La frondosa culminación de la Litoral
Turó de Santa Maria de Montnegre (726 m), Turó Gros (758 m) y Turó d'en Vives (760 m) desde Sant Martí de Montnegre
El Montnegre desde el Corredor
El Montnegre es un cordal con orientación E-W que separa las comarcas del Vallés Oriental y el Maresme, constituyendo la máxima altura de esta última. Recibe su nombre de la oscuridad provocada por los densos bosques que ocupan prácticamente la totalidad del macizo, formados principalmente por encinares, con una menor presencia de pinares y, en las zonas más húmedas, robledos y otros árboles caducifolios, favorecidos por la elevada humedad que le otorga su cercanía al Mediterráneo, que queda a poco más de 5 km. La parte alta del Montnegre está formada por una arista de casi 5 km en la que, siempre por encima de los 700 metros, se van elevando los distintos “turons” que constituyen las cimas principales del cordal. Tradicionalmente se ha considerado el Turó Gros como la cumbre más alta del Montnegre, siendo su cima más conocida por su posición central y por la torre de vigilancia de incendios que lo corona (y que permite disfrutar de las únicas vistas abiertas de toda la sierra), pero se ha comprobado que es el Turó d’en Vives, la cima más occidental del cordal, el que se lleva el honor de ser el techo del Maresme y de toda la Litoral, por apenas dos metros. En esta ruta conoceremos toda la arista somital del Montnegre, siendo su principal atractivo los preciosos bosques por los que caminaremos a lo largo de toda la ruta, que colmarán todas las expectativas, especialmente en otoño o primavera, cuando el Montnegre ofrece todo su encanto.
La Serralada Litoral es una de las principales unidades de relieve del territorio catalán. Junto a la Prelitoral forma las Cordilleras Costeras Catalanas y, como su propio nombre indica, dentro de estos dos cordales es el que está junto al litoral mediterráneo. Las principales características de este sistema montañoso son la suavidad de los relieves, con escaso afloramiento rocoso (aunque existen notables excepciones), su cercanía a grandes núcleos de población, que han humanizado el macizo con una extensa red de masías, caminos y pistas, muchas de ellas llegando a las mismas cumbres, y su modesta altura, apenas sobrepasando los 700 metros en su macizo más alto. Precisamente de este macizo hablaremos ahora, pues en esta reseña se describe el ascenso al Montnegre.
El Montnegre, en el horizonte, desde les Roques del Rei
Desnivel500 m
Longitud12,4 km
Altura mínima440 m
Altura máxima760 m
Dificultad técnicaNula. Todo el itinerario transcurre por pistas o buenos senderos, a excepción de los últimos metros al Turó d'en Vives, donde debemos avanzar por un bosque algo cerrado.
Track en Wikiloc
Mapa de la ruta realizada tomado en el visor Iberpix
El inicio de la excursión es el pequeño pueblo de Montnegre, un pueblo diseminado en las faldas septentrionales de la sierra. Para llegar al núcleo de la población, donde se ubica la iglesia de Sant Martí de Montnegre, se debe utilizar una pista forestal de unos 8 km que sale de la urbanización de Can Coll, muy cerca de Sant Celoni. La pista está en buen estado y es apta para transitar con todo tipo de vehículos, aunque tiene algún tramo en el que se tiene que ir con cuidado. Calcula la ruta desde cualquier punto de inicio pulsando este enlace a Google Maps.
El núcleo del pequeño pueblo de Montnegre, con apenas tres casas y la iglesia de Sant Martí, es el punto de partida de esta excursión. Se encuentra en pleno corazón de los bosques que cubren el macizo de Montnegre, en su vertiente septentrional, y por él pasan hasta 3 senderos de gran recorrido distintos.
Por uno de ellos empezaremos a andar, concretamente el GR-92, que se dirige a Hortsavinyà utilizando una de las numerosas pistas forestales que recorren el macizo.
Otra de las tónicas de la jornada de hoy son los coloridos bosques, principal atractivo del Montnegre. Iremos alternando travesías por encinares, castañares, robledales...
Aún así, de vez en cuando atravesamos algún claro en el bosque que nos permite observar el panorama hacia el norte, donde, al otro del valle de la Tordera, se distinguen las montañas de las Guilleries a la izquierda, bien representadas por su cima más alta, el Sant Miquel Solterra, y las de la Serralada Transversal, con el Puigsou, techo del Gironés, recortándose en la lejanía.
Durante los primeros dos kilómetros apenas ganamos altura; más bien descendemos suavemente. Tras pasar junto a la masía de Can Preses, nos acercamos al muro vegetal que conforma la cara norte del Turó Gros, rebosante de colores gracias a la variada representación arbórea de su bosque.
La pista se aproxima a esta pared de árboles para, a continuación, trazar un brusco giro hacia el este e iniciar una larga travesía, ahora en leve ascenso, en dirección a la cresta de la sierra. Justo en este punto, encontramos un ejemplar portentoso de encina, la Alzina Grossa de Can Preses, una de las más espectaculares que un servidor haya visto.
Poco más adelante, llegamos a un importante cruce de caminos. Aquí abandonaremos el GR, que continua hacia Hortsavinyà, para acometer una subida más decidida en dirección a la ermita de Santa Maria del Montnegre.
A ella llegamos tras superar poco más de 100 metros de desnivel. La ermita, que tiene una buena fuente de agua fresca, presenta una forma curiosa, pues parece que su fachada aproveche la estructura de una capilla anterior hecha de piedra y de mayores dimensiones. Obsérvese como, a medida que ganamos altura, la presencia de árboles caducifolios aumenta, favorecida por la mayor humedad de la parte alta del Montnegre.
Desde la ermita quedará subir apenas una veintena de metros para alcanzar un collado ya en lo alto del macizo, punto en el que tomamos la pista que, dirigiéndose hacia el oeste, empieza a recorrer la cresta de la sierra.
El camino, nuevamente ascendiendo de forma decidida, flanquea por el norte el modesto Turó de Ca n'Alomar para llegar a su collado occidental.
Una nueva subida nos deposita en la primera cumbre del día, el Turó de Santa Maria de Montnegre, apenas perceptible por un leve cambio de pendiente. Este tramo por la cresta carece de vistas, pero tampoco se echan en falta, pues el paseo bajo el bosque otoñal es una auténtica delicia.
Bajamos a un nuevo collado, donde abandonamos la pista por un nuevo sendero que aparece a mano derecha y que nos lleva a lo alto de una nueva colina, ésta innominada.
Tras perder altura de nuevo, tomamos una nueva pista que, ahora sí, nos lleva hasta la cima..
...del Turó Gros, probablemente la montaña más conocida del Montnegre, a pesar de no ser su punto más alto. Igualmente, es de obligada visita debido a la torre de vigilancia contra incendios que corona la cumbre, pues es la única oportunidad que tenemos de poder disfrutar de las panorámicas que ofrece el macizo, habitualmente ocultas por el frondoso bosque que lo cubre.
Después de subir los veinte metros de la torre, superamos las copas de los árboles y se nos descubre toda la mitad oriental de Catalunya; no en vano estamos en uno de sus macizos más prominentes. Empezamos la panorámica mirando hacia el norte, donde ya podemos divisar, más allá del valle de la Tordera, la llanura del Gironés, encajada en su cuenca rodeada de montañas, con la muralla del macizo de la Albera cerrando el horizonte y marcando la frontera con Francia.
Mirando hacia el noreste, observamos la continuación hacia el este del Montnegre que, como se aprecia claramente, aparece completamente cubierto de bosque. En la lejanía distinguimos otros dos de los principales macizos de la Serralada Litoral: el de les Gavarres y el de Cadiretes.
Si giramos la vista hacia el sur, se abre ante nosotros una impresionante imagen del Mediterráneo, con una curiosa paleta de colores provocada por las distintas capas de nubes que cubren el cielo en el día de hoy. En la línea del horizonte, sin embargo, parece que los rayos del sol han logrado atravesar la nubosidad e iluminan el punto de fuga marino.
Continuando el giro hacia el suroeste, divisamos el macizo del Corredor, con sus dos grandes cimas bien separadas por el collado de la Creu de Rupit: a la izquierda, el solitario Montalt; a la derecha, la aplanada cumbre del Corredor. Y, si afinamos la vista y miramos más allá...
...distinguimos justo detrás del Montalt la metrópolis barcelonesa, con la aislada mole de Montjuic bien pegada a la costa. Incluso se puede identificar el gran pilar de la torre central de la Sagrada Família, en el extremo derecho de la imagen.
Un poco más a la derecha, aparece la afilada aguja de la Torre de Collserola, situada justo a la izquierda del Tibidabo. Cerrando el horizonte meridional, ya en el vecino macizo del Garraf, se distingue la aplanada cumbre de la Morella, con la característica esfera del radar bien visible en su cima.
Mirando al oeste, vemos la alineación de "turons" que nos quedan por recorrer hasta el Turó d'en Vives, en el extremo opuesto del Montnegre y punto final de nuestro itinerario por la cresta. A su espalda, emergen dos de los grandes macizos de la Catalunya Central: Montserrat y Sant Llorenç del Munt, con la inconfundible silueta de la Mola.
Para completar los 360 grados, dirigimos la mirada hacia el noroeste, donde podremos ver el macizo más cercano e imponente que puede contemplarse desde el Montnegre: el Montseny. Primero observamos el menos destacado de los tres núcleos montañosos que lo conforman, el del Pla de la Calma, con su cumbre principal, el Puig Drau ocupando el centro de la imagen.
Y, vigilando la otra orilla de la Tordera, aparece el monumental techo del macizo y de las Cordilleras Costeras Catalanas: el conjunto del Turó de l'Home, fácilmente identificable por sus antenas, junto a la agreste cumbre de les Agudes. Resulta curioso comprobar cómo los puntos más altos tanto de la Serralada Prelitoral como de la Litoral coinciden prácticamente en el mismo meridiano.
Tras un buen rato de deleite, llega el momento de descender de la torre y volver a adentrarnos en la selva del Montnegre. Desde su base retomamos la pista por la que habíamos llegado, avanzando en dirección oeste.
Tras un breve tramo llano, descendemos hasta un collado, donde atravesamos un sector dominado por álamos temblones. La variedad arbórea de este macizo resulta realmente impactante.
Al alcanzar el Coll de Basses, ignoramos la pista principal, que vuelve a bajar hasta Sant Martí de Montnegre, y tomamos el camino de la izquierda que, después de subir apenas un par de metros, desciende con rapidez por el otro lado del cordal.
Nos encontramos ahora en la vertiente meridional del Montnegre y, aunque todavía hay presencia de árboles de hoja caduca, pues seguimos a bastante altura, se percibe claramente el cambio de vegetación propio de la más soleada cara sur. Avanzamos algo más de 300 metros por la pista hasta llegar a una encrucijada de hasta cuatro caminos, debiendo tomar la pista que sigue recto y que pierde algo de altura.
Tras rodear por el sur una pequeña elevación de la cresta, el camino vuelve a ganar metros hasta alcanzar el Coll del Freixe, punto en el que regresamos a la vertiente septentrional del macizo. Después de flanquear el Turó de la Font, ahora por su cara norte, localizamos un camino en bastante peor estado, cubierto de hojas, que gira a la izquierda Será el que nos conduzca al Turó d'en Vives.
Al llegar al Coll de Prat Perelló, el degradado carril empieza a subir por la cara sur del Turó, encontrando numerosos restos de poda que en algunos puntos llegan a ocultar el trazado.
La pista, probablemente de aprovechamiento forestal, finaliza en un punto cercano a la cima, por lo que no nos queda otra opción que internarnos en un bosque bastante cerrado, siguiendo una tenue traza de sendero que confiamos nos lleve hasta la cumbre.
Y así es. Después de unos minutos de avance, llegamos al Turó d'en Vives que, como indica el cartel, constituye el techo comarcal de la comarca del Maresme y, añado yo, de toda la Serralada Litoral. Me parece bastante sorprendente como una cima de esta importancia esté tan abandonada.
La cumbre, por lo demás, carece de interés, por lo que regresamos rápidamente a la pista principal para iniciar el retorno hacia Sant Martí de Montnegre, descendiendo hacia el norte hasta llegar...
...a un collado, donde la pista principal gira bruscamente a la izquierda. Nosotros continuamos recto por un camino secundario que se abre frente a nosotros, aunque apenas durante una decena de metros, puesto que rápidamente debemos abandonarlo por...
...un sendero que nace a la derecha y que baja hasta el fondo de un barranco.
Al aproximarnos al cauce y recuperar humedad, vuelven a desaparecer las encinas y recuperan protagonismo los castaños, robles y álamos temblones, que se desarrollan con comodidad en estos ambientes más frescos y umbríos.
El sendero desemboca en un camino que, siguiendo una dirección general noreste, va vadeando los distintos barrancos que caen de la cresta del Montnegre.
Vale la pena levantar la cabeza para contemplar los esbeltos troncos de los álamos temblones, que van siguiendo el curso de la torrentera.
Hasta cuatro barrancos tenemos que vadear por este mismo camino, ignorando los senderos de menor entidad que aparecen ocasionalmente a ambos lados del trazado principal.
Finalmente, alcanzamos una ancha pista, la misma que hemos abandonado en el Coll de Basses y señalizada con los colores del GR, que ya no abandonaremos hasta el final.
Sin más contratiempos, regresamos al punto de partida, cerrando así este magnífico paseo por los frondosos bosques del Montnegre y culminando la ascensión a una de las cumbres más relevantes, desde el punto de vista orográfico, del panorama montañero catalán.