Sant Llorenç del Munt de lado a lado: la Mola y el Montcau
La Mola (1.103 m) y Montcau (1.056 m) desde el Coll d'Estenalles
La Mola desde el Pla de les Pinasses
Sant Llorenç del Munt presenta dos grandes cumbres, situadas cada una en una punta del cordal y dominando cada una su respectiva comarca. Al norte, el gran cono albino del Montcau es omnipresente en el Pla del Bages; al sur, la ciclópea fortaleza de la Mola vigila el Vallés y constituye la cumbre principal de todo el macizo, además de una de las montañas más emblemáticas de toda Catalunya. Su cercanía al área metropolitana de Barcelona y su fácil acceso hacen que centenares de personas la recorran cada semana del año.
En la misma cima de la Mola se alza un antiguo monasterio románico del siglo XI, testimonio de la importancia religiosa y cultural que esta montaña tuvo durante siglos. Ahora, junto al monasterio (totalmente restaurado), funciona una hostería, donde uno puede alojarse o comer mientras se disfruta de una panorámica excepcional. Y es que Sant Llorenç del Munt, al ser una de las grandes montañas de la Catalunya Central, ofrece una de las vistas más amplias y espectaculares del Principado.
En esta excursión se propone atravesar Sant Llorenç del Munt de punta a punta, partiendo del Coll d’Estenalles, en el extremo septentrional del macizo para ascender primero al Montcau, contiguo al collado, y recorrer después toda la sierra de norte a sur hasta alcanzar la Mola. Durante la travesía visitaremos también algunos de sus lugares más representativos, como la Cova Simanya o els Òbits, completando así un itinerario que permite conocer en profundidad uno de los macizos más importantes de Catalunya.
AVISO: A principios de 2024 la hostería de la Mola cerró definitivamente, por lo que ya no es posible alojarse ni comer en ella.
La Catalunya Central, articulada en torno a los valles del Llobregat y el Cardener, tiene sus dos macizos principales (al margen del Prepirineo) en su sector más meridional, custodiando cada uno una de las vertientes del Llobregat. Se trata de dos sierras de un conglomerado muy característico y de formas muy contundentes, que se elevan abruptamente por encima del Pla del Bages y del Vallés: la legendaria Serra de Montserrat, que no necesita presentación, y el macizo de Sant Llorenç del Munt, que, junto con la Serra de l’Obac, situada al otro lado del Coll d’Estenalles, forma el parque natural del mismo nombre y del que hablaremos en la presente descripción.
Sant Llorenç del Munt es, al mismo tiempo, muy parecido y muy distinto de su hermano gemelo, Montserrat. Ambos están formados por conglomerados que originan espectaculares y grandiosas paredes, pero mientras en Montserrat predominan las formas estilizadas de las agujas, en Sant Llorenç del Munt el conglomerado conforma un relieve más achaparrado y masivo, quizás no tan fotogénico como Montserrat pero igual de singular.
El Montcau desde un punto cercano al Coll d'Estenalles
Desnivel800 m
Longitud15,2 km
Altura mínima860 m
Altura máxima1.103 m
Dificultad técnicaNula para ascender a las cumbres, aunque para subir al Montcau se tienen que poner las manos en el conglomerado frecuentemente, principalmente por la roca pulida. Para entrar en la Cova Simanya Petita es necesario superar un paso vertical de unos 2 metros que puede acercarse al II-II+.
Track en Wikiloc
Mapa de la ruta realizada tomado en el visor Iberpix
El Coll d’Estenalles se encuentra en el punto más alto de la carretera BV-1221 entre Matadepera y Navarcles. Debido a la gran afluencia de gente, se han habilitado bastantes parkings cerca del collado, que aún así suelen llenarse en fin de semana. Calcula la ruta desde cualquier punto de inicio pulsando este enlace de Google Maps.
Salimos del parking más próximo al Coll d'Estenalles, que ya está a punto de llenarse a pesar de que todavía es bastante temprano. Nos dirigimos primero al collado, importante divisoria que une Sant Llorenç del Munt, a la derecha, con la Serra de l'Obac, a la izquierda.
Desde el collado, donde se encuentra el centro de información del parque natural, parte una pista asfaltada que asciende con decisión entre el bosque, con los restos de la reciente nevada, fenómeno poco habitual por estos lares, aún presentes en el terreno.
Al mirar hacia el norte empiezan a aparecer las primeras formaciones de conglomerado, entre ellas la airosa aguja de la Falconera, último gran baluarte del macizo por este lado.
Cuando la pista cambia de vertiente, un pequeño poste indica un ancho camino que se dirige hacia el Montcau...
...montaña que enseguida aparece ante nosotros, ya muy cercana. Y es que la achaparrada e icónica mole del Montcau se encuentra a un paso del inicio de la excursión y constituye una cumbre muy asequible para las personas poco acostumbradas a andar.
El Montcau es una montaña bonita, prácticamente desprovista de vegetación debido al predominio del conglomerado, que aquí aflora directamente e impide que las plantas arraiguen sobre un terreno tan inhóspito.
Separada del Montcau por el profundo Coll del Sec, destaca la alargada aguja dels Cortins y sus dos terrazas, tras la cual vuelve a alzarse la gran panza de la Falconera.
Tras un breve rellano comenzamos a remontar la empinada ladera del Montcau por un camino delimitado por dos cuerdas, fuera de las cuales se recomienda encarecidamente no salir para evitar contribuir a la erosión de este frágil terreno.
Al alcanzar la base del casquete somital debemos incluso apoyar las manos sobre la roca para progresar con seguridad por la pulida pendiente, donde pueden observarse innumerables cantos incrustados en este cemento natural.
Así, en poco menos de media hora desde el Coll d'Estenalles, alcanzamos la segunda gran cumbre de Sant Llorenç del Munt, coronada por un hito y una mesa de orientación, perfectamente justificada por la amplitud de las panorámicas.
Hacia el oeste y tras el Coll d'Estenalles, se extiende la Serra de l'Obac, inferior en altura y rocosidad a Sant Llorenç del Munt, salvo en su extremo meridional, donde se levanta también su cumbre más alta: el Castellsapera, la fortaleza rocosa que se puede observar en la parte izquierda de la imagen. Pero en esa dirección hay un protagonista indiscutible...
...y no es otro que la sagrada Montserrat, cuya apariencia casi onírica se ve aún más realzada por las brumas matinales, que embellecen el centenar de agujas que se desploman sobre el valle del Llobregat.
Hacia el norte, el Pla del Bages, presidido por su capital, Manresa, se organiza en torno a los valles del Llobregat y del Cardener.
Estos ríos nacen ahí arriba, en el Prepirineo Oriental, donde colosos como el Cadí, Ensija, Port del Comte o la Serra del Verd marcan la abrupta transición hacia la cordillera pirenaica.
Al este, comprobamos la abrupta caída de Sant Llorenç del Munt por ese lado. Más allá puede apreciarse cómo el altiplano del Moianès va tomando forma a partir de un relieve muy accidentado, surcado por multitud de barrancos y peladas lomas. El Montseny debería cerrar el horizonte, aunque desgraciadamente la visibilidad de hoy no permite distinguirlo.
Finalmente, hacia el sur, al otro lado de la boscosa Carena del Pagés, aparece la Mola, con el monasterio coronando su cumbre. Hasta allí nos dirigimos, debiendo recorrer íntegramente el cordal de Sant Llorenç del Munt.
Empezamos descendiendo la pendiente de conglomerado del Montcau hasta el Coll d'Eres, que une esta pelada montaña con el resto del macizo.
Sin embargo, antes de empezar el largo cresteo por la Carena del Pagés hacia la Mola, en el Coll d'Eres, nos desviamos a la izquierda, puesto que queremos visitar la Cova Simanya, una de las numerosas cavidades que se abren bajo la mole del Montcau.
En un primer momento compartimos camino con el GR, que desciende hacia el Marquet de les Roques atravesando el frondoso bosque que cubre la vertiente oriental del Montcau.
Después de perder algo más de 50 metros, aparece un desvío a mano izquierda que nos hará abandonar el GR y...
...cruzar el barranco para empezar a faldear de nuevo la montaña.
Salimos del bosque y avanzamos por una ancha vira situada entre el conglomerado somital y la muralla que rodea todo el Montcau.
Con las Agulles de Finestrelles dominando el paisaje oriental, distinguimos la parte superior de la entrada de la Cova Simanya, la mayor gruta de la zona.
Debido a las habituales prospecciones arqueológicas que se realizan en este enclave, la entrada permanece cerrada y solo se abre durante las visitas guiadas.
Aun así, introduciendo la cámara entre los barrotes puede apreciarse la magnitud de la cavidad, origen de numerosas leyendas y refugio de diferentes pobladores a lo largo de los últimos milenios, como demuestran los abundantes restos arqueológicos hallados en su interior.
Emprendemos el regreso al Coll d'Eres, que vemos sobre nosotros, pero antes...
...nos desviamos unos instantes por este senderillo para visitar la Cova Simanya Petita, situada algo más apartada del camino principal.
La cavidad se encuentra muy cerca del sendero, aunque queda oculta entre el bosque, por lo que hay que buscar con atención su entrada.
Esta se abre colgada en la pared y está protegida por un corto resalte de unos dos metros, bastante vertical, que obliga a realizar una trepada de grado II-II+ sobre el conglomerado.
Aún así, la visita merece mucho la pena ya que desde el interior puede apreciarse perfectamente su característica forma de lágrima. Esta cueva se estrecha muy rápidamente pero por los espeleólogos se sabe que se une a la Cova Simanya más adelante.
Tras la visita, destrepamos con mucho cuidado el resalte de entrada y regresamos al Coll d'Eres por el mismo itinerario.
De nuevo en el collado, tomamos el ancho sendero que recorre la Carena del Pagès, normalmente rodeados, e incluso bajo el dosel, de un tupido bosque, por lo que este tramo resulta poco panorámico.
PPor ello, cuando alcanzamos el Collet dels Tres Termes y aparece el desvío hacia el Pla de les Pinasses, abandonamos momentáneamente el camino para acercarnos a este rellano, suspendido sobre la pared que alberga els Òbits.
Desde este magnífico balcón reaparece la Mola, ahora mucho más cercana. Podemos apreciar por primera vez la verdadera magnitud de esta colosal montaña, rodeada de paredes y formaciones de conglomerado, cada una más espectacular que la anterior.
De vuelta al camino principal, comenzamos un breve descenso. La bajada hasta el collado es empinada y discurre sobre piedra suelta, aunque apenas dura unos minutos. Al finalizar aparece un nuevo indicador que señala el sendero hacia els Òbits.
El camino avanza por la base de la pared del Pla de les Pinasses y, al encontrarse en terreno despejado, ofrece buenas vistas hacia el este.
Els Òbits son un conjunto de balmas o abrigos rocosos que se abren bajo la muralla de conglomerado que han estado habitadas desde tiempos inmemoriales.
Una de ellas es tan grande que que llegó a albergar una vivienda, como evidencian los muros de piedra que aún cierran parcialmente su entrada. En el amplio espacio interior todavía pueden verse restos de hogueras recientes.
Tras esta interesante visita, regresamos al camino principal para continuar acercándonos a la Mola.
Pero aún nos queda un último desvío. Queremos ascender al Turó d'en Griera, el último de los "turons" antes de la Mola y que, presumimos, ofrecerá unas magníficas vistas de las agujas que se descuelgan de la vertiente oriental del macizo, puesto que aquí es donde son más notables.
El sendero rodea por completo el Turó d'en Griera, así que, cuando comprobamos que el acceso es sencillo, abandonamos el camino y empezamos a ascender directamente por la loma, sin sendero y con una pendiente muy suave.
El desnivel es mínimo y enseguida alcanzamos la alargada y plana cumbre del Turó d'en Griera.
No nos equivocábamos al imaginar que sería un magnífico mirador. Al encontrarse ligeramente separado del cordal principal, constituye un excepcional balcón sobre la vertiente oriental del macizo, donde se levantan sus paredes más impresionantes. Destaca especialmente la que se ve a la derecha: el impresionante Turó de les Nou Cabres, una espectacular estructura rocosa que es, en mi opinión, la cumbre más bella de todo el macizo.
Más a la derecha, ya directamente bajo la Mola, la Panxa Contenta es la formación más llamativa después del...
...espinazo que culmina en la soberbia torre del Morral del Drac. Precisamente hacia allí nos dirigimos, pues el sendero de la Mola pasa por su misma base.
Regresamos al camino y continuamos, ahora sí, hacia la Mola, con el monasterio esperándonos en la cima.
El sendero se acerca a la base del Morral del Drac, del que no tenemos la mejor perspectiva debido al bosque que lo rodea, aunque sí alcanzamos a distinguir la cruz que corona su aguja.
La Mola está protegida casi por completo por una imponente muralla vertical, de modo que el sendero busca uno de sus escasos puntos débiles.
Siguiendo los hitos y las marcas, vamos acercándonos a la pared remontando una anchísima vira.
Un indicador nos señala el punto donde debemos abandonar la vira y trazar un giro de 180 grados para internarnos en un corto tramo boscoso.
Esta maniobra nos permite acceder a una amplia canal, también boscosa y encajonada entre paredes, que salva la muralla de la forma más sencilla posible.
La canal desemboca en el extenso altiplano somital, ya libre de obstáculos.
Los últimos cien metros de desnivel consisten simplemente en aproximarse al monasterio atravesando esta amplia ladera salpicada de árboles.
Finalmente alcanzamos la cima de la Mola que, como casi siempre, está abarrotada de visitantes. Sin embargo, el vértice geodésico, situado en la parte trasera del monasterio, suele ser un lugar mucho más tranquilo.
Desde él contemplamos el panorama hacia el norte, que nos permite recorrer con la mirada todo el itinerario seguido durante la jornada, desde el lejano Montcau hasta las portentosas formaciones rocosas de la vertiente oriental del macizo.
Vamos rodeando la edificación para pasar a su cara meridional, donde se encuentra la hostería, lugar donde comeremos.
Desde este lado de la cima la mejor panorámica se abre hacia el sur, con la extensa y poblada llanura del Vallès extendiéndose a los pies de la Mola.
Aunque la visibilidad hoy no es la mejor, todavía alcanzamos a intuir la sierra de Collserola al otro lado de la depresión.
Después de una abundante y apacible comida en la hostería, durante la que se nos olvida mirar el reloj, nos damos cuenta de que se ha hecho bastante tarde. Así pues y sin más dilación, nos disponemos a emprender el largo regreso hacia...
...el Coll d'Estenalles, con el Montcau como referencia permanente, ya que tendremos que llegar hasta su misma base. En primer término pueden distinguirse els Òbits bajo la pared del Pla de les Pinasses.
No podemos dejar de contemplar la rojiza y vertical pared del Turó de les Nou Cabres, que compite con la Morella, en la parte derecha de la foto, por ver quién tiene la mayor muralla de todo el macizo.
Tras descender por la ladera norte, nos internamos de nuevo en la canal que nos dejará en la base de la muralla para, desde allí...
...tomar de nuevo la vira hacia el Morral del Drac y recorrer otra vez la larga Carena del Pagès.
Pero antes quedamos completamente inmóviles ante una aparición casi divina: un haz de luz rompe el espeso manto de nubes y envuelve Montserrat en una aureola casi celestial.
La visión resulta tan impactante como efímera y, en apenas unos instantes, el cielo vuelve a cerrarse mientras la corta tarde invernal va dando paso al anochecer. Afortunadamente, el camino es cómodo y el regreso al Coll d'Estenalles se hace bastante llevadero.
Al llegar al Coll d'Eres tomamos la pista que desciende suavemente hacia el Coll d'Estenalles mientras...
...rodea las paredes del imponente Montcau, todavía más intimidante bajo la penumbra de la inminente noche invernal. El rodeo es breve y enseguida alcanzamos de nuevo el Coll d'Estenalles, donde ponemos punto final a esta ruta que nos ha permitido recorrer de punta a punta el magnífico macizo de Sant Llorenç del Munt.