso color rojo.

...la parte superior de la terraza que habíamos visto desde abajo, donde pasamos a andar por una peculiar arenisca de intenso color rojo.

Los hitos nos indican que debemos pasar a la vertiente occidental de esta terraza, bordeando unos escarpes de arenisca por la derecha. Tras atravesar este terreno de arenisca, el sendero reaparece y empieza a subir con fuerza por una inestable pedrera.

Los hitos nos indican que debemos pasar a la vertiente occidental de esta terraza, bordeando unos escarpes de arenisca por la derecha. Tras atravesar este terreno de arenisca, el sendero reaparece y empieza a subir con fuerza por una inestable pedrera.

Al final de la pedrera, llegamos al famoso paso de las cadenas. En este paso, quizás el más complejo de la ruta, debemos atravesar una ladera rocosa, algo pulida y expuesta, que sería bastante compleja de afrontar de no ser por las sólidas cadenas que ayudan a superar el paso con seguridad. De todas formas, es un paso que puede impresionar a quienes tengan algo de vértigo, pues hay una buena caída.

Al final de la pedrera, llegamos al famoso paso de las cadenas. En este paso, quizás el más complejo de la ruta, debemos atravesar una ladera rocosa, algo pulida y expuesta, que sería bastante compleja de afrontar de no ser por las sólidas cadenas que ayudan a superar el paso con seguridad. De todas formas, es un paso que puede impresionar a quienes tengan algo de vértigo, pues hay una buena caída.

Después del tramo de las cadenas, entramos en una vira herbosa que nos lleva al inicio de una escondida canal que atraviesa la pared en diagonal y que nos permitirá salvar los cincuenta metros que nos quedan para la cima. La canal es sencilla (no pasará del I-I+ grado), pero en su parte intermedia es bastante descompuesta y existe el riesgo de que caigan piedras, por lo que conviene afrontarla con precaución.

Después del tramo de las cadenas, entramos en una vira herbosa que nos lleva al inicio de una escondida canal que atraviesa la pared en diagonal y que nos permitirá salvar los cincuenta metros que nos quedan para la cima. La canal es sencilla (no pasará del I-I+ grado), pero en su parte intermedia es bastante descompuesta y existe el riesgo de que caigan piedras, por lo que conviene afrontarla con precaución.

Finalmente, tras la entretenida trepada de la canal, llegamos a la estrecha cima del Anayet, casi enteramente ocupada por un vivac. No es mala cima para vivaquear, pues las vistas que se disfrutan desde este nido de águilas son extraordinarias, empezando por el panorama septentrional, protagonizado indiscutiblemente por el Midi d'Ossau. Sin embargo, ahora podemos distinguir a dos ilustres acompañantes, uno a cada lado del gigante del Pirineo Occidental: los macizos de Sesques, a la izquierda, y el de Ger a la derecha.

Finalmente, tras la entretenida trepada de la canal, llegamos a la estrecha cima del Anayet, casi enteramente ocupada por un vivac. No es mala cima para vivaquear, pues las vistas que se disfrutan desde este nido de águilas son extraordinarias, empezando por el panorama septentrional, protagonizado indiscutiblemente por el Midi d'Ossau. Sin embargo, ahora podemos distinguir a dos ilustres acompañantes, uno a cada lado del gigante del Pirineo Occidental: los macizos de Sesques, a la izquierda, y el de Ger a la derecha.

Si miramos hacia el noreste, vemos los últimos representantes del Pirineo Axial por el oeste: Lurien, Palas, Soques, Arriel y, entre muchos otros, el último gran tresmil del Pirineo: el Balaitús.

Si miramos hacia el noreste, vemos los últimos representantes del Pirineo Axial por el oeste: Lurien, Palas, Soques, Arriel y, entre muchos otros, el último gran tresmil del Pirineo: el Balaitús.

Al este, más allá de los dos Ibones de Anayet y de la oscura masa del Espelunciecha, contemplamos el valle de Tena casi al completo, cerrado por el sur por la muralla de Tendeñera. Entre esta sierra y los tresmiles de Panticosa, llegamos a divisar entre el contraluz y la calima, las inconfundibles siluetas de las Tres Sorores.

Al este, más allá de los dos Ibones de Anayet y de la oscura masa del Espelunciecha, contemplamos el valle de Tena casi al completo, cerrado por el sur por la muralla de Tendeñera. Entre esta sierra y los tresmiles de Panticosa, llegamos a divisar entre el contraluz y la calima, las inconfundibles siluetas de las Tres Sorores.

Cambiando hacia el punto cardinal opuesto, vemos la totalidad de los Pirineos Occidentales, pudiendo distinguir prácticamente todas sus cimas principales: desde la mole del Bisaurín a la izquierda, hasta la lejana pirámide del Anie, para muchos la última gran cumbre del Pirineo por el oeste.

Cambiando hacia el punto cardinal opuesto, vemos la totalidad de los Pirineos Occidentales, pudiendo distinguir prácticamente todas sus cimas principales: desde la mole del Bisaurín a la izquierda, hasta la lejana pirámide del Anie, para muchos la última gran cumbre del Pirineo por el oeste.

Finalmente, miramos hacia el sur, donde el horizonte queda enteramente ocupado por la imponente muralla que se extiende de la airosa Punta Escarra hasta la Moleta, con la brutal Pala de Ip en el centro y el inconfundible casco del Collarada asomando por detrás de la Punta de la Tronquera. Sin embargo, ahora nos fijamos en la montaña más cercana, la colorida pirámide del Vértice de Anayet, con la cresta del Garmo de Izás saliendo hacia la izquierda; montaña y arista que nos disponemos a conocer a continuación.

Finalmente, miramos hacia el sur, donde el horizonte queda enteramente ocupado por la imponente muralla que se extiende de la airosa Punta Escarra hasta la Moleta, con la brutal Pala de Ip en el centro y el inconfundible casco del Collarada asomando por detrás de la Punta de la Tronquera. Sin embargo, ahora nos fijamos en la montaña más cercana, la colorida pirámide del Vértice de Anayet, con la cresta del Garmo de Izás saliendo hacia la izquierda; montaña y arista que nos disponemos a conocer a continuación.

Empezamos destrepando la canal, que, a pesar de ser bastante vertical, tiene un senderillo que facilita su descenso.

Empezamos destrepando la canal, que, a pesar de ser bastante vertical, tiene un senderillo que facilita su descenso.

Mientras desandamos la terraza rocosa, contemplamos el Vértice de Anayet, también llamada Punta O Garmo. A pesar de no tener el carácter de su vecina, sigue siendo una montaña bastante bonita, con los pliegues rojizos que forman su cara este, en claro contraste con su herbosa cara occidental.

Mientras desandamos la terraza rocosa, contemplamos el Vértice de Anayet, también llamada Punta O Garmo. A pesar de no tener el carácter de su vecina, sigue siendo una montaña bastante bonita, con los pliegues rojizos que forman su cara este, en claro contraste con su herbosa cara occidental.

Cuando llegamos al Cuello de Anayet, solo quedará seguir el sendero que recorre la arista septentrional de esta montaña, al principio herbosa y suave.

Cuando llegamos al Cuello de Anayet, solo quedará seguir el sendero que recorre la arista septentrional de esta montaña, al principio herbosa y suave.

Subimos por el mismo filo de la arista, lo que nos permite contemplar la cresta que cierra los Llanos de Anayet por el sur y que se prolonga de la montaña a la que estamos subiendo hasta el lejano Arroyeras. Esta cresta, cuya cota principal es el Garmo de Izás, tiene tramos bastante estéticos, como el descarnado muro rosáceo que se ve en la fotografía.

Subimos por el mismo filo de la arista, lo que nos permite contemplar la cresta que cierra los Llanos de Anayet por el sur y que se prolonga de la montaña a la que estamos subiendo hasta el lejano Arroyeras. Esta cresta, cuya cota principal es el Garmo de Izás, tiene tramos bastante estéticos, como el descarnado muro rosáceo que se ve en la fotografía.

Después de una primera sección muy fácil, la segunda parte de la arista es algo más rocosa y erguida, teniendo que apoyar las manos en el suelo en algún punto.

Después de una primera sección muy fácil, la segunda parte de la arista es algo más rocosa y erguida, teniendo que apoyar las manos en el suelo en algún punto.

Después de unos 20 minutos de ascenso desde el Cuello de Anayet, alcanzamos el vértice que da nombre a esta cima. Muy original no es, la verdad.

Después de unos 20 minutos de ascenso desde el Cuello de Anayet, alcanzamos el vértice que da nombre a esta cima. Muy original no es, la verdad.

Las vistas desde el Vértice de Anayet son muy similares a las de su hermano mayor, con una salvedad. Al estar situado justo encima del valle de Izás, no hay nada que nos obstaculice las vistas sobre el cordal que delimita este valle por su otra vertiente, un murallón que no tiene nada que envidiar a las grandes paredes del Pirineo Axial.

Las vistas desde el Vértice de Anayet son muy similares a las de su hermano mayor, con una salvedad. Al estar situado justo encima del valle de Izás, no hay nada que nos obstaculice las vistas sobre el cordal que delimita este valle por su otra vertiente, un murallón que no tiene nada que envidiar a las grandes paredes del Pirineo Axial.

Desde aquí también se descubre una de las cimas más emblemáticas del Pirineo, en opinión de quién escribe: la terminación de la Sierra de la Partacúa por el este, la Peña Telera, cuya pared norte es uno de los grandes abismos de la cordillera.

Desde aquí también se descubre una de las cimas más emblemáticas del Pirineo, en opinión de quién escribe: la terminación de la Sierra de la Partacúa por el este, la Peña Telera, cuya pared norte es uno de los grandes abismos de la cordillera.

Si hasta ahora hemos recorrido el cordal que delimita por el oeste los Llanos de Anayet, ahora debemos recorrer el que marca el límite del circo por el sur, itinerario bastante más largo que el realizado hasta ahora pues, como se puede apreciar, el Arroyeras aún queda lejos. Pero para llegar a esta cima debemos realizar un itinerario por toda la arista que vemos frente a nosotros que, a pesar de parecer sencilla, es bastante más entretenida de lo que parece a simple vista. Así pues, empezamos a descender por la rocosa arista oriental de la Punta O Garmo.

Si hasta ahora hemos recorrido el cordal que delimita por el oeste los Llanos de Anayet, ahora debemos recorrer el que marca el límite del circo por el sur, itinerario bastante más largo que el realizado hasta ahora pues, como se puede apreciar, el Arroyeras aún queda lejos. Pero para llegar a esta cima debemos realizar un itinerario por toda la arista que vemos frente a nosotros que, a pesar de parecer sencilla, es bastante más entretenida de lo que parece a simple vista. Así pues, empezamos a descender por la rocosa arista oriental de la Punta O Garmo.

Durante el descenso disfrutamos de un primerísimo plano de la peculiar cara este de esta montaña. Se me ocurren pocas cimas del Pirineo que muestren de una forma tan clara la rojiza arenisca como esta.

Durante el descenso disfrutamos de un primerísimo plano de la peculiar cara este de esta montaña. Se me ocurren pocas cimas del Pirineo que muestren de una forma tan clara la rojiza arenisca como esta.

Cuando llegamos al collado posterior al Vértice, observamos la primera de las puntas que jalonan este cordal, que tiene una pinta bastante aguda. Por ello, la sorteamos por la derecha, siguiendo un trazo de sendero que nos va a acompañar durante buena parte del recorrido por la cresta.

Cuando llegamos al collado posterior al Vértice, observamos la primera de las puntas que jalonan este cordal, que tiene una pinta bastante aguda. Por ello, la sorteamos por la derecha, siguiendo un trazo de sendero que nos va a acompañar durante buena parte del recorrido por la cresta.

Traspuesta esta cota, empezamos a encontrar tramos rocosos en los que tenemos que realizar alguna trepada, si vemos posible superarlos, o flanqueos, si no lo vemos claro. Durante la arista vamos a encontrar muchas pequeñas puntas, invisibles desde la lejanía, que nos van a ralentizar el ritmo, al ser más entretenida su superación de lo que habíamos pensado.

Traspuesta esta cota, empezamos a encontrar tramos rocosos en los que tenemos que realizar alguna trepada, si vemos posible superarlos, o flanqueos, si no lo vemos claro. Durante la arista vamos a encontrar muchas pequeñas puntas, invisibles desde la lejanía, que nos van a ralentizar el ritmo, al ser más entretenida su superación de lo que habíamos pensado.

Mientras vamos avanzando por la arista, nuestra perspectiva sobre el Anayet va cambiando poco a poco, pudiendo distinguir a la perfección todo el itinerario hasta llegar a su cima: la terraza rojiza, la pedrera, el paso de las cadenas, la vira herbosa y la canal diagonal que llega a la cima, donde ahora vemos a dos personas. Además, según nos vamos desplazando, el Anayet va ocultando poco a poco la bífida forma del Midi. Los dos restos volcánicos más famosos del Pirineo, codo con codo.

Mientras vamos avanzando por la arista, nuestra perspectiva sobre el Anayet va cambiando poco a poco, pudiendo distinguir a la perfección todo el itinerario hasta llegar a su cima: la terraza rojiza, la pedrera, el paso de las cadenas, la vira herbosa y la canal diagonal que llega a la cima, donde ahora vemos a dos personas. Además, según nos vamos desplazando, el Anayet va ocultando poco a poco la bífida forma del Midi. Los dos restos volcánicos más famosos del Pirineo, codo con codo.

Estamos a los pies del Garmo de Izás, la punta más relevante de toda la arista. Una veintena de metros de desnivel y llegamos...

Estamos a los pies del Garmo de Izás, la punta más relevante de toda la arista. Una veintena de metros de desnivel y llegamos...

...a su cima, la menos relevante de todo el anfiteatro, pero con nombre. En lontananza, el Vértice de Anayet, que desde aquí tiene una estampa mucho más achaparrada.

...a su cima, la menos relevante de todo el anfiteatro, pero con nombre. En lontananza, el Vértice de Anayet, que desde aquí tiene una estampa mucho más achaparrada.

Desde esta cima también contemplamos una curiosa alineación: el Ibón principal de Anayet, en línea con la Punta de Espelunciecha, que a su vez está alineada con el cordal de Soques y la pirámide del Arriel. Además, vemos como en los Llanos de Anayet hay muchos más pequeños lagos aparte de los dos de mayor tamaño.

Desde esta cima también contemplamos una curiosa alineación: el Ibón principal de Anayet, en línea con la Punta de Espelunciecha, que a su vez está alineada con el cordal de Soques y la pirámide del Arriel. Además, vemos como en los Llanos de Anayet hay muchos más pequeños lagos aparte de los dos de mayor tamaño.

A partir de aquí nos queda un descenso más brusco para alcanzar el Paso de las Negras, el paso previo al Arroyeras, cuya cima ya vemos mucho más cercana. Este descenso presenta constantes destrepes, muy elementales, pero que requieren concentración.

A partir de aquí nos queda un descenso más brusco para alcanzar el Paso de las Negras, el paso previo al Arroyeras, cuya cima ya vemos mucho más cercana. Este descenso presenta constantes destrepes, muy elementales, pero que requieren concentración.

El Paso de las Negras está formado, en realidad, por dos brechas de similar altura, separadas por una cota bastante vertical que debemos rodear por la izquierda.

El Paso de las Negras está formado, en realidad, por dos brechas de similar altura, separadas por una cota bastante vertical que debemos rodear por la izquierda.

Al llegar a la brecha oriental del collado nos toca remontar unos 60 metros para superar la última de las puntas de la cresta, tras la cual descendemos a un último collado previo a...

Al llegar a la brecha oriental del collado nos toca remontar unos 60 metros para superar la última de las puntas de la cresta, tras la cual descendemos a un último collado previo a...

...la ladera final del Arroyeras. Son 120 metros de desnivel que discurren por una empinada pendiente terrosa, con un tramo algo más descompuesto en la sección final.

...la ladera final del Arroyeras. Son 120 metros de desnivel que discurren por una empinada pendiente terrosa, con un tramo algo más descompuesto en la sección final.

Ya con las piernas cansadas, esta empinada ladera se nos hace pesada, pero finalmente coronamos la última cima de la jornada, cerrando el círculo del anfiteatro de Anayet.

Ya con las piernas cansadas, esta empinada ladera se nos hace pesada, pero finalmente coronamos la última cima de la jornada, cerrando el círculo del anfiteatro de Anayet.

Mientras descansamos y comemos algo, contemplamos con tranquilidad las montañas que nos rodean, destacando un primer plano de la brutal pared septentrional de la Pala de Ip que, a pesar de no tener la fama de otras murallas del Pirineo, considero que, por amplitud y verticalidad, entra dentro del ranking de paredes más grandes de la cordillera.

Mientras descansamos y comemos algo, contemplamos con tranquilidad las montañas que nos rodean, destacando un primer plano de la brutal pared septentrional de la Pala de Ip que, a pesar de no tener la fama de otras murallas del Pirineo, considero que, por amplitud y verticalidad, entra dentro del ranking de paredes más grandes de la cordillera.

Muy cercana a la anterior, la Punta Escarra es quizás la cima más bella del macizo de Collarada, con su casquete somital ofreciéndonos todos sus detalles. Como se puede apreciar rápidamente, no es fácil alcanzar su cima.

Muy cercana a la anterior, la Punta Escarra es quizás la cima más bella del macizo de Collarada, con su casquete somital ofreciéndonos todos sus detalles. Como se puede apreciar rápidamente, no es fácil alcanzar su cima.

En el otro extremo del cordal que hemos recorrido, observamos el Vértice de Anayet, que parece sacado de un cuadro impresionista. A la derecha de esta cima, la tremenda pirámide del Petrechema y la Mesa de los Tres Reyes, punto más alto de Navarra.

En el otro extremo del cordal que hemos recorrido, observamos el Vértice de Anayet, que parece sacado de un cuadro impresionista. A la derecha de esta cima, la tremenda pirámide del Petrechema y la Mesa de los Tres Reyes, punto más alto de Navarra.

Y, para cerrar la panorámica, un zoom sobre el pitón volcánico del Anayet, sin duda la cumbre más bonita ya no solo del circo, sino de esta zona del Pirineo. Desde aquí se tiene una vista frontal del tubo de la vía normal, sin el cual acceder a esta cima sería una tarea bastante más complicada.

Y, para cerrar la panorámica, un zoom sobre el pitón volcánico del Anayet, sin duda la cumbre más bonita ya no solo del circo, sino de esta zona del Pirineo. Desde aquí se tiene una vista frontal del tubo de la vía normal, sin el cual acceder a esta cima sería una tarea bastante más complicada.

Aunque la intención inicial era proseguir con el cresteo hacia el este, con el objetivo de conocer las cumbres del Culivillas y del Pico Royo, se nos ha hecho tarde y el calor empieza a apretar de lo lindo. Además, parece que a partir de aquí el itinerario es algo más complejo, lo que nos demoraría demasiado. Por tanto, muy a nuestro pesar, decidimos dar marcha atrás.

Aunque la intención inicial era proseguir con el cresteo hacia el este, con el objetivo de conocer las cumbres del Culivillas y del Pico Royo, se nos ha hecho tarde y el calor empieza a apretar de lo lindo. Además, parece que a partir de aquí el itinerario es algo más complejo, lo que nos demoraría demasiado. Por tanto, muy a nuestro pesar, decidimos dar marcha atrás.

Así pues, desandamos nuestros pasos hasta el collado previo al Arroyeras y nos lanzamos de vuelta a los Llanos de Anayet, al principio por una ladera descompuesta, con el objetivo de llegar al rellano donde se sitúa un pequeño lago.

Así pues, desandamos nuestros pasos hasta el collado previo al Arroyeras y nos lanzamos de vuelta a los Llanos de Anayet, al principio por una ladera descompuesta, con el objetivo de llegar al rellano donde se sitúa un pequeño lago.

Nuestro objetivo es enlazar con el sendero que sube a los Llanos de Anayet desde la estación de Formigal, cuyo trazado vemos en el fondo del barranco. Aunque podríamos girar a la izquierda para unirnos a él cerca del ibón, es mucho más rápido descender por el tubo que vemos a la derecha de la mancha rojiza que tenemos enfrente, que nos conducirá directamente al barranco de Culivillas, donde podremos tomar el sendero en un punto más avanzado.

Nuestro objetivo es enlazar con el sendero que sube a los Llanos de Anayet desde la estación de Formigal, cuyo trazado vemos en el fondo del barranco. Aunque podríamos girar a la izquierda para unirnos a él cerca del ibón, es mucho más rápido descender por el tubo que vemos a la derecha de la mancha rojiza que tenemos enfrente, que nos conducirá directamente al barranco de Culivillas, donde podremos tomar el sendero en un punto más avanzado.

A pesar de avanzar sin camino, el descenso no resulta incómodo, progresando de forma general por el margen derecho del barranco, más herboso que el izquierdo.

A pesar de avanzar sin camino, el descenso no resulta incómodo, progresando de forma general por el margen derecho del barranco, más herboso que el izquierdo.

En el tramo final, con la imponente mole del Espelunciecha ya encima de nosotros, descendemos directamente junto al cauce del barranco, en un terreno algo más pedregoso, pero todavía bastante cómodo.

En el tramo final, con la imponente mole del Espelunciecha ya encima de nosotros, descendemos directamente junto al cauce del barranco, en un terreno algo más pedregoso, pero todavía bastante cómodo.

Finalmente llegamos al fondo del Barranco de Culivillas, donde vadeamos el río que procede de los Llanos de Anayet para, al otro lado, unirnos al sendero que nos llevará a la estación de Formigal.

Finalmente llegamos al fondo del Barranco de Culivillas, donde vadeamos el río que procede de los Llanos de Anayet para, al otro lado, unirnos al sendero que nos llevará a la estación de Formigal.

La bajada por el Barranco de Culivillas es una auténtica autopista, no en vano es una de las excursiones más famosas del valle de Tena. Aún así, se hace algo pesada, al quedar bastante limitadas las vistas debido al encajonamiento del barranco.

La bajada por el Barranco de Culivillas es una auténtica autopista, no en vano es una de las excursiones más famosas del valle de Tena. Aún así, se hace algo pesada, al quedar bastante limitadas las vistas debido al encajonamiento del barranco.

Después de girar hacia el norte, el sendero llega al sector de Anayet de la estación de esquí de Formigal. Ya solo nos quedará descender por carretera hasta el Corral de las Mulas, donde hemos dejado el segundo coche, para así finalizar esta ruta en la que hemos conocido algunos de los parajes y montañas más bellos de la cordillera pirenaica.

Después de girar hacia el norte, el sendero llega al sector de Anayet de la estación de esquí de Formigal. Ya solo nos quedará descender por carretera hasta el Corral de las Mulas, donde hemos dejado el segundo coche, para así finalizar esta ruta en la que hemos conocido algunos de los parajes y montañas más bellos de la cordillera pirenaica.