Contraste cromático en Aigüestortes
Bony Blanc (2.756 m) y Bony Negre (2.721 m) por Aigüestortes
El Bony Blanc y el Bony Negre desde el Cap de Gelada
Si contemplamos la entrada a Aigüestortes desde el oeste, una montaña llama poderosamente la atención; una altiva pirámide de la que se desprenden largas y agrestes aristas que caen directamente sobre el Estany de Llebreta. Se trata del Bony Blanc, que recibe su nombre por el tono pálido de sus riscos meridionales, aunque el aspecto general de la montaña es bastante oscuro por la roca metamórfica que predomina en la zona. A pesar de que su altura no destaca dentro de la miríada de montañas del parque nacional, es uno de sus picos más visibles debido a su aislamiento y a su estratégica posición. Además, presenta una estampa imponente, mostrando su triangular cara norte, escarpada y vertical, desde prácticamente cualquier punto del largo valle de Sant Nicolau. Pero, si afinamos la mirada, vigilando la retaguardia del Bony Blanc aparece una abombada montaña, ligeramente inferior en altura y de intenso color oscuro, debido a la negra tierra que la conforma. Esta cima es el Bony Negre que, junto a su albina contraparte, domina el sector de Llacs, un auténtico paraíso de hierba y agua, rodeado de agudas crestas metamórficas y graníticas. No exagero si afirmo que este rincón alberga algunas de las montañas más solitarias de todo Aigüestortes, como las que aquí nos ocupan. Precisamente por ello, el ascenso a los dos Bonys posee un encanto especial, con el añadido de poder disfrutar de una de las mejores panorámicas del parque nacional, con vistas privilegiadas de todo su sector occidental. Si a eso le sumamos un bosque en plenitud otoñal, el espectáculo cromático está garantizado. En resumidas cuentas, una jornada ideal para quienes buscan belleza, soledad y unas montañas con personalidad propia.
Las estrellas del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, el único parque nacional de Catalunya, son precisamente los parajes que le dan nombre. La vertiente pallaresa del parque alberga el impresionante lago de Sant Maurici, que ofrece una de las estampas más alpinas y sobrecogedoras de toda la cordillera pirenaica, mientras que la vertiente ribagorzana ofrece el paraje conocido como Aigüestortes. Este nombre designa el rellano situado aproximadamente a mitad del recorrido del escalonado valle glaciar de Sant Nicolau, uno de los mejor modelados del Pirineo. En este punto, el río se descompone en decenas de pequeños cursos de agua que serpentean por el idílico Planell, entre bellos pinares y bucólicos prados, esquivados por los riachuelos mediante numerosos meandros. Así nacen las célebres Aigüestortes, cuyas aguas precipitan posteriormente por la Cascada de Sant Esperit hasta alcanzar el apacible Estany de Llebreta. En conjunto, este paisaje de alta montaña constituye uno de los lugares más bellos que un servidor ha tenido ocasión de contemplar jamás.
El Bony Blanc desde el Planell d'Aigüestortes
Desnivel1.080 m
Longitud11,6 km
Altura mínima1.810 m
Altura máxima2.756 m
Dificultad técnicaTrepadas fáciles por terreno peligroso en la subida al Bony Blanc, con mucha piedra suelta y mala calidad de la roca.
Track en Wikiloc
Mapa de la ruta realizada tomado en el visor Iberpix
La carretera de la Vall de Sant Nicolau, que finaliza en el Planell d’Aigüestortes está cerrada al vehículo privado a partir de la Palanca de la Molina. Más allá de este punto solo es posible continuar mediante los taxis de la Vall de Boí, con un precio de 11,50 euros por el trayecto de ida y vuelta, en vehículos que suelen ser de 9 plazas. Los taxis parten de la Plaça del Treio, en el pueblo de Boí, justo delante de la casa del parque nacional y junto a la iglesia románica de Sant Joan de Boí, y finalizan el recorrido en el Mirador de Sant Esperit, muy cerca del Planell d’Aigüestortes. El principal inconveniente es que, a pesar de que existe una hora en la que se inicia el servicio de taxis (que cambia según es verano o invierno), el horario de salida depende exclusivamente del criterio del taxista. Como estos intentan completar las 9 plazas del vehículo, no suelen iniciar el trayecto hasta considerar que el taxi está suficientemente lleno, lo que en épocas de poca afluencia puede suponer esperas de hasta una hora. En cambio, en verano, se forman largas colas a primera hora de la mañana. Conviene armarse de paciencia en cualquiera de los dos casos.
Empezamos a andar en un esplendoroso día otoñal desde la caseta de información de Aigüestortes, punto donde dejan los taxis que recorren el valle de Sant Nicolau. A diferencia de la gran mayoría de visitantes, que se limitan a pasear por la pista principal, nosotros nos dirigimos hacia uno de los lugares más solitarios de todo el parque nacional. Para entrar en el valle de Llacs, avanzamos unos metros por la pista hasta que, al llegar al primer prado del Planell, lo cruzamos hacia la derecha para encontrarnos...
...con un sendero empedrado que desciende hasta el Riu de Sant Nicolau, el cual cruzamos por un puente de madera.
Allí comienza el itinerario adaptado del Planell d'Aigüestortes, que cruza el rellano mediante pasarelas elevadas. Sin embargo, debemos estar muy atentos, porque tras avanzar apenas una decena de metros aparece, a mano derecha y justo en el punto que muestra la fotografía, un sendero muy tenue: es el que nos llevará al valle de Llacs.
El sendero, a menudo apenas perceptible, se adentra en el denso bosque situado a los pies de la Roca de la Cremada, llegando incluso a perderse en un tramo en el que descendemos a un pequeño barranco. Recomiendo llevar el track descargado porque aquí no hay cobertura y resulta imposible consultar el trazado sobre el terreno.
Mientras intentamos no perder el camino, observamos la marcada abertura del Barranc de Llacs, por encima de la cual asoma tímidamente la cresta del Bony Blanc, aún muy arriba.
Superado el primer tramo, el más delicado en cuanto a orientación, el sendero se define al pasar junto a una especie de compuerta situada en medio del bosque, que presumiblemente regula el caudal del Barranc de Morrano.
A partir de este punto, aunque el trazado sigue siendo discreto, los problemas de orientación disminuyen. Manteniendo altura por lo que parece una antigua pista forestal, pasamos a la vertiente meridional del valle de Sant Nicolau y nos dirigimos hacia la entrada del valle de Llacs.
El viejo carril muere en un claro en el bosque. Justo en este punto, aparece un nuevo sendero, indicado con un cartel con el nombre de Mussoles (valle subsidiario al de Llacs), que es el que nos llevará a nuestro objetivo. Sorprende encontrar un poste indicador en este lugar tan apartado, especialmente después de los problemas previos para seguir el camino, pero resulta más que bienvenido.
El sendero, ahora más marcado, empieza a ganar altura de forma más decidida mientras va trazando la curva de entrada a Llacs.
Sabemos que hemos entrado en el valle cuando empezamos a avanzar junto al caudaloso río de Llacs, al que no vemos pero sí escuchamos muy cerca. Y, aunque de nuevo el sendero vuelve a difuminarse en algunnos puntos, desaparecen las dudas al aparecer hitos que confirman que vamos por el buen camino.
Poco a poco, el arbolado va perdiendo espesura y nos permite contemplar las montañas del otro lado del valle, entre las que destaca con claridad la Pala Alta de Sarradé, que ostenta el honor de ser la montaña más alta de todo el parque fuera de los Besiberris y la Punta Alta.
Repentinamente, el bosque cede paso a una bonita pradera, por la que avanzamos siguiendo el curso del Barranc de Llacs, en dirección a la imponente torre del Bony del Graller, que divide el valle en dos; a la izquierda, el valle de Mussoles, a la derecha, el del Montanyó de Llacs.
Aunque es posible vadear el Barranc de Llacs en varios puntos, resulta mucho más cómodo esperar al rellano que se forma justo después de la confluencia de ambos barrancos, donde encontramos un austero pero muy práctico puente formado por dos troncos de madera que nos permiten cruzar el río, el Palancó de Llacs. Aquí finaliza nuestra aproximación a los dos Bonys, pues en este punto empieza la Canal Seca, la larguísima y erguida canal que nos permitirá ascender hasta el collado que separa ambas cimas: la Collada del Bony Blanc, visible en lo alto y unos 600 metros por encima de nosotros.
Sin sendero ni hitos, pero con la dirección clara, empezamos a subir por las aún suaves praderas que dan inicio a la Canal Seca, mientras observamos la curiosa surgencia de la Font del Graller.
Con el Bony Negre vigilándonos desde lo alto y el Bony Blanc todavía oculto tras los torreones de su arista oriental, pronto empezamos a sentir la dureza de la pendiente.
Tras superar las primeras rampas, alcanzamos un amplio rellano previo al estrechamiento del corredor. Aunque es posible progresar prácticamente por cualquier punto, evitamos el fondo de la canal, situado justo bajo las paredes del Bony Blanc, debido a la presencia de inestables pedreras.
Por este motivo, giramos a la izquierda para encaramarnos a una canalilla herbosa, sencilla desde el punto de vista técnico, pero con una pendiente endiablada. Esta será la tónica dominante de toda la progresión por la Canal Seca.
Debido a lo empinado de la ladera, ganamos altura de forma bastante rápida, lo que permite que se abra ante nosotros la amplia cubeta del Montanyó de Llacs, situado bajo la elegante cresta del Bony del Graller y las agrestes agujas del Pic Roi.
Aprovechamos ahora una loma herbosa que discurre paralela a la canal, por la que ascendemos cerca de un centenar de metros de desnivel.
Cuando esta loma se funde de nuevo con la canal, la cruzamos y continuamos subiendo por la loma situada justo al otro lado.
De este modo llegamos a la base de la rampa previa a lo que parece ser la Collada del Bony Blanc. Sin embargo, se trata de un falso collado, ya que el auténtico está situado justo detrás de este cambio de rasante.
El Bony Blanc continúa oculto tras la impresionante muralla que protege su cara sur, teñida de un intenso color rojizo. La verdad es que el blanco no es precisamente el color que mejor define a esta montaña.
Tras superar el falso collado, aparece finalmente la Collada del Bony Blanc, situada en lo alto de una última ladera de pedriza negra.
Alcanzado el paso, por fin podemos ver la cima de nuestra montaña, coronando una pared que ahora sí presenta tonos más claros y blanquecinos en su parte superior.
Para dirigirnos hacia ella, esquivamos un pequeño escarpe por la izquierda y avanzamos hasta la base de la rampa que protege la cumbre, que intuimos que será muy empinada.
Cuando nos ponemos manos a la obra, confirmamos las sospechas: la cara sur del Bony Blanc es un muro prácticamente vertical, en el que se alternan rampas herbosas muy empinadas con trepadas sobre una roca de calidad mediocre con algún paso puntual de I+. Nos dirigimos a una canal situada aproximadamente en el centro de la pared y que parece ofrecer el acceso más lógico a la cima.
En esta última trepada encontramos el paso más técnico de toda la subida, un tubo bastante vertical pero bien provisto de presas, que nos conduce directamente a la arista somital del Bony Blanc. No se trata de una subida especialmente difícil, pero sí expuesta y delicada, debido a la gran inestabilidad de la ladera, muy descompuesta, y a la mala calidad de la roca. En más de una ocasión comprobamos cómo algunos apoyos ceden bajo nuestro peso, por lo que resulta imprescindible asegurar cada movimiento con suma atención.
Tras una subida final con más adrenalina de la esperada, alcanzamos la cima del Bony Blanc. Su gran hito cimero contrasta con la evidente soledad del lugar, pues esta montaña recibe muy pocas visitas a lo largo del año.
Sin embargo, su poca fama no desmerece en absoluto lo que, sin duda, es uno de los mejores miradores de todo el Parque Nacional. Ante nosotros se despliega, en primer plano, el conjunto de montañas que se elevan sobre el valle de Sarradé, con su estany ocupando el centro de la escena: la Punta Alta, la Pala Alta de Sarradé, el Contraix y el Pic de Sarradé. Todas ellas superan holgadamente los 2900 metros; con la Punta Alta, ostentando el honor de ser uno de los escasos tresmiles de Aigüestortes.
Girando la vista hacia el noreste, se aprecia el recorrido íntegro de la Vall de Sant Nicolau, que se prolonga hasta culminar en el amplio collado del Portarró d’Espot. A la izquierda del valle se alzan las descarnadas crestas de Colomers, mientras que, cerrando el horizonte por la derecha, destaca con fuerza la imponente pirámide del Subenuix, una de las siluetas más rotundas de todo el macizo.
Si dirigimos la mirada hacia el este, se despliega ante nosotros la sucesión de afiladas crestas que delimitan los numerosos valles subsidiarios del de Sant Nicolau: Llacs, Mussoles, Morrano, Dellui... en la mayoría de los casos coronados por los picos homónimos que cierran sus cabeceras.
Cambiando radicalmente de orientación, hacia el oeste destaca la colorida entrada a Sant Nicolau, justo antes de unirse al ramal principal del Valle de Boí. Y, al fondo, protagonista indiscutible como siempre...
...el macizo de la Maladeta, con el rey Aneto en su centro.
Hemos dejado el panorama meridional para el final, porque hacia ese punto cardinal se alza el hermano pequeño del Bony Blanc y nuestro siguiente objetivo: el Bony Negre que, como podemos comprobar, es mucho menos fiero que su hermano mayor y también bastante más monocromático.
Con mucho cuidado (y con alguna roca haciendo de bolo pendiente abajo) descendemos a la Collada del Bony Blanc. Por delante nos quedan los 100 metros de desnivel que faltan para alcanzar la cumbre del Bony Negre.
Remontamos primero por pedriza metamórfica para después pegarnos al borde de la arista noroccidental, que a medida que ganamos altura se va tornando escarpada sin dejar nunca de ser sencilla.
No tardamos en coronar el Bony Negre, donde realizamos un merecido descanso.
Mientras tomamos un tentempié, contemplamos el punto cardinal que nos faltaba por ver desde el Bony Blanc, ahora plenamente despejado. Hacia el sur, la cresta del Bony Negre continúa, cada vez más afilada, hasta la abrupta brecha de la Collada Barrada, punto de unión con el Cap des Cometes y el resto del cordal meridional principal del macizo de Aigüestortes. En segundo plano se alinean las montañas de la estación de Boí-Taüll, desde el Cerví, hasta el Corronco.
A la izquierda se abre una vista cenital del Montanyó de Llacs, la extensa y herbosa cabecera del valle homónimo, coronada por la perfecta pirámide del Tuc de Carants. Más allá, el señor del suroeste de Aigüestortes, el Gran Pic del Pessó.
A la derecha, el Tuc de Comamarja se muestra como última montaña de la Serra de Casanoves antes de desplomarse hacia el fondo de la Vall de Boí, delimitada en su lado opuesto por la doble cima de Gelada y el macizo de Obacs. En segundo plano aparecen las montañas del Ampriu y la Serra Negra, además de la ya mencionada Maladeta y, en el horizonte, el Cotiella, las Tres Serols y la cresta de Bachimala. Excelentes y lejanas vistas las que se disfrutan desde este rincón de Aigüestortes.
Y, cómo no, resulta inevitable detenerse en el cordal principal de todo el Parque Nacional y el más alto de Catalunya fuera del macizo de Estats: la impresionante cresta de los Besiberris casi al completo, desde la sombría pared de la Punta Passet y el murallón del Comaloforno hasta el terrible diente del Besiberri Nord, con la doble punta del Besiberri del Mig ocupando el centro de la cresta. El único ausente en esta la foto de familia es el Besiberri Sud, oculto tras el Comaloforno.
El sol otoñal desciende rápidamente y el viento empieza a soplar con fuerza, por lo que conviene pensar en el descenso. Aunque podríamos regresar a la Collada del Bony Blanc y desde ahí desandar nuestros pasos, optamos por realizar una pequeña variante siguiendo la amplia arista oriental del Bony Negre, para disfrutar de nuevas perspectivas.
Perspectivas como esta del Bony Blanc, que hasta ahora no habíamos podido contemplar en condiciones. Se puede apreciar la verticalidad de la cara suroeste, por donde hemos subido, aunque prácticamente es la única vía por la que se puede ascender a esta agreste montaña.
Aunque nos tienta descender hacia el Montanyó de Llacs, sabemos que el aparentemente inofensivo acceso desde esta arista esconde una pared en buena parte de su recorrido, por lo que decidimos andar por terreno conocido y bajar por la Canal Seca. Para ello, cuando llegamos sobre los 2500 metros, abandonamos la loma del Bony Negre y...
...aprovechamos un tenue trazo de ganado para salvar la fuerte pendiente lateral y regresar al interior de la canal.
La sombra ya ha cubierto definitivamente el empinado tubo y avanza lenta pero inexorable hacia el fondo del valle.
Como el regreso transcurre por terreno conocido, podemos permitirnos disfrutar de vistas que durante la dura subida matinal apenas habíamos saboreado, como esta imagen del Pic de Mussoles y su Dent, dos de las cimas más inhóspitas y salvajes de todo Aigüestortes.
O el marcado contraste entre el soleado Bony del Graller y las colinas que defienden la entrada al Montanyó de Llacs, a punto de sumirse en la penumbra vespertina.
El descenso lo realizamos íntegramente por el fondo de la Canal Seca, a diferencia de la mañana, cuando habíamos evitado el tubo principal por uno u otro lado. Al igual que en la subida, perdemos metros con bastante velocidad aprovechando la verticalidad de la canal, dejando atrás con rapidez el Bony Negre y el Bony Blanc.
Tras 50 minutos de vertiginoso descenso, llegamos de nuevo al Palancó de Llacs, por el que cruzamos el río para emprender el descenso hacia el Planell, de forma mucho más directa al conocer ya los puntos más problemáticos de orientación.
Y, una vez llegado al fondo del valle de Sant Nicolau, pensamos que sería un pecado no visitar el Planell, así que siguiendo las pasarelas, damos una vuelta por las Aigüestortes.
Si ya de por sí el Planell de Aigüestortes es de un encanto despampanante, en las tardes de otoño, con el contraste entre las sombras del fondo del valle y el fulgurante follaje de los hayedos, reflejado en los meandros del Riu de Sant Nicolau, alcanza cotas de belleza casi hipnóticas.
Tras completar el itinerario adaptado, retomamos la pista del valle, que utilizamos para volver al parking donde nos espera en el taxi. Y con esta última imagen del Bony Blanc, solitario pero altivo, ponemos punto y final a esta magnífica jornada de montaña.